Toyo Ito, el arquitecto lírico

El premio Pritzker adquiere dimensión social con la concesión del galardón de 2013 a Toyo Ito, el arquitecto que reclama recientemente el retorno a las reglas primordiales de la arquitectura bajo el lema de “Casa para todos”. En la entrevista concedida a Descubrir el Arte en 2009, el maestro japonés, nacido en Corea en 1941, adelantaba que “la obra es un objeto coposeído entre el arquitecto y la sociedad”.

La Fundación Hyatt ha valorado el “talento único” de Toyo Ito, que ha creado en 40 años de profesión una “arquitectura excepcional” de bibliotecas, viviendas, parques, teatros, tiendas, oficinas y pabellones. En ella ha desarrollado espacios confortables de uso libre, intemporales y sin estilo, donde la estructura desaparece en las formas de fachadas y pieles portantes inspiradas en los principios de la Naturaleza.

El jurado ha destacado además el sentido de unicidad y universalidad en la arquitectura de Toyo Ito, capaz de integrar la estructura, el espacio, el escenario, la tecnología y el paisaje en una síntesis formal sencilla y serena, que alcanza su expresión más poética en la Mediateca de Sendai (2001) en Japón, la más célebre, innovadora y rotunda de sus obras.

Toyo Ito: El Pabellón de Japón

(6-9-2012)

Ideado por Toyo Ito con los jóvenes arquitectos Kumiko Inui, Sou Fujimoto y Akihisa Hirata y el fotógrafo Naoya Hatakeyama, en homenaje a las víctimas del tsunami de marzo de 2011 en el país nipón, ha recibido el León de Oro de la Bienal de Arquitectura de 2012 en Venecia. El escenario expositivo galardonado es cálido y seco, y ronda las pautas de la arquitectura tradicional japonesa. Sigue el pensamiento personal del propio Ito, que explora un futuro distinto para el hábitat eficaz de una sociedad asolada por los desastres naturales y la crisis. El Pabellón de Japón se centra en la idea de Arquitectura ¿es posible aquí? Casa-para-todos a partir de las imágenes y maquetas de un centro de realojo construido en la ciudad de Rikuzentakata para los damnificados por el maremoto. Este trabajo, uno de los más recientes de Toyo Ito con el Museo de la Maternidad y la Infancia en Imabari, es quizá el más sensible y sentido de todos los acometidos durante su carrera.

 

El Pabellón de Japón, ideado por Toyo Ito en homenaje a las víctimas del tsunami de marzo de 2011, que ha recibido el León de Oro de la Bienal de Arquitectura de 2012 en Venecia.

Toyo Ito es un arquitecto esencial, que busca la pureza creadora con exquisita sensibilidad nipona. Para este maestro japonés coreano, nacido en Seúl en 1941, que proyecta, escribe y piensa con lírico primor, la ideación arquitectónica se debe subordinar al presente, a la naturaleza y al ser humano. Ito siente la casa, que resume en poco más de un recinto acogedor y escrupuloso, un abrigo ligero o tan sólo, quizá, la tibieza de una temperatura. Así, tan abreviado, resultó ser el precursor diseño de su Apartamento para una chica nómada de Tokio, ideado con Kazuyo Seijima, su célebre discípula premiada con el Pritzker en 2010, para las instalaciones de los envoltorios Pao presentados en 1985 y 1989. Una mariposa / se posó sobre una cebolleta. / Allí durmió toda la noche, relata un conciso haiku de Hanzan. Al ascetismo metafórico de un simple bulbo por dormitorio parece aspirar también la obra del arquitecto japonés. Para Toyo Ito la arquitectura es el poético arte de lo indispensable.

Ito anhela un sueño difícil, el de evitar la influencia de la forma y de la materia en el espacio habitable. Lo consiguió magistralmente en 1994, con 59 años, en la etérea mediateca de Sendai, en Japón, un edificio incorpóreo encargado por concurso, que se terminó de construir en la frontera del año 2000 convertido ya en su emblema y en el icono irresistible de la arquitectura del siglo XXI. La mediateca, cuya poderosa imagen había trazado con premonitoria exactitud en la cuna minúscula de un billete de transporte, ocasionó en obra unos cuantos disgustos a su progenitor. Hasta su apertura, pocos entendieron el valor práctico de esta pieza urbana compuesta al modo de una vitrina vacía, hecha de forjados aparentemente flotantes y cosidos en el aire con las puntadas tajantes de unos cuantos cilindros empalizados huecos, que sugieren ser, además, los retorcidos troncos de una arboleda repleta de asientos de colores.

Mediateca de Sendai.

Complejidad conceptual para sencillez física. Una norma, presente en las leyes de la naturaleza, que el japonés incluye entre las suyas. Las obras de Toyo Ito son los versos sueltos de un poema construido, que toca al habitante interpretar en rituales y significados por voluntad de su autor. Dejad que os muestre, / gente del mercado, / este sombrero lleno de nieve, clamaba el poeta Matsuo Bashõ en el siglo XVII.

La nieve de Bashõ es el aire luminoso que llena los espacios de Ito. Aire, luz y viento, que el arquitecto nipón trata de retener entre los paramentos leves de sus edificios, y, bajo cuya acción, aspira a concebirlos. Esa levedad, habitual en la descripción de su arquitectura, tal vez tenga sus raíces en el interés por el mundo virtual que Ito demostró en la primera parte de su carrera, y que sustituyó, según propia confesión, por el estado de “lo real”, a partir de la abundancia de encargos. La idea de lo real centró así Toyo Ito: The New “Real” in Architecture, la exposición monográfica celebrada en Tokio en 2007 que mostró el cambio de rumbo en su obra.

Los trabajos de envergadura llegaron tarde a la oficina de Ito, que se graduó con 24 años en la Universidad de Tokio y hasta los 29 trabajó en el despacho de Kiyonori Kikutake. En 1971 abrió Urban Robot, su primer estudio, y se estrenó con una vivienda de aluminio en Kanagawa. En 1976 levantó para su hermana la casa con patio White-U, encerrada en hormigón y efectos de luz. Junto a ella, en 1984, terminó con 43 años la suya propia, premiada por el Instituto de Arquitectura de Japón, que llamó Casa Silver Hut y armó con pabellones ligeros de entramado y bóvedas. Ese mismo año ganaría el concurso restringido para la construcción de la Torre de los Vientos de la estación de autobuses de Yokohama. Sería una de sus mejores instalaciones, diseñada con elementos de chapa y espejos movidos por el aire, formando un caleidoscopio de imagen y luz.

Toyo Ito acostumbra a formular su filosofía en instalaciones y escritos que difunde con imágenes rotundas. Sus textos sobre la Arquitectura en una ciudad simulada y Tarzán en el bosque de los medios son dos clásicos en relación con la sociedad actual, que denomina de la “era del ordenador”. En 1991 montó la perturbadora escenografía virtual Sueños para la muestra de Visiones del Japón en el Victoria and Albert Museum de Londres, que tuvo por comisario a Arata Isozaki. Y en 1999, con premisas parecidas, coronó la puerta urbana de Okawabata con una pantalla elipsoidal que emite imágenes durante la noche y que llamó El huevo de los vientos, nombre que mantiene la alusión metafórica del huevo al renacimiento y a la vida, tan habitual en la obra de Salvador Dalí como en la del propio Ito.

El Museo Municipal de Yatsushiro, con su cubierta alada integrada por ligeros lunetos abovedados, inauguró en 1991 una etapa de obras de gran tamaño. Desde entonces, Toyo Ito ha trazado una trayectoria propia, distinta a la del resto de sus colegas, fundamentada en sus incisivas reflexiones en torno a la sociedad contemporánea, que ha logrado ensayar en el laboratorio de sus edificios y de sus muebles, lámparas, grifos o vajillas. Todos sus trabajos forman ya la vibrante cadena de un centenar de obras conmovedoras y de proyectos diferentes entre sí, que expresan el reiterado tesón de su autor por deshacerse de todo tipo de convención. Muchos de ellos, realizados en España, desde los estudios de arquitectura que mantiene abiertos en Barcelona y Tokio.

Del árbol de Gaudí al Pabellón de Japón

Toyo Ito en el Parque de La Gavia en Madrid © Mercedes Peláez.

Toyo Ito en el Parque de La Gavia en Madrid © Mercedes Peláez.

Declarado admirador de Le Corbusier y de Gaudí, Toyo Ito partió de la obra vanguardista de los japoneses Arata Isozaki y Kazuo Shinohara, sazonando sutilmente la suya con logros de otros arquitectos, incluido Óscar Niemeyer, hasta descubrir su vigorosa identidad en la mediateca de Sendai. Su afán por integrar las reglas de la arquitectura en las leyes de la naturaleza y su interés cre

ciente por las estructuras formales, basadas en la geometría, parecen confluir en el legado de Frank Lloyd Wright, el maestro estadounidense con el que coincide en afirmar que el árbol es el esquema radical de toda arquitectura, aunque a Toyo Ito le fascine aludir a Gaudí para expresar la misma idea.

Pocos días después del gran terremoto y tsunami que arrasó Japón el 11 de marzo de 2011, Ito estrenó, en la prefectura nipona de Ehime, su propio Taliesin, el TIMA-Toyo Ito Museum of Architecture, ideado en exclusiva para su obra y archivo, su nueva vivienda y una escuela para el desarrollo del arte moderno, con biblioteca, teatro y sala de exposiciones.

Todo ello reunido en un bucólico conjunto sobre un promontorio idóneo para incitar al retiro contemplativo, que, cubierto a la manera de un barco, asoma varios de sus volúmenes poliédricos al bellísimo parque acuático del mar Interior de Seto, en la isla de Omishima perteneciente a la ciudad de Imabari.

Con su museo personal frente al mar de Japón, la terrible devastación producida por el tsunami de 2011 sacudió a Toyo Ito del idilio místico que sostiene con una Naturaleza que siente cercana y, hasta entonces, apacible. Su obra más emblemática, la mediateca, situada en la arrasada ciudad de Sendai, también quedó dañada y tuvo que ser objeto de diversas reparaciones. Impresionado por el desastre, cree, desde esta tragedia natural y la irrupción de la crisis económica planetaria, y así lo pregona, que los arquitectos deben plantearse “desde cero” la relación entre la naturaleza, los asentamientos, las ciudades y la arquitectura. Quizá la solución que busca Ito se esconda, de nuevo, en la firmeza del tronco esencial del árbol, que tanto aprecia.

De madera desbastada de troncos de árboles es, precisamente, el Pabellón de Japón premiado en la Bienal de Venecia de 2012, creado por Toyo Ito con Kumiko Inui, Sou Fujimoto y Akihisa Hirata. Bajo el subtítulo de Casa-para-todos, el pabellón ha recibido el León de Oro por su valor de arquitectura eficaz centrada en el usuario, que Ito defiende a partir del gran tsunami. El pabellón refleja, de hecho, el caso real de la fabricación de un centro de realojo, inspirado en la tradición local, en la ciudad de Rikuzentakata, destruida por el maremoto. El proceso de obra, con participación directa de los damnificados, se expone mediante deliciosas maquetas de palitos y las imágenes del fotógrafo Naoya Hatakeyama, que acaba de inaugurar la exposición Natural Stories, con otras fotografías suyas sobre el binomio Humanidad y naturaleza, en el Museo de Arte Moderno de San Francisco.

Parque de La Gavia en Vallecas, Madrid.

El árbol de Toyo Ito

El árbol arquitectónico ha tenido múltiples ramificaciones en la carrera de Toyo Ito. Troncos de árboles abstractos sostienen la mediateca de Sendai. En España, ha denominado los canales de su parque de La Gavia de Madrid con el nombre seductor de “árboles de agua”. Un tronco es el contorno de la torre roja de Porta Fira en Barcelona, una de las dos recientemente levantadas en la Capital Condal. Cerca, otra arboleda plana acaricia el pórtico de la ampliación de la Fira, proyectada por Ito en 2003, sugiriendo las palmas de gigantescas manos.

Esquemáticos árboles superpuestos forman también el antifaz que cubre la fachada de la magistral tienda TOD’S, para mezclarse con la masa vegetal del bulevar Omotesando de Tokio. Más árboles apretados velan el contorno del edificio Mikimoto, otro emblema suyo de 2004 en la misma ciudad, convirtiendo los huecos que definen las ramas en una textura de ventanas protagonista. Textura que propone de nuevo, simplificada en lunares de luz, en el nuevo teatro público Za-Koenji de Tokio y en el Matsumoto de Nagano, en Japón, que cuenta con un soberbio salón de actos rojo.

Ito desea “simbolizar la naturaleza” en sus obras. Y si en ellas el árbol ha sido el actor principal, no faltan otras figuras naturales que facilitan la formalización de ideas, espacios y detalles constructivos. Además de árboles, hay huevos y crisálidas, caparazones, cáscaras de bóvedas, conchas y caracolas. Un sector de bóveda define el Museo Municipal de Nagano, de 1993, en la orilla del lago Suwa, y una cáscara reglada, el Parque de Relajación de Torrevieja de 2003, que, lamentablemente, perece medio arruinado por la incuria en nuestro país.

 Un ovoide redondea la cúpula del pabellón deportivo de Odate en Japón, de 1997, armando una estructura que antecede en inspiración al estadio olímpico de Taipei. Este monumental edificio para 45.000 personas, una de las últimas obras magistrales de Toyo Ito, se muestra como un gigantesco farol de luz abierto al viento, cuya marquesina estérea se cierra con incontables paneles solares dispuestos al modo de las escamas.

Maqueta de una de las Torres Fira de Barcelona.

Los últimos proyectos de envergadura de Ito ofrecen sugerentes novedades centradas en la exploración del espacio, de la cápsula y de la perspectiva fluída, que le permiten ensayar las cualidades de las formaciones coralinas y del panal. Desde esta óptica ha proyectado en 2005 la Ópera de Taichung en Taiwan y el Art Museum de Berkeley, inicialmente previsto para 2012 y de futuro incierto.

El proyecto para el museo californiano recrea las celdillas de un panal, que Ito ondula tridimensionalmente para facilitar aperturas que aseguren el tránsito entre celdas y la partición modular de los prefabricados de cerramiento. Otros dos edificios anunciaban, en 2004 y 2006, el cambio proyectual de Ito, sin perder aún sus cualidades arborescentes. Son el tanatorio de Gifu, que es un ondulante homenaje a Gaudí, y la nueva biblioteca para la Universidad de Arte Tama. Ambos en Japón, y de extrema belleza.

En la biblioteca Tama, una retícula quebrada, formada por bambalinas recortadas por arcos, cruza sus planos verticales configurando un bosque de pilares cruciformes de hormigón. Ito aúna con este sencillo sistema el laberinto de la mezquita de Córdoba, la biblioteca parisina de Garnier y la elegancia matérica de Eero Saarinen, produciendo un efecto perceptivo impactante.

Mediante intercambios de fondo y figura y adelgazando al extremo las dimensiones de los elementos, Ito logra jugar con el espacio al modo en que Escher traza sus famosas axonometrías imposibles, de manera que la mirada del espectador, inquieta, alterna, una y otra vez, la percepción de los volúmenes de aire, definidos por las curvas de los arcos, con la visión de los pilares en cruz, cuyas cuatro ramas planas se identifican de nuevo con el árbol de Toyo Ito. Un milagro construido, inédito.

Mercedes PELÁEZ

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