Alberto Durero inspirado por Andrea Mantegna

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Una muestra en el Castillo de San Giorgio de Mantua indaga sobre la influencia que ejerció el arte italiano en el pintor renacentista alemán. Comisariada por Johannes Ramharter y Peter Assmann, la exposición exhibe 70 obras, entre ellas una escultura con un caballo en bronce de Leonardo y un autorretrato de Durero cuando solo tenía 13 años. Hasta el 8 de enero de 2017

El espacio expositivo del Castillo de San Giorgio-Conjunto Museal del Palacio Ducal (Mantua) acoge la exposición titulada Albrecht Dürer. Come sentirò freddo dopo il sole (Alberto Durero, ¿Cómo sentir frío después del sol?), dedicada al pintor alemán y a su relación con el arte italiano y que indaga sobre cómo influenció en el trabajo de Alberto Durero (Núremberg, 1471-1528) sus dos viajes a Italia y especialmente los grabados de Andrea Mantegna (Isola di Carturo, h. 1431-Mantua, 1506).

Quattro Muse danzanti, 1497 circa Incisione, 26 x 35 cm Vienna, Akademie der bildenden Künste Wien, Kupferstichkabinett. Arriba, Manuale di misurazione con riga e compasso, 1525 Xilografia, 13,1 x 18,8 cm, edizione senza testo, esemplare con filigrana (piccolo leone con globo, 1600) Vienna, Akademie der bildenden Künste, Kupferstichkabinett

Sobre estas líneas, Batalla de los dioses del mar, de Andrea Mantegna, años setenta del siglo XV, grabado, dos hojas, 28,6 x 42,6 cm, cada una, Vienna, Albertina. Arriba, Guía de medición. Regla y compás, de Alberto Durero, 1525, xilografía, 13,1 x 18,8 cm, sin edición de texto, espécimen con filigraba (Pequeño león con un globo, 1600), Vienna, Akademie der bildenden Künste, Kupferstichkabinett.

 

Se sabe a ciencia cierta que Durero estuvo en Venecia en dos ocasiones, en 1494 y 1506, de otras estancias en Italia no quedan testimonios documentados. Sin embargo, resulta muy claro, en las tablas de los “Triunfos” encargadas por el emperador Maximiliano I, que Durero conocía la serie de grabados El triunfo de César de Mantegna. Así como es fácil imaginar que las numerosas representaciones de la anatomía de los caballos, que realizó tras la segunda visita, las haya extraído de los grandes monumentos ecuestres de Venecia y Padua o de los estudios preparatorios de Leonardo para una escultura ecuestre en Milán.

Apolo y Diana, de Jacopo de‘ Barbari, grabado, 15,9 x 10 cm, Vienna, Albertina.

Apolo y Diana, de Jacopo de Barbari, grabado, 15,9 x 10 cm, Vienna, Albertina.

Comisariada por Johannes Ramharter, historiador del arte y exconservador en el Kunsthistoriques Museum de Viena, y Peter Assmann, director del Palacio Ducal, esta exposición se centra en una serie de comparaciones entre los grabados de Durero y los de los artistas italianos que le influyeron o, incluso, que lo copiaron, según Giorgio Vasari. Una tesis que se despliega a lo largo de cinco apartados –presentados con una introducción que explica la técnica del grabado renacentista–, donde se muestra un total de 70 obras, incluyendo un núcleo de prestigiosos préstamos de la Albertina y del Kupferstichkabinet de Viena, colaboradores en esta importante muestra. Además, se exhibe Guerrero a caballo, una escultura de bronce de Leonardo del Szepmüveszeti Muzeum de Budapest. Y se completa con una colección de obras antiguas pertenecientes al Palacio Ducal, que ilustra al visitante sobre las fuentes antiguas de las que se empapó el arte renacentista, en particular Mantegna y Durero.

Adán y Eva, de Alberto Durero, 1504, buril, 24,8 x 19,1 cm, Viena, Akademie der bildenden Künste, Kupferstichkabinett.

Adán y Eva, de Alberto Durero, 1504, buril, 24,8 x 19,1 cm, Viena, Akademie der bildenden Künste, Kupferstichkabinett.

Durero es el artista alemán del Renacimiento más importante y uno de los mejores de la historia del arte, cuyo precoz talento en el dibujo queda demostrado en un autorretrato a punta de plata, técnica bastante difícil ya que no permite correcciones, realizado cuando contaba trece años. Y lo recordará orgullosamente cuando al margen del dibujo añadirá: “Esto lo he hecho yo retratando mis facciones delante del espejo, en 1484, cuando era un niño”. Un autorretrato tomado a tres cuartos, la disposición tradicional de los retratos flamencos, un modelo seguido también en el estudio de Michael Wolgemut de su ciudad natal, donde Durero entró de aprendiz.

Guerrero a caballo, de Leonardo da Vinci, bronce, 24,3 cm, Budapest, Szepmüveszeti Muzeum © Szepmüveszeti Múzeum / Museum of Fine Arts Budapest.

Guerrero a caballo, de Leonardo da Vinci, bronce, 24,3 cm, Budapest, Szepmüveszeti Muzeum © Szepmüveszeti Múzeum / Museum of Fine Arts Budapest.

En esa época, Núremberg era un centro económico y cultural de primer nivel entre las localidades alemanas, gracias a la floreciente producción de minerales y metalurgia. El taller de Wolgemut –heredado del notable artista Hans Pleydenwurff, cuyo estilo dejó huella en las obras juveniles de Durero– atendía a una vasta clientela local, que se extendía a otras ciudades del país. La petición de ilustraciones para las nuevas ediciones de imprenta hacían trabajar a pleno ritmo a dibujantes y grabadores sobre madera y, en este sector, el taller de Wolgemut era uno de los más activos.

Il mostro marino, de Alberto Durero, h. 1498, buril, 24,8 x 18,6 cm, VIena, Akademie der bildenden Künste, Kupferstichkabinett

El monstruo marino, de Alberto Durero, h. 1498, buril, 24,8 x 18,6 cm, Viena, Akademie der bildenden Künste, Kupferstichkabinett

Fue en este taller donde Durero recibió su formación en los diversos campos del arte y aprendió a dominar las técnicas y el instrumental necesario para este tipo de trabajo. En esa época conoció las estampas de uno de los más importantes grabadores alemanes, Martin Schongauer, y la técnica en puntaseca del misterioso Maestro del Libro de Casa, un artista del que apenas tenemos datos, de la escuela de los miniaturistas holandeses. Este creador también dejará huella en el trabajo de Durero, que llegó a Venecia atravesando los Alpes y “fotografiando” con acuarelas, a su paso, el castillo de Trento y de Arco.

Apolo y Diana, de Alberto Durero, h. 1503, buril, 11,5 x 7 cm, Viena, Akademie der bildenden Künste, Kupferstichkabinett

Apolo y Diana, de Alberto Durero, h. 1503, buril, 11,5 x 7 cm, Viena, Akademie der bildenden Künste, Kupferstichkabinett

Y fue en Venecia donde entró en contacto con una realidad totalmente nueva, entusiasmado por la abundancia de obras maestras y la intensa vida cultural. En 1494, Durero había copiado ya algunos grabados de tema mitológico de Mantegna, si bien introduce algunas variantes muy significativas en el dibujo: sustituye las líneas paralelas de la estampa de Mantegna por un trazado cruzado que había aprendido con Schongauer, utiliza líneas curvas sinuosas que aportan a los dibujos una vibración completamente nueva.

Melancolía I (La Melancomía), de Alberto Durero, 1514, buril, 24,2 x 18,8 cm, Viena, Akademie der bildenden Künste, Kupferstichkabinett.

Melancolía I (La Melancomía), de Alberto Durero, 1514, buril, 24,2 x 18,8 cm, Viena, Akademie der bildenden
Künste, Kupferstichkabinett.

No ha existido otro artista extranjero más estudiado por los artistas italianos, pero es fundamental recordar que Durero hubo de aplicar una estrategia para alcanzar la fama en Italia. Con este objetivo, ideó una nueva técnica para conseguir numerosos ejemplares de una misma composición: elaborando la misma imagen para crear un sistema de producción capaz de acaparar un vasto sector de público y de marchantes… y, con gran provecho logró introducir su obra, marcada por las iniciales AD, en el “mercado del arte italiano”, el más importante escaparate de entonces. En 1507, durante su segundo viaje a Venecia, pinta la Fiesta del Rosario, la Virgen del chamariz y Jesús entre los doctores. A su vuelta a Alemania ese mismo año, Durero se preguntaba: “¿Cómo sentir frío después del sol?”, aludiendo no sólo al clima sino a su exitosa estancia en Italia.

Así, en el año en que Mantua asume la capitalidad de la cultura, como cuna del Renacimiento padano, acrecenta su orgullo tendiendo este puente artístico europeo entre norte y sur.

Carmen del VANDO BLANCO

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