Maravilla de los zares. Los Saboya y los Romanov

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La Venaria Reale de Turín acoge hasta el 29 de enero un centenar de piezas procedentes del Palacio Imperial de Peterhof, cerca de San Petersburgo. A orillas del mar Báltico, este complejo palaciego de los Romanov fue mandado construir por Pedro el Grande al que se fueron añadiendo otros edificios y jardines a iniciativa de otros zares de la misma dinastía desde Catalina la Grande hasta Nicolás II

Esta exposición revive el esplendor de uno de los conjuntos palaciegos más suntuosos de Europa, y lo hace valiéndose de grandes proyecciones, fotografías y un centenar de obras entre pinturas, trajes, porcelanas, tapices y objetos de las salas cortesanas de Peterhof, una de las más prestigiosas residencias de los dinastía de los Romanov.

Palacio Imperial de Peterhof.

Palacio Imperial de Peterhof.

Cerca de San Petersburgo, este conjunto palaciego se encuentra ubicado en un espléndido parque a orillas del mar Báltico. El primer palacio de Peterhof fue mandado construir por Pedro el Grande (de ahí su denominación), al que se fueron añadiendo a lo largo de los años otros grandes edificios y jardines por voluntad de los sucesivos zares rusos, desde Catalina la Grande hasta Nicolás II. Está compuesto por un total de 430 hectáreas de parque, 150 fuentes, 96 metros de canales, 135 instalaciones hídricas y 33 museos.

Detalle de una de las fuentes de este complejo palaciego.

Detalle de una de las fuentes de este complejo palaciego.

La muestra arranca con la presentación de Peterhof y de los personajes que residieron en este conjunto palaciego, con obras que van desde el gran tapiz de Pedro el Grande a una selección de piezas adquiridas por los Romanov durante sus viajes a Europa, el Grand Tour, sin olvidar tampoco las obras que encargaban los zares a los artistas y artesanos rusos. Por otro lado, esta exposición hace hincapié en las relaciones entre los Romanov y los Saboya a lo largo de los siglos.

Retrato de Catalina II sobre su caballo Brillante, óleo sobre lienzo.

Retrato de Catalina II sobre su caballo Brillante, óleo sobre lienzo.

La idea de construir este palacio se remonta a los primeros años del siglo XVIII, tras la visita que Pedro el Grande hizo a Versalles en 1717, aunque no deseaba que la nueva residencia fuese una copia de la obra maestra francesa sino algo auténticamente ruso. Fue ultimada en 1723 e inaugurada con una ceremonia espectacular. Más tarde, en el parque fueron surgiendo otros palacios con jardines y fuentes según el gusto de los siguientes zares. De hecho, Peterhof compila tres siglos de historia de la corte rusa.

Pedro I durante la tempestad sobre el lago Ladoga, 1814-18, tapiz de la Manufactura Real Gobelíns.

Pedro I durante la tempestad sobre el lago Ladoga, 1814-18, tapiz de la Manufactura Real Gobelíns (París).

Fue Pedro el Grande el artífice de la gran apertura del Imperio ruso a los estilos de vida occidental mediante reformas políticas, sociales y culturales. Inspirado por el gusto y la moda de Occidente, este emperador convocó a artistas italianos para que trabajasen en las residencias de los zares, como Nicola Michetti, nombrado primer arquitecto de corte de Pedro el Grande, y más famosos aún, como Bartolomeo Rastrelli y su padre.

Pieza de la vajilla

Pieza de la vajilla Guriev.

Rusia estableció relaciones diplomáticas con los Saboya del reino de Piamonte y Cerdeña hacia finales del siglo XVIII. Exactamente en 1782, en la gira por las capitales europeas del futuro zar Pablo I que visitó Turín y la Venaria Real. Mientras el primer viaje de los Saboya a Rusia tuvo lugar en 1870 y el último encuentro oficial entre los Romanov y los Saboya se remonta a 1909. Estos vínculos oficiales han llevado a la realización de esta exposición, que enfoca la extensa red de las cortes europeas entre los siglos XVIII y XIX y recoge capítulos de la historia política, social y artística.

Plato de la vajilla.

Plato de la vajilla Guriev.

La sede que acoge esta selección de obras, que muestra el gusto de los soberanos rusos y que resume las mejores características de su cultura, resulta de lo más apropiada y está a la altura del contenido, la Residencia Real de Venaria, otro conjunto monumental, en este caso de la dinastía de los Saboya, todo un ejemplo también de la magnificencia de la arquitectura barroca europea.

Trono de la Sala de Catalina en el Gran Palacio del Cremlino, Moscú, realizado por D. A. Cher en 1847-48.

Trono de los Zares en la Sala de Catalina en el Gran Palacio del Kremlin, Moscú, obra de D. A. Cher en 1847-48.

Durante la Segunda Guerra Mundial Peterhof fue ocupado por el ejército nazi, que destruyó los jardines y parques y saqueó la mayor parte de las fuentes. Los trabajadores de Peterhof lograron salvar más de ocho mil objetos de la decoración de los palacios y alrededor de cincuenta estatuas, aunque paradójicamente, el conjunto fue destruido casi completamente por los bombardeos de los mismos soviéticos. Ya en la posguerra, se dio inicio a la reconstrucción, aún en curso, de la rica herencia de los Romanov.

Julius A. Rappoport, copa-premio 1898, realizada por Carl Fabergé en plata.

Copa-trofeo de 1898, realizada por Julius A. Rappoport para Carl Fabergé en plata.

En la sede piamontesa cuelgan cuatro retratos, de mediados del Setecientos, que ilustran el sugestivo espacio escenográfico de Peterhof dedicado a la historia y a la pompa de la dinastía de los Romanov. Antes de la Revolución de Octubre, en Peterhof abundaban obras preciosas: magníficas esculturas y grandiosas fuentes en los jardines, valiosas pinturas y diversos objetos artísticos encargados a maestros rusos y europeos durante tres siglos. Entre finales del siglo XIX y principios del XX, se lucía el orfebre Fabergé con magistrales ejemplos de esmerada artesanía, como los huevos de Pascua y otros objetos de uso diario destinados a la nobleza y la gran burguesía.

Vaso con coperchio, 1644-62, Dinastia Qing, Reino de Shunzhi, China, porcelana.

Tarro con tapa, 1644-62, Dinastia Qing, Reino de Shunzhi, China, porcelana.

Peterhof fue uno de los últimos motivos de felicidad de Nicolás II y de su numerosa familia, muy encariñados con esta morada, ignorando la inminente interrupción de tres siglos de historia de la dinastía Romanov, recordada también por la vajilla Guriev, la más famosa de la fábrica imperial.

Carmen del VANDO BLANCO

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