Los secretos de Doménikos Theotokópoulos

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El libro El Greco pintor. Estudio técnico, publicado recientemente por el Museo del Prado y la Fundación el Greco 2014 y cuya interpretación crítica ha corrido a cargo de Carmen Garrido, recoge las conclusiones de los estudios técnicos y científicos que se han llevado a cabo en los últimos treinta y cinco años en la pinacoteca madrileña. Esta publicación, que pone el broche de oro a la celebración del cuarto centenario del fallecimiento del artista cretense, estudia 34 obras que revelan los secretos de su técnica pictórica y muestran la evolución de las distintas etapas de su producción

Al margen de que exposiciones como las que tuvieron lugar en 2014 con motivo del cuarto centenario del fallecimiento del Greco sirvieron para recordar y dar a conocer al público al pintor y sus obras, hay otro aspecto menos conocido pero quizá mucho más relevante, todo el trabajo de investigación, estudio, conservación y restauración que se lleva a cabo previamente a que las obras estén colgadas de las paredes de los museos que acogen todas estas muestras conmemorativas.

La Crucifixión (detalle de la Madalena), óleo sobre lienzo, 1596-1600, Madrid, Museo el Prado. Arriba, evolución de la técnica del Greco; de izquierda a derecha, Retrato de un caballero joven (detalle), h. 1595-1600; Retrato de un caballero (detalle), h. 1600; Jerónimos de Cevallos (detalle), h. 1610-14, Madrid, Museo del Prado. Todas las imágenes, cortesía del Museo del Prado.

La Crucifixión (detalle de la Magdalena), óleo sobre lienzo, 1596-1600, Madrid, Museo el Prado. Arriba, evolución de la técnica del Greco; de izquierda a derecha, Retrato de un caballero joven (detalle), h. 1595-1600;
Retrato de un caballero (detalle), h. 1600; Jerónimos de Cevallos (detalle), h. 1610-14, Madrid, Museo del Prado. Todas las imágenes, cortesía del Museo del Prado.

Un trabajo silencioso, poco conocido por la mayoría del público, pero que es fundamental para entender mucho mejor a un artista y su proceso de trabajo y creativo, y que en el caso del Greco ha sido importantísimo porque hay que recordar que hasta principios del siglo XX era un artista casi en el olvido. Se han despejado muchas incógnitas, otras quedan para que sean descubiertas en el futuro. La mayoría de las veces todos estos trabajos de estudio e investigación se recogen en los propios catálogos de las exposiciones y también son parte importante del discurso expositivo.

En el caso del Greco, en 2014 ya vio la luz el gran libro, El Greco. Historia de un pintor extravagante, escrito por Fernando Marías (comisario a su vez de la exposición El griego de Toledo), una versión actualizada del libro de 1997, en el que reconstruía la vida del pintor a partir de la documentación conservada, teniendo en cuenta el contexto histórico, artístico y cultural.

La Verónica (detalle), óleo sobre lienzo, h. 1578-80 Toledo, Museo de Santa Cruz.

La Verónica (detalle), óleo sobre lienzo, h. 1578-80 Toledo, Museo de Santa Cruz.

Así, esta biografía actualizó los estudios precedentes, superó los enfoques tradicionales que lo emparentaban con la mística española del siglo XVI o desterró tópicos, como que el peculiar canon de sus figuras alargadas se debía a un defecto de visión. Lo verdaderamente esencial para Fernando Marías es que la singularidad del Greco reside más bien en su ambición juvenil de romper el estrecho círculo de la tradición bizantina para convertirse en un pintor a la moderna, fiel a las pautas instituidas por el Humanismo renacentista”. Los interesados en conocer más a fondo todos estos aspectos, podrán hacerlo en la revista Descubrir el Arte, núm. 181, marzo de 2014, que pueden adquirir en la tienda de la web.

La Trinidad (detalle), óleo sobre lienzo, 1577-79, Madrid, Museo del Prado.

La Trinidad (detalle), óleo sobre lienzo, 1577-79, Madrid, Museo del Prado.

También José Álvarez Lopera en el libro El Greco de la colección Grandes Maestros, publicada por Descubrir el Arte (2005), expresaba una tesis en este mismo sentido, al afirmar que Doménikos Theotokópoulos (Creta,1541-Toledo, 1614), es un “caso único de evolución en la historia del arte”. Se sabe que hasta 1567 trabajó en Creta como pintor de iconos a la manera posbizantina, alrededor de los veinte años ya había alcanzado el grado de “maestro” y que gozaba de una buena reputación. Aunque no se conoce la fecha exacta, parece ser que pudo ser alrededor de 1567 cuando abandona la isla y se establece en Italia durante diez años, en Venecia hasta 1570 y posteriormente en Roma, donde permanece probablemente hasta 1576.

Inmaculada Oballe, óleo sobre lienzo, 1607-13, Toledo, Museo de Santa Cruz. Depósito de la Parroquia de San Nicolás de Bari.

Inmaculada Oballe, óleo sobre lienzo, 1607-13, Toledo, Museo de Santa Cruz. Depósito de la Parroquia de San Nicolás de Bari.

Lo importante de este viaje del Greco a Italia para el profesor de Historia del Arte y jefe de Conservación de Pintura Española del Museo del Prado, José Álvarez Lopera, fue su toma de “posición vital e ideológica que parece haber implicado, el hecho de que se decidiera a dar el salto, abandonando el universo cultural y artístico en el que se había formado, para convertirse en un pintor occidental”. Es decir, absorbió y adoptó las teorías artísticas del Renacimiento hasta convertirse en un pintor plenamente renacentista.

Otro aspecto interesante en el caso del Greco, a diferencia de otros artistas, es que este viaje lo llevó a cabo no en su etapa de formación sino cuando ya era un maestro, y “su transformación y su genio fueron tan grandes que llegaría a convertirse en el único artista de la historia capaz de iniciarse en un lenguaje, adueñarse de otro y dominarlo hasta un punto tal que llegaría a transformarlo, creando, finalmente, un arte absolutamente único y personal”, añade Álvarez Lopera. Ese paso de un magnífico pintor a uno de los grandes por su universo propio y poderoso, lo dará ya en España. Esta evolución no fue gradual ni lineal, sino fruto de otra segunda transformación.

La Adoración de los pastores (detalle), óleo sobre lienzo. 1596-1600, Madrid, Museo del Prado.

La Adoración de los pastores (detalle), óleo sobre lienzo. 1596-1600, Madrid, Museo del Prado.

Pues bien, el libro El Greco pintor. Estudio técnico, es el broche de oro al IV Centenario y también a todos estos estudios sobre Doménikos Theotokópoulos. Editado por la Fundación el Greco 2014 y el Museo del Prado, esta publicación recoge las conclusiones de los estudios técnicos y científicos que se han llevado a cabo en los últimos treinta y cinco años en el Gabinete de Documentación Técnica de la pinacoteca madrileña (el primero que se realizó, recién inaugurada su andadura, fue en 1979-80). La interpretación crítica del libro ha corrigo a cargo de Carmen Garrido, responsable hasta 2012 de este gabinete, con la colaboración de Jaime García-Máiquez.

De las más de 150 obras atribuidas al Greco, a su taller o seguidores que a lo largo de todos estos años han pasado por este departamento, se han seleccionado 34 cuadros para este libro, que según Carmen Garrido, “revelan los secretos más apasionantes de esa prodigiosa técnica con la que el pintor llevó a cabo sus obras maestras”.

El expolio (detalle), óleo sobre lienzo, 1577-79, Toledo, sacristía de la Catedral. Imagen visible y rayos X con cambios en la composición.

El expolio (detalle), óleo sobre lienzo, 1577-79, Toledo, sacristía de la Catedral. Imagen visible y rayos X con cambios en la composición.

Así, este libro reúne las conclusiones de esta extensa investigación y muestra la forma que tenía el Greco de entender el espacio, la perspectiva o la intensidad de la luz frente a las sombras, “esa luz que consigue crear sus vibrantes colores llenos de matices y contrastes que emocionan al contemplar sus obras maestras”, añade Garrido. Para ello se apoya en la documentación y en las macrofotografías de muchos de los detalles que se analizan, radiografías, reflectografías, fotografías ultravioletas, estratigrafías, así como estudios de soportes, pigmentos y aglutinantes.

Por ejemplo, en las radiografías se percibe con bastante precisión el pincelado general de las escenas, revelando los distintos pinceles y brochas que utilizaba el artista y también el gesto que imprimía a su mano “para marcar los ritmos y el movimiento de las formas en las composiciones”, o la materia pictórica por toda la superficie de la imprimación. O descubrir también las correcciones y cambios en la composición del cuadro que el Greco realizaba hasta alcanzar la obra definitiva, un proceder muy habitual en pintores que trabajaban alla prima, es decir, directamente sobre el soporte.

Tríptico de Módena,. Detalle coro en la parte superior de la tabla lateral izquierda: La Adoración de los pastores, óleo sobre tabla, 1567-68, Módena, Galleria Estense. Imagen visible y reflectografía infrarroja donde se ve el dibujo subyacente.

Tríptico de Módena. Detalle del coro en la parte superior de la tabla lateral izquierda: La Adoración de los pastores, óleo sobre tabla, 1567-68, Módena, Galleria Estense. Imagen visible y reflectografía infrarroja donde se ve el dibujo subyacente.

El resultado, un “conocimiento profundo de la técnica pictórica del Greco gracias a los análisis de los soportes que utilizaba, de su dominio en el manejo de los pigmentos y su forma de mezclarlos y de la ejecución de la composición”. Pero también aporta luz sobre el funcionamiento de su taller y su legado, “argumentos fundamentales a la hora de separar las obras del maestro de las copias, imitaciones o derivaciones de seguidores”.

PORTADAEn un primer capítulo se estudia la técnica del pintor. En el resto de capítulos se analiza la evolución del artista. Desde su etapa cretense, con uno de sus obras más relevantes, San Lucas pintando el icono de la Virgen (Museo Benaki); su estancia en Italia y la influencia que ejerció sobre su pintura, tanto en lo que se refiere a la técnica como a la estética, en obras como el Tríptico de Módena (Galería Estense) y, por último, su llegada a España y el trabajo que llevó a cabo en nuestro país. En esta última parte se recogen todos sus géneros pictóricos, desde el retrato al cuadro devocional y los retablos, cuadros de altar y conjuntos, en la que se incluyen también dos obras finales e inacabadas y que son fundamentales en su evolución: El Apostolado y Vista y plano de Toledo, ambos en el Museo del Greco.

Carmen Garrido, autora del libro "El Greco pintor. Estudio técnico". Foto © Museo del Prado.

Carmen Garrido, autora del libro “El Greco pintor. Estudio técnico”. Foto © Museo del Prado.

En definitiva, un libro imprescindible tanto para los investigadores como para el público en general, en resumen, para todos aquellos que estén interesados en conocer al Greco, su evolución como artista y su proceso creativo. Un estudio que será un referente porque deja las puertas abiertas a otras lecturas e investigaciones que seguramente se harán en un futuro.

De izquierda a derecha, Jaime García-Máiquez, técnico del Gabinete de Documentación Técnica del Museo del Prado; Gregorio Marañón, presidente de la Fundación El Greco 2014; Carmen Garrido, autora del libro; José Pedro Pérez-Llorca, presidente del Real Patronato del Museo Nacional del Prado, y Miguel Zugaza, director del Museo del Prado. Foto © Museo del Prado.

De izquierda a derecha, Jaime García-Máiquez, técnico del Gabinete de Documentación Técnica del Museo del Prado; Gregorio Marañón, presidente de la Fundación El Greco 2014; Carmen Garrido, autora del libro; José Pedro Pérez-Llorca, presidente del Real Patronato del Museo Nacional del Prado, y Miguel Zugaza, director del Museo del Prado. Foto © Museo del Prado.

Ángela SANZ COCA

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