Alberto Schommer y su cámara con alma

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Este jueves 10 de septiembre murió Alberto Schommer, uno de los grandes fotógrafos de nuestro país. Reconocido en 2013 con el Premio Nacional de Fotografía y con una trayectoria de más de cincuenta años detrás de la cámara, fue innovador desde el punto de vista técnico y documental y abordó temas muy diversos, entre ellos retratos difíciles de olvidar como los de artistas y escritores que el Museo del Prado enfrentó el pasado año a rostros pintados de su colección en la exposición Máscaras. Desde Descubrir el Arte queremos ahora recordarle y agradecer la labor de memoria histórica de su trabajo

Alberto Schommer nació en Vitoria en 1928 y siempre estuvo cerca de la fotografía porque su padre, el médico, Albrecht Schommer, retrataba con su cámara la vida de la ciudad y fue considerado uno de los mejores fotógrafos de la ciudad. Alberto mostró interés por la pintura, el cine y la fotografía. Estudió fuera, en Hamburgo; entró en contacto con AFAL, el grupo de fotógrafos españoles que inició la renovación de la fotografía a mitad del siglo XX; trabajó en París y regresó a Vitoria. A mediados de los años 60 abandonó definitivamente la pintura y se consagró a la fotografía. Los primeros encargos que recibió fueron de fotografía industrial. Ya con estudios en Madrid y Colonia empezó a trabajar en fotografía publicitaria y se adentró en el genero por el que será especialmente conocido: el retrato.

Gregorio López Bravo, por Alberto Schommer.

Gregorio López Bravo, por Alberto Schommer.

Precisamente uno de sus retratos, el de Gregorio López Bravo, motivó que fuera censurado por el general Franco. Con esa anécdota comenzaba la entrevista que publicamos en Descubrir el Arte 117 (noviembre de 2008, a la venta en http://www.descubrirelarte.es/tienda) y de la que, en homenaje al fotógrafo, recuperamos aquí una parte. A comienzos de los setenta, después de que Gregorio López Bravo saliera retratado en la Prensa con un niño desnudo en brazos, el general Franco llamó a capítulo a su Gabinete y dijo: “Rogaré a todos los ministros en ejercicio que no posen para ese fotógrafo extranjero”. El ‘extranjero’ que había logrado el milagro de retratar al titular de Exteriores del Régimen, miembro del Opus Dei, sosteniendo a un bebé sin ropa -“era imposible, imposible, pero lo conseguí”- era Alberto Schommer, hijo de alemán y española, nacido en Vitoria, en 1928. Académico de Bellas Artes y antifranquista convencido, Schommer consideró casi una medalla haber sido vetado por el propio dictador, porque estaba convencido de que la fotografía “es un trabajo que refleja una postura política, no estética”.

Joan Miró, por Alberto Schommer.

Joan Miró, por Alberto Schommer.

Ante su cámara desfilaron una generación entera de artistas, intelectuales y políticos, protagonistas de la historia de España en el siglo XX. Su afán era ‘guardar para la historia la cara de los personajes’. En aquella entrevista con Descubrir el Arte reconoció que se quedó con ganas de retratar a Picasso: ‘Luis Miguel Dominguín me había concertado una entrevista con él en Cannes, en 1973, y se me murió cuarenta y ocho horas antes’, y que recordaba con especial empatía la sesión con Joan Miró: ‘Estuve dos días haciendo filigranas con él en su terraza y al final le saqué una foto con alas’.

La cualidad escultórica que impregna toda su obra fotográfica se consigue en el caso de las máscaras aplicando una única luz directa, cenital, al rostro. El año pasado, con motivo de la exposición en el museo del Prado “Máscaras”, que se pudo ver del 21 de julio al 14 de septiembre de 2014, el fotógrafo explicó que en este tipo de retratos en concreto (en el que ha trabajado durante años) solo le interesaba el rostro, la cabeza. “[…] la luz era absolutamente cenital. Entonces rozaba la cara, pero los ojos quedaban absolutamente oscuros. Era tal la fuerza que tenía que el hecho detener los ojos oscuros hacía que la mirada fuese mucho más interesante, porque no sabías realmente si te estaban mirando o no’.

Serie San Fermín, por Alberto Schommer, 1996.

Serie San Fermín, por Alberto Schommer, 1996.

Para Schommer, el retrato”‘marca la fotografía de los grandes del siglo XX”, pero es solo uno de los tres puntales de este arte. “Los otros dos son el paisaje y el reportaje”, y se entregó a todos con la pasión de un hombre que confesaba que le aburría seguir siempre la misma línea. El reportaje le hizo tan célebre como su trabajo en estudio. “Trabajo machacando todo lo que tengo alrededor. No me interesa la fotografía en la que hay que ir a tal y tal hora para trabajar. Aprovecho la luz que tengo, buena o mala. Soy Billy el Rápido de la fotografía. Lo que no hago en el momento, ya no lo hago”, explicaba entonces.

Cascografía a partir de una fotografía de José Hierro, por Alberto Schommer.

Cascografía a partir de una fotografía de José Hierro, por Alberto Schommer.

Uno de los aspectos que valoró el jurado al concederle el Premio Nacional de Fotografía fue su carácter innovador. En aquella entrevista con Descubrir el Arte recordó cómo había descubierto una técnica nueva, que bautizó como cascografía, del verbo cascar, estropear y de grafía: “Fue un error que me abrió la puerta a maravillas. Estaba revelando una foto de Tàpies que me parecía horrorosa y la tiré a los baños. Cayó en el revelador y las arrugas se revelaron de forma distinta. La fijé, la desenvolví y encontré todo un mundo. Fue precisamente la fotografía que publiqué”. Con esas imágenes cascografiadas creaba esculturas en forma de cajas, cuyos planos son fotografías, que giran sobre un soporte. ‘Ningún fotógrafo en el mundo hace nada como esto. Es absolutamente personal mío’, enfatizaba.

Con numerosos libros publicados, Schommer ha expuesto por todo el mundo y nos ha dejado en cada una de sus fotografías muchas historias que recordar y de las que aprender, tanto por su valor documental como por su belleza. Son imágenes cargadas de corazón y alma; de espíritu y conciencia.

Alberto Schommer junto a una de sus esculturas hechas con fotografías. Foto de Javier Martínez publicada en Descubrir el Arte 117.

Alberto Schommer junto a una de sus esculturas hechas con fotografías. Foto de Javier Martínez publicada en Descubrir el Arte 117.

 

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