Martín Giraldo, el pintor de la calle

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Hasta el 29 de mayo, la Casa de Vacas del Retiro (Madrid) acoge la primera exposición individual en España del pintor gallego. Un total de 40 piezas, muchas de ellas pintadas en la calle y de gran formato, como la vista desde el cerro del Viso de más de ocho metros que comenzó en 2012, cuando acompañó a Antonio López a pintar, junto a una exquisita selección de retratos. El artista habla con Descubrir el Arte sobre su trabajo y sus proyectos

Al traspasar las puertas de la Casa de Vacas, da la bienvenida al visitante Un día de invierno, una vista del parque madrileño de La Vaguada en tonos casi blancos, un cuadro con una luz invernal arrobante que se potencia por la que entra por los ventanales del exterior. A partir de ahí, los paisajes urbanos de Alberto Martín Giraldo (Verín, Ourense, 1978) irán cautivando y sorprendiendo al espectador no solo por la maestría de su técnica pictórica al plasmar la realidad y por las espectaculares perspectivas de las calles y edificios de Madrid, sino sobre todo por la atmósfera de sus cuadros y por la intimidad que transmiten, como si se rompiese la frontera entre el que mira y el propio cuadro, algo que solo unos pocos elegidos consiguen.

Sobre estas líneas Un día de invierno (La Vaguada, Madrid), acrílico sobre tela, 180 x 244 cm. Arriba, Patio de la Casa Velázquez, acrílico sobre tela, 492 x 840 cm (estado actual). Todas las obras de Alberto Martín Giraldo.

Un poco más adelante, ya en la sala central, el visitante se encontrará con dos obras de espectaculares dimensiones. Una vista del Puente de las Artes y al fondo la Academia de Francia (el Institut de France) en París, de 2,80 x 5,10 metros. Un cuadro en el que el pintor lleva trabajando todos los meses de junio y julio desde 2015, fecha en que recibió el encargo del instituto francés para ser ubicado en este organismo, que abrirá sus puertas a principios de 2018, por lo que esta será la única ocasión que el cuadro se exhiba en España.

Plaza de la Independencia, acrílico sobre tela, 113 x 220 cm.

La otra obra es una vista desde el cerro del Viso (Alcalá de Henares) de más de 8 metros y uno de los pocos paisajes de naturaleza del artista, que se ha dedicado más a las vistas urbanas. Junto a este cuadro se exhibe un retrato del artista Antonio López pintando en ese mismo cerro, un proyecto que comenzó en 2012, cuando acompañó en agosto por primera vez al artista manchego a pintar en ese paraje, y desde entonces vuelven allí cada verano para seguir trabajando cada uno en sus obras. Comenzó como un lienzo de 1,28 x 1,93 y ha terminado teniendo más de dos metros de largo. Una obra que emociona por la expresividad del rostro de Antonio en la inmensidad de la estepa castellana; en esta misma línea, hay otra obra que no hay que perderse, el retrato de otro artista, Charles Villeneuve, en este caso en un paisaje urbano.

Mikel, óleo sobre tela, 81 x 100 cm.

Martín Giraldo muestra por primera vez al público una faceta casi desconocida, la de retratista, la mayoría de los retratos expuestos son de Lucía, su esposa; en este caso, el artista ha elegido formatos más pequeños, más íntimos, para captar mejor la personalidad del retratado, protagonista absoluto de la obra. No hay distracciones, solo rostros, cuerpos y ojos que interpelan al espectador. Toda una sinfonía de emociones y expresividad.

Organizado por la Asociación Española de Pintores y Escultores (AEPE), todos los viernes a las 18 horas tendrá lugar una conferencia. El 19, El paisaje en la pintura desde Carlos de Haes hasta hoy, impartida por Javier Rubio Nomblot, y el 26, Pintando el Guadarrama, por Alessandro Taiana. Además, de lunes a viernes se imparte una serie de talleres de pintura: Iniciación (Ramón Córdoba y Sonia Casero), Perfeccionamiento (Martín Giraldo, Coque Bayón, José Luis Ceña, Irene Cuadrado, Charles Villeneuve). Más información / Teléfonos de contacto para talleres y conferencias 915 224961 / 630508189   

Alberto Martín Giraldo pintando la obra Puerta de Murillo, Museo del Prado, acrílico sobre tela, 180 x 195 cm.

Quedamos este pasado sábado con Martín Giraldo en la Casa de Vacas para hablar con él de su trabajo, sus proyectos y su relación con Antonio López. Para el gran público es un pintor no muy conocido todavía en España, aunque sí en el mundo artístico y por los coleccionistas, o en Francia, donde tuvo una exposición individual en París en 2011.

Museo Reina Sofía III, acrílico sobre tela, 130 x 150 cm.

PREGUNTA. Esta muestra es la primera individual que hace en España…

MARTÍN GIRALDO. Sí que he expuesto mi obra en nuestro país en exposiciones colectivas y quizá se me conoce sobre todo por mi trabajo pintando en la calle, he trabajado mucho por encargo, además, cuando finalizaba un cuadro enseguida se iba a otras manos por lo que no tenía obra disponible para presentar en una muestra individual. De hecho, más de la mitad de lo que se puede ver en la Casa de Vacas he tenido que pedirlo prestado.

Institut de France, París, acrílico sobre tela, 280 x 510 cm. Foto: Verónica P. Granado.

P. ¿Como surgió esa relación con Francia?

M. G. En 2006, nada más terminar la carrera de Bellas Artes, me fui a vivir a Francia, aunque en esa época trabajaba en la construcción, y no solo porque tenía que sobrevivir sino porque todavía andaba un poco desorientado y tenía que encontrar mi camino artístico. En 2013 me concedieron la residencia de un año en la Casa Velázquez de Madrid. En ese año que pasé trabajando en este lugar, una comisión de la academia francesa me vio pintando una vista de uno de los patios de la Casa de Velázquez (presente en la muestra) y me encargó un cuadro de la vista de la Academia Francesa de París desde el puente de las Artes, después de que pidieran los permisos pertinentes al Ayuntamiento y a la Policía, fui a pintar a ese puente parisino en julio de 2015 y 2016. Y aunque falta la formalización por escrito del contrato, la obra, que está prácticamente terminada, es para la Academia de París que abrirá sus puertas en 2018.

Pintando el Congreso de los Diputados el primer día.

P. Podríamos decir que su estudio es la calle. ¿Qué ventajas y dificultades entraña?

M. G. Para mí es vital sacar el taller fuera porque necesito vivir lo que pinto y también es una manera de conquistar el espacio público que es de todos. Lógicamente hay tensión pero también intercambio, interacción, y esto es muy enriquecedor.

Y en muchas ocasiones me han surgido proyectos, becas, contactos o amigos, como en 2010, cuando al estar pintando la puerta de Murillo del Museo del Prado, dos galeristas me encargaron obra y de ahí surgieron las diez vistas de los museos de Madrid que se expusieron en la muestra de la galería Datáis en París de 2011. O cuando estaba pintando frente al Congreso de los Diputados, se me acercó una persona a la que le gustó mi trabajo y me pidió que hiciese un cuadro de la residencia del embajador de Portugal en Madrid y un poco después la Dirección de Policía de Portugal, lo que me llevó a Lisboa donde realicé dos obras.

Dirección General de la Policía de Portugal, Lisboa, acrílico sobre tabla, 110 x 170 cm.

Claro que también tiene sus inconvenientes, la climatología, la tensión de los primeros días porque no sabes cómo te va a recibir el lugar y la policía. Luego están los problemas de infraestructura, descargar la furgoneta, ir a aparcar después o intentar evitar las multas, además, en algunos casos hay que pedir los permisos previos como en el caso del Congreso o el Ayuntamiento de Madrid, e incluso, con todos los papeles en regla te acaban echando como en el puente de las Artes de París donde me desalojaron por dos veces.

El Capricho, Madrid, acrílico sobre tela, 180 x 195 cm.

P. Hay cuadros como el de París o el del cerro alcalaíno que tarda años en terminarlos…

M. G. Sí, es un proceso a veces muy lento; por la luz es importante trabajar la obra en la misma estación que al comenzar, aunque no soy rígido en esto. Por ejemplo, en la vista del cerro del Viso, Antonio López y yo fijamos la hora, vamos desde las 11 a las 14 horas de agosto. En cambio, en el cuadro de París me paso el día entero, las obras que he hecho de la Casa de Velázquez de Madrid están todas realizadas por la mañana pero sí que hay estaciones diferentes dentro del mismo cuadro. Lógicamente la luz de primavera a otoño cambia completamente y yo también, voy modificando sobre el mismo cuadro y añadiendo piezas arriba y abajo, a izquierda y derecha, como en un cuadro de la Casa Velázquez que empecé trabajando con la luz entrando entre las columnas del patio, y fui ampliando porque necesitaba meter el patio entero y después incluí a los personajes, acabó teniendo 16 piezas, y 8,40 de ancho x 5 metros de alto.

Tanto en este caso como en la vista del cerro del Viso, si me lo hubiese planteado así desde el principio el resultado habría sido completamente diferente, seguramente mucho más rápido y más cercano a lo real y es que en estos casos que lo trabajas tanto en primavera como en otoño, se trata más de una especie de blog de notas en colores de lo que pasa allí cuando transcurre mucho tiempo.

Restaurante el botánico, acrílico sobre tabla, 170 x 170 cm.

P. ¿Qué técnica utiliza para sus obras?

M. G. Menos dos retratos, el resto es acrílico tan trabajado que da la sensación de ser óleo. Es un técnica que se utiliza para hacer bases porque para hacer una pintura de espacio hay que trabajar de una forma distinta, si vas a la cantidades de pintura que se utiliza en el acrílico el resultado es una obra muy dura y no conseguiría la atmósfera que yo deseo.

Puerta de Velázquez, Museo Del Prado, acrílico sobre tela, 180 x 195 cm.

P. Y hablando de esa atmósfera y también de la luz, su trabajo va mucho más allá de reproducir la realidad…

M. G. El tamaño grande y los elementos que están a una medida muy próxima a la real, que sirven como apoyo para entrar en un espacio creado, más que para reproducir esa realidad y crear un espacio nuevo donde poder entrar, en mis cuadros trato de romper la barrera entre cuadro-espectador y que casi pueda caminar un poco entre ellos, la idea es eliminar el límite entre la obra y el que la contempla.

Retrato de Charles Villeneuve, acrílico sobre tela, 240 x 240 cm.

P. En sus retratos capta la personalidad del retratado a través de la expresividad de los rostros, como en el caso de los pintores Antonio López y Charles Villeneuve

M. G. En los retratos hay factores que no existen en los cuadros de paisaje. En estos últimos está tú psicología, la del pintor que está ahí frente al paisaje, en los retratos, en cambio, está tu mirada pero también la del retratado. Además, en el paisaje trabajas siempre con el vacío y el lleno, el hueco y el volumen, y en cambio en un retrato ya partes de un volumen, así, hay elementos formales y psicológicos determinantes. Aunque al final, las preocupaciones son parecidas, en mi caso la formal es la principal, darle el espacio y la luz que necesita está en cualquier cosa que me plantee, ya sea en retrato o en un paisaje urbano o de naturaleza.

Plaza de la Independencia, acrílico sobre tela, 140 x 220 cm.

P. En los cuadros donde el protagonista es el paisaje urbano a veces aparecen seres humanos desdibujados, como un elemento más de la composición y, en cambio, en estos dos cuadros tiene el mismo protagonismo paisaje y retrato…

M. G. Esto es importante, ahí está la cuestión. Yo empecé haciendo paisajes vacíos, ocurre que yo pinto directamente en la calle cuadros muy grandes, así que me alejo porque pinto yendo y viniendo a mucha distancia para ver de un golpe de cabeza cuadro y motivo, situándome al punto donde lo verá el espectador. Entonces, en ese ejercicio de no estar pegado trabajando, la gente entraba entre el cuadro y yo y los veía en la obra antes de pintarla, y así los fui incluyendo poco a poco, primeramente entraron siendo una especie de figuras-paisaje, como componentes de un todo, eran gente. Un poco más tarde, cuando ya había empezado a hacer retratos en casa, descubrí que había una cosa que me faltaba, un punto intermedio que se ha hecho muy poco en la pintura y que me interesaba, un equilibrio entre el retrato y el paisaje, y en el caso de estos dos cuadros, tanto el de Antonio López como el de Charles Villeneuve, quería que el paisaje también fuese retrato, es decir, a mí me remite a Antonio el paisaje que tiene detrás y a Charles la vista que tiene al fondo. Es un camino por andar porque no hay muchos referentes y quiero meterme más de lleno en esta vía.

Lucía con luz de tarde, acrílico sobre tela, 113 x 100 cm.

P. La serie de retratos que presenta destaca por la intimidad del cuadro y la expresividad del retratado…

M. G. No he podido dedicar tanto tiempo como querría al retrato por los encargos y las exposiciones. Ahora voy ganando libertad, y he podido hacer unos cuantos retratos, la mitad de ellos son de mi esposa Lucía, que es mi modelo porque me atrae y por la facilidad de poder retratarla en casa. Todo esto se complicará cuando quiera sacar el retrato fuera como pretendo y variar los personajes, no sé las dificultades que encontraré. En el caso de Antonio López fue fácil porque llevamos cinco veranos pintando juntos en el cerro del Viso, y quería retratarle antes de que terminásemos nuestras obras. Eso me permite trabajar en los dos cuadros indistintamente, en el paisaje del cerro y en el retrato de Antonio, que empecé en 2016 en un tamaño más pequeño (metro y medio por metro y medio) y ahora mide 2,40, porque al comienzo era un retrato clásico y no había combinado todavía paisaje-retrato, así que con este cuadro llegó el equilibrio entre las dos facetas, creo que esto es lo interesante. Para mí, hay algo especial en estos dos retratos.

Pintando a Antonio López en el cerro del Viso (Alcalá de Henares), agosto de 2016.

P. ¿Cómo surgió la relación con Antonio López?

M. G. Fue a golpes muy espaciados. En el año 2000 asistí a una conferencia del pintor y le pregunté si podía ver un cuadro mío, una estantería de baño con un espejo (presente en la muestra), se lo llevé a su estudio y me comentó que él no hubiese incluido el espejo. En 2010 me matriculé en la cátedra Francisco de Goya que imparte Antonio López en Ávila, y ahí comenzó una relación más asidua y estrecha, coincidió además que cuando él pintaba en Sol yo comenzaba a hacerlo a las puertas del Prado y, en 2011, vimos juntos los cuadros que iba yo iba a llevar a la exposición de París.

Alberto Martín Giraldo pintando el Cerro del Viso, acrílico sobre tabla, 3,75 x 8,40 metros de largo. Foto: Juan José Tovar.

En 2012 me comentó que estaba pintando en el cerro del Viso y que tenía un problema con un cuadro que había ampliado un poco y que no entraba en el coche, yo me ofrecí a llevarle en mi furgoneta y me propuso que si me apetecía y me atraía el lugar pintase también la vista de ese lugar. Acepté casi más por charlar con él que por pintar porque ese paisaje era más un terreno suyo que mío, durante todo el invierno estuve pensando cómo continuar la obra al verano siguiente, y pensé que la única forma de hacer ese lugar mío era abrir el cuadro y ampliar el tamaño para incluir a la gente dentro de ese paisaje.

Así seguimos verano tras verano hasta este 2017, que iremos de nuevo si no se nos complica el trabajo. Que yo conozca, Antonio ha hecho ya tres cuadros de ese cerro, dos de ellos son la misma vista que la mía y la tercera es hacia atrás, como para mostrar una vista de 360º y en este último todavía tiene trabajo que hacer y yo puedo seguir trabajando en los dos, tanto en el del paisaje como en el del retrato de Antonio López porque aunque están terminados, seguro que de aquí a agosto cambiaré de opinión.

Retrato de Antonio López, acrílico sobre tela, 240 x 222 cm.

P. Se dice que es el continuador de Antonio López, aunque en mi opinión hay aspectos muy diferentes en sus obras…

M. G. Creo que efectivamente somos diferentes, Antonio siente una especie de deuda con el motivo, siente que tiene que ser fiel a ese motivo, a mí me parece que es una pintura más volcada sobre las cosas, sobre el exterior; en cambio, lo mío es más aproximativo, trabajo sobre la percepción, sobre la visión, y esto es una notable diferencia. Eso sí, en cuanto a pintar directamente en el exterior o en variar el cuadro las veces que haga falta, sí que nos parecemos.

Detalle del retrato de Antonio López.

Hay que aceptar que cuando sales a la calle a pintar hay muchos elementos que no controlas, no puedes ir con una idea prefijada, en mi caso, y también lo he visto con Antonio, todo eso hace que cambies de opinión y que varíes los cuadros, por eso el que trabaja el paisaje de ciudad o de naturaleza a través de la fotografía tiene un camino más marcado que el nuestro, yo solo utilizo la fotografía en el retrato para fijar una postura. Nosotros no trabajamos a partir de fotografía, abocetamos allí mismo sobre el propio cuadro pero no hacemos estudios previos porque así no tenemos un camino demasiado marcado, nos gusta esto. Todo se resume en cómo te planteas el trabajo, el posicionamiento de la persona y de cómo te tomas la vida y el trabajo.

Alberto Martín Giraldo y Antonio pintando en el cerro del Viso en el verano de 2012. Foto: Juan José Tovar.

Ángela SANZ COCA

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