Territorio de resistencia

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Hasta el 4 de junio el Museo de Arte Abstracto de Cuenca acoge Desde el centro de Europa. Fotografía checa, 1912-1974, una exposición que muestra un siglo de creación marcado por el surrealismo, el lirismo y mucho humor negro para desafiar la censura del régimen de este país del Telón de Acero

A pesar de su apertura al mundo occidental tras la caída del Muro de Berlín en 1989, el Este europeo sigue siendo para muchos de nosotros un territorio algo misterioso. Por supuesto, las políticas represivas y censoras impuestas por el dominio soviético hicieron que su cultura nos haya llegado como un escaso y filtrado goteo; en consecuencia, y salvo algunas excepciones, la mayoría de los artistas, plásticos y otros, llevan nombres –de por sí complicados– con los que no estamos nada familiarizados.

Sobre estas líneas, Sin título, Acción IV, por Václav Zykmund, 1944. Plata en gelatina, copia de época, 9,5 x 6,5 cm. Arriba, Sin título, por Karel Teige, 1943, fotocollage, plata en gelatina, 36 x 54,5 cm.

Mientras esta parte del continente vivía con renovada energía, en la época de entreguerras, el florecimiento de nuevos ismos del arte, la otra, la oriental, seguía con la main mise soviética y la influencia obligada de un régimen rígido e intransigente con sus “protegidos”. La Guerra Fría obligó a Checoslovaquia a integrarse en el bloque del Este, pero esta circunstancia no impidió que artistas de la talla de Sudek o Drtikol, prácticamente los únicos conocidos fuera de su país salvando a Koudelka años más tarde, ejercieran una creatividad potente dentro de los límites poco permisivos del régimen.

Checoslovaquia –Chequia y Eslovaquia desde el año 1992– no fue sino un islote más en el gran bloque de pensamiento único, a la derecha de nuestros mapas, si exceptuamos el periodo correspondiente a la Segunda Guerra Mundial, cuando pasó a pertenecer a Alemania. La exposición de fotógrafos checos que propone el Museo de Arte Abstracto de Cuenca, tras su paso por la Fundación March de Mallorca, cubre por consiguiente tanto esa época como las inmediatamente anterior y posterior, ya que contempla la creación artística de esos autores desde 1912 –cuando el país estaba aún bajo dominio del Imperio austrohúngaro– hasta 1974.

De tal forma que estos “viejos” artistas nos llegan ahora como algo por descubrir. Pero ellos, lejos de mantenerse aislados en su entorno cerrado, se abrieron al mundo por todas las rendijas que permitía el sistema, en particular la de la edición. Así es como gran parte de su trabajo pertenece al mundo de los libros y las revistas, a modo de ilustración interior o de portadas. Curiosamente, los censores no miraban tanto para ese lado. Esta extraña circunstancia y la presencia de muchos documentos en la exposición permite apreciar igualmente el alto nivel alcanzado en el diseño gráfico de este país. Las obras proceden en su totalidad de la Colección Sigert Dietmar de Múnich, especializada en archivos fotográficos, y cuyas obras gozan de una singular y reconocida calidad.

Burlar la censura

Checoslovaquia vio florecer la vanguardia fotográfica de los años veinte y treinta del siglo pasado, pero el surrealismo fue una de las corrientes que más distinguieron la creación de esa época, con montajes, fotocollages algo artificiosos y simbolismos muy acordes con los tiempos, cuando había que burlar la censura con toda clase de subterfugios incluyendo el humor, aunque fuera negro. Aquí se hablaba de “fotos con mensaje” cuando se juntaban, contraponían o distorsionaban objetos o cuerpos en un estilo que gustó mucho en los sesenta y setenta. También floreció entre los artistas checos el constructivismo tan de moda en la URSS y, más tarde, el informalismo, este último como válvula de escape a la severidad del entorno y como posible liberación de la creatividad fuera de los estilos “oficiales”.

Tabla de trabajo II, por Ivo Přeček, 1965, plata en gelatina, 28,5 x 31,5 cm.

En medio de esa producción artística algo encorsetada, Josef Sudek (1896-1976) es sin lugar a dudas el que cultivó el lirismo más íntimo. Al margen de una época de tanteo surrealista o una serie de retratos de excombatientes mutilados –como lo fue él mismo–, se concentró en la poesía del paisaje más cercano, el que veía detrás de la ventana de su estudio, a través de los cristales empañados por la humedad y el frío. Realizó también muchos bodegones echando mano de objetos sencillos y cotidianos, de los que sin duda utilizaba con frecuencia (“Creo que la fotografía ama los objetos banales, y yo amo la vida de los objetos”). Su obra, pictorialista en los inicios, adoptó con el paso de los años un estilo más cercano a la nueva objetividad.

El cuerpo humano es el gran protagonista en la obra de František Drtikol. Lo estudió y retrató como un perfecto objeto estético y jugó con las sombras gracias a fuertes contrastes, acentuando a menudo el alegorismo emanado de las actitudes, a veces forzadas pero siempre hermosas. Drtikol no buscó ni la emoción ni la denuncia, solo se recreaba en las morfologías y sus infinitas posibilidades. Fue un esteta de los efectos puramente fotográficos y de la sublimación de las formas.

Karel Teige (1900-1951), por su parte, desarrolló una intensa actividad artística y, en su caso, incluso se podría hablar de activismo. Fundador de Devětsil en 1924, fue el redactor del manifiesto del Poetismo que se basaba en planteamientos futuristas y dadaístas, y también fue miembro de Levá fronta (Frente de izquierdas) hasta que tuvo que dejar toda actividad política y profesional y fue sometido a vigilancia, prácticamente hasta su muerte.

Su trabajo se centró en el fotomontaje de corte dadaísta –algunas piezas pueden recordarnos a las del valenciano Josep Renau–, poniendo su creatividad al servicio de un espíritu muy crítico con la severidad política, la represión social y la imposibilidad de cultivar un pensamiento libre. Aún llenas de esa evidente rebeldía, sus imágenes no dejan de tener una estética real y traspasaron, gracias a la labor editorial de su país, más de una frontera.

Cabeza de madonna gótica, por Josef Sudek, h. 1947, plata en gelatina, copia de época, 23,9 x 17,9 cm.

Los demás artistas presentes en esta muestra han tenido menos suerte a la hora de darse a conocer fuera de su entorno, aunque hayan tenido en él una relevancia importante. Václav Zykmund (1914-84), crítico y teórico de arte, fue también pintor, fotógrafo y diseñador gráfico. Trabajó de profesor en institutos y en la universidad. Fundó el grupo y la editorial surrealistas Ra en Rakovnik. Tardó mucho en dedicarse de lleno a la creación artística, y solo lo hizo cuando vio que el Partido Comunista, al que estaba afiliado, le obligó a dejar su actividad docente. Su creación releva también un surrealismo poético y simbolista. Jindřich Štyrský (1899-1942) cultivó un surrealismo explícitamente erótico basándose en el montaje fotográfico. Emila Medková (1928-85), única mujer presente en la exposición, se inició en los círculos de Karel Teige, tuvo una producción variada aunque, al igual que Čestmír Krátký (1932-2016), se fijó sobre todo en las texturas de muros y objetos.

El remarcable trabajo de este último abarca desde la abstracción narrativa con una tendencia al absurdo hasta la literatura, el surrealismo y la investigación de otras culturas con su singular belleza. En los años sesenta escribió un libro sobre fotografía, uno de los más críticos y ambiciosos de su tiempo.

Imágenes minimalistas

Otro creador que merece una mención especial es Ivo Přeček (1935-2006), por sus imágenes limpias y minimalistas, en un magnífico estudio de formas y volúmenes. Fue sin duda, junto a Sudek, el más independiente respecto de las influencias imperantes de su tiempo.

Portada del libro Přepychové žínky, de Pitigrilli (pseudónimo de Dino Segre), por František Drtikol, Praga: Šolc a Šimáček, 1933.

En la exposición también figuran otros representantes de las vanguardias como J. Rössler y J. Funkeo; el modernista J. Lauschmann; la generación de artistas influidos por el surrealismo de entreguerras e inmediatamente después, entre los que se cuentan J. Heisler, V. Reich­mann, M. Koreček y Miroslav Hák, y una amplia representación de autores abstractos de finales de los cincuenta y de los sesenta, como S. Benc, B. Kolářová, Alois Nožička y J. Svoboda.

Hay que destacar que se ha publicado también un gran catálogo en castellano, con ensayos, textos biográficos y diversa documentación a cargo del historiador y especialista checo Zdenek Primus.

Marie-Geneviéve ALQUIER

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