La autobiografía del Coliseo

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Una exposición en uno de los monumentos más visitados e icónicos del mundo, el anfiteatro Flavio, repasa sus dos mil años de intensa vida, desde sus orígenes a la edad contemporánea, a través de un centenar de obras que van desde sus descubrimientos, utensilios, modelos en escala, grabados, pinturas e instalaciones. Hasta el 7 de enero

El Coliseo, construido en el siglo I d.C., es el icono por antonomasia de la Roma imperial, uno de los monumentos más visitado del mundo y uno de los mejores ejemplos conservados de arquitectura romana. Así, lógicamente el título de esta exposición no podía ser otro que Coliseo. Un icono, y es que este monumento, que a lo largo de sus dos mil años de antigüedad ha vivido todo tipo de transformaciones desde la época de los Césares hasta la actualidad, siempre ha sido un lugar mítico y fabuloso que ha atraído a escritores o artistas, como Charles Dickens, Chateaubriand, Goethe, StandhalMark Twain o Pieter Brueghel el Viejo (que se inspiró en este monumento para su cuadro La Torre de Babel), Velázquez o Diego Palladio.

Sobre estas líneas, Modelo del Anfiteatro Flavio, por Carlo Lucangeli y Paolo Dalbono, sección abierta desde el fondo de saco XLVI entrada sur, 1790-1812, Roma, Soprintendenza Speciale per il Colosseo
e l’area archeologica centrale di Roma. Foto Zeno Colantoni. Arriba, Coliseo y el Arco de Constantino, por Gaspar van Wittel, años teinta del siglo XVIII, óleo sobre lienzo, 25,5 x 47 cm, Antigüedades Alberto di Castro.

Esta muestra romana repasa su larga e intensa vida: desde la activa, y menos conocida utilización comercial, residencial y religiosa durante la Edad Media a la atracción que ejerció en los grandes arquitectos y pintores del Renacimiento; desde su transformación en mítico lugar de martirio a teatro del rito del Via Crucis desde el siglo XVI hasta su elevación a meta privilegiada del Grand Tour para poetas, escritores y pintores a partir del Setecientos. A finales del XVIII, con la revalorización arqueológica, las excavaciones y las restauraciones conllevaron la construcción de los potentes contrafuertes que aún lo apuntalan.

Vista del Coliseo, grabado de Giovani Battista Piranesi, 1776 Roma, Fundación Besso.

Símbolo indiscutible de eternidad y potencia, de civilización y cultura, con la llegada del fascismo, el anfiteatro volvió a ser, como en la antigüedad, escenario ideológico del poder; durante la posguerra se da inicio a un proceso de mitificación del Coliseo y es entonces también cuando entra a forma parte del cine y se convierte en el escenario en las películas peplum y en las obras maestras del neorrealismo italiano, mientras la pop art romana le consagra en su papel de icono, escogido también por el arte contemporáneo, que lo deja estampado en pinturas, instalaciones, performances, vídeo y fotografías a nivel internacional.

Coloso, por Paolo Canevari, 2002, fotografia, Milán, galería Christian Stein.

Muy significativa es la pintura de Hubert Robert, que recoge fielmente las tipologías de uso de la planta baja a finales del Setecientos: la galería perimetral estaba dividida por muros construidos con material recuperado, cerrados con portones de madera, con decoración minimalista como el sarcófago expuesto, mientras a la derecha una mujer le hace señales a la compañera para que no moleste el recogimiento del fraile en plena lectura de los textos sagrados.

Vista del Palatino, Arco de Constantino, Coliseo y las laderas de Celio, por Jan Frans van Blomen, h. 1740, óleo sobre lienzo, Roma, Academia de San Lucas.

El contenido de esta revelación se enriquece con los resultados de las recientes excavaciones e intervenciones que confirman lo declarado en los documentos de archivo relativos al período medieval. De hecho, el Coliseo rebosaba de vida:  criptas, iglesias, talleres, edificios residenciales de familias aristocráticas, así como humildes moradas, habían ubicado y adaptado sus nuevos asentamientos entre los arcos y las imponentes bóvedas milenarias.

Harbin, China, por Olivo Barbieri, 2010, fotografía.

A través de doce capítulos cronológicos esta exposición revela al visitante el influjo histórico-cultural del anfiteatro –comprobado en los ámbitos más diferentes: desde la pintura a la restauración, desde la arquitectura a la urbanística, desde el espectáculo a la literatura, desde la sociología a la política– valiéndose de un centenar de obras que van desde los hallazgos arqueológicos, dibujos, pinturas, maquetas, fotografías y proyecciones que alternan las secuencias del séptimo arte nacional e internacional con imágenes inéditas del archivo del Instituto Luce-Cinecittá.

Coloso II, por Paolo Canevari, 2002, fotografia, Milán, galería Christian Stein.

Entre las obras expuestas destacan la primera maqueta del arquitecto Carlo Lucangeli realizada entre 1790 y 1812, formada por 60 sectores, o la extraordinaria maqueta que interpreta el proyecto, no realizado, para la construcción de un santuario dedicado a los mártires cristianos, elaborado por Carlo Fontana en 1696; el epígrafe inaugural del Coliseo con una inscricpción que conmemora la restauración de las partes dañadas por el terremoto del año 443; sellos lujosos, donde impera el Coliseo, utilizados por Federico Barabarroja en el siglo XII o el sello de plomo de Urbano IV (1261-1264); documentos de archivo con las cryptae, las estructuras funcionales que ocupaban el antiguo anfiteatro; fragmentos sagrados pertenecientes a las numerosas iglesias que se apoyaban a la mole monumental en el medievo, ya desaparecidas, cuya huella queda registrada en los documentos de la época.

También son muy interesantes los cuadros de Van Wittel, Piranesi, Van Bloemen y Roberts que reflejan la inmensa y perfecta forma del Coliseo; el epígrafe que Mussolini colocó a la base de la cruz que aún permanece en pie en el margen septentrional de la arena, añadiendo una inscripción política junto a la religiosa dedicada a Pío XI; la visión que plasma Renato Guttuso en su lienzo, o las obras de la pop art romana, como Pino Pascali o Renato Mambor, entre otros, que elegía el Coliseo como fetiche de la cultura italiana, o el anfiteatro más contemporáneo esculpido en un neumático por Paolo Canevari. Además, hay un apartado dedicado a la fotografía de autor con magistrales ejemplos como el de Olivo Barbieri, Pino Musi o Alfred Seiland, que completa la exhaustiva fuente de inspiración que el Coliseo ha ejercido a lo largo de los siglos.

Cebra y Coliseo, por Renato Mambor, 1965, esmalte sobre tela cruda, Roma, Colección De Esclavo.

En una ciudad eterna que ha ido cambiando con el paso del tiempo, el monumento flavio ha permanecido siempre en el eje del poder dentro de un contexto urbanístico marcado por las variaciones de la sociedad, delineando una forma tan potente capaz de representar la imagen misma de la ciudad que lo acoge.

La reciente restauración de las superficies externas junto con la reapertura de nuevos recorridos en el interior aportan al visitante una idea más completa del antiguo monumento, si bien como declara el superintendente, Francesco Prosperetti: “Queda por cumplir un paso importante para mejorar la relación entre el Coliseo y Roma, a partir de la definitiva liberación del tráfico que durante todo un siglo lo ha tenido aprisionado y separado de su entorno cercano (…), una intervención que permita encontrar la justa dimensión del monumento con relación a la ciudad”.

Coliseo, Opus, por Pino Musi, 2010, fotografia, Roma © Pino Musi.

Carmen del VANDO BLANCO

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