El universo del vino sobre papel

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Hasta el 17 de septiembre la Sala de Exposiciones Temporales del Museo Vivanco de la Cultura del Vino de Briones (La Rioja) acoge la exposición del X Premio Internacional de Grabado y Vino Fundación Vivanco, donde se muestran las obras ganadoras y finalistas de esta décima edición. Y para celebrar los diez años de este certamen se exhiben también los primeros premios del resto de ediciones

En estos diez años el Premio Internacional de Grabado y Vino Fundación Vivanco se ha convertido en un referente tanto nacional como internacional dentro de las diferentes vertientes de la técnica del grabado (xilografía, litografía, serigrafía y calcografía). Una historia que comenzó en 2004, cuando esta bodega familiar y centenaria decidió crear una fundación con museo donde se exhibe la colección que esta familia ha ido reuniendo a lo largo de los años y las obras ganadoras de este certamen. Todas las piezas son grabados y están inspiradas por el mundo del vino.

Sobre estas líneas, Viñedo, aguafuerte de la artista italiana Federica Bau, primer premio del concurso.

Santiago Vivanco, director de la Fundación y Experiencias Vivanco, e Irene de Juan González, directora de la Escuela Superior de Diseño (ESDIR), entregaron el pasado 30 de junio los premios a las galardonadas de esta edición. Una edición en la que se han presentado 106 obras de 79 artistas nacionales e internacionales y que ha destacado por la originalidad y la calidad de las piezas a concurso. De hecho fueron necesarias hasta 15 votaciones para determinar la decisión final: las cinco obras ganadoras y las 25 restantes que conforman la exposición del X Premio Internacional de Grabado y Vino Fundación Vivanco. También hay que remarcar que todos los grabados galardonados surgen de la visión del vino de una autora, al igual que 20 obras de las 30 que conforman la muestra.

La artista italiana Federica Bau, con el aguafuerte Viñedo, ha obtenido el primer premio; el segundo ha recaído en la artista asturiana María José González Alonso, Barrial, por Pepitas; Lacrima vitis de la soriana Paz Vicente de Benito ha recibido la Mención de Honor; las otras dos Menciones de Honor han sido para los grabados Aporía anacreóntica de Lola Fernández Corral y La noche vino festiva de María Teresa González Escolar.

Pepitas, de la artista asturiana María José González Alonso, Barrial, segundo premio del certamen.

Para celebrar el décimo aniversario de estos galardones, en la exposición del X Premio Internacional de Grabado y Vino Fundación Vivanco junto a las 25 obras finalistas y las cinco ganadoras se muestran también los primeros premios de estos diez años: Esencia de vino, de David Rodríguez Caballero (2008); La Vendimia, de Alberto Marcos Barbado (2009); Sin título (Lema: La penúltima), de Erik Kirksaether; De Londres a Berlín, Clément Richem (2011); Tierra roja, de David Arteagoitia García (2012); La Cata. Olor, de Pablo Casado Mena; La raíz, de Juan Lara Hierro; El oro en purpurinas llamas, de Svetlana Kalachnik (2015), y Vánitas o del disfrute de la vida, de Miguel Villarino (2016).

Las ganadoras: cinco cinceles femeninos

El aguafuerte sobre matriz de zinc Viñedo, de Federica Bau, toma un símbolo tipográfico para convertirlo en vid y como un módulo de repetición ad infinitum lo acaba desplegando para mostrar un inmenso viñedo. La limpieza de trazo, la idea, la estampa y la pureza del grabado resultan impactantes. Esta artista italiana ha ido evolucionando desde la ilustración figurativa y el color de sus comienzos a su pasión por la gráfica que le ha conducido a un lenguaje más sintético y austero y que, como ella misma apunta, “busco la belleza y el equilibrio en una obra gráfica esencial y elegante. Abandono el color para centrarme en los distintos matices del negro en yuxtaposición al blanco, exploro la naturaleza estética que ofrece cada recurso, soporte y técnica, desde lo pictórico y matérico hasta lo gráfico”.

Federica Bau junto a su obra en la exposición.

Por otra parte, María José González Alonso, Barrial, ha combinado la punta seca con técnicas aditivas en Pepitas. Una obra que muestra la esencia de la vid, su fundamento genético en un tratamiento casi pictórico como claro contrapunto al acercamiento sintético y lineal de la obra ganadora. Nacida en Gijón, la artista aborda el arte a través de distintas formas de expresión como la cerámica, la pintura, el grabado, la fotografía o la instalación.

María José González Alonso, Barrial, junto a su pieza en la exposición.

Aporía anacreóntica, de Lola Fernández Corral, es una xilografía y linografía con reservas y fondino, todo un ejercicio de destreza técnica tradicional para mostrar una estampa de gran complejidad y evocador título que nos remite al poeta Anacreonte, a sus versos de vino y vida, y al hedonismo de la celebración de unas figuras danzantes alrededor de una copa.

La artista Paz Vicente de Benito junto a su grabado en la exposición.

La noche vino festiva de María Teresa González Escolar al igual que la obra anterior habla de una celebración cuyo eje central es el vino, aunque es un acercamiento más abstracto que se apoya en la fuerza del color. Por último, Lacrima vitis de Paz Vicente de Benito, realizada en fotolitografía y gofrado (técnica aditiva con carborundo al cloroformo) es una singular propuesta en la que se combinan dos de las pasiones de esta artista, la fotografía y el grabado. Parte de una instantánea propia a partir de la cual desarrolla la estampación lo que le permite jugar con diferentes texturas. El tema, todo un clásico en este certamen: un pequeño racimo de uvas que muestra al mismo tiempo fortaleza y fragilidad.

Viaje emocional por el universo del vino

La exposición, que permanecerá abierta hasta el 17 de septiembre, destaca por su gran diversidad cultural y emocional en torno al vino y su cultura, que se traduce en obras gráficamente muy diversas, con un claro ritmo visual entre el blanco y negro, salpicado de tonos rojizos y naranjas en medio de formas sutiles y trazos geométricos contundentes. La evidencia de una cepa, un fruto, un sarmiento, una hoja de parra o la espesura de la tierra se esfuma en el buril de cada autor y renace en una nueva interpretación llena de sensaciones, que casi nos permiten saciar nuestros sentidos.

Lacrima Vitis de la artista soriana Paz Vicente de Benito, Mención de Honor en el X Premio Internacional de Grabado y Vino Fundación Vivanco

Motivos implacables, como si de una arquitectura del vino se tratara, gracias a los artistas polacos Alexandra Bury y Bochenek Marcin. El contraste aéreo y bullicioso de la hojarasca de parras rojas que delimita el horizonte de una tierra grisácea y silenciosa, cincelada por Alicia Sanz. La textura del vino y la perspectiva que marca el proceso del vino, desde el viñedo a la bodega, del menorquín Carles Moll. El brindis masculino y corpulento de Carmelo Serrano. El collage de texturas de Francisco Igeño en Una mosca en mi copa. Los tesoros de Baco, cuyo protagonista permite viajar a los retratos clásicos del armenio Hayk Grigoryan. Los tonos naranjas que rompen el monocromo de la exposición de un viñedo que incorpora en sus sarmientos algunos útiles de la bodega de Jorge Oloriz.

La noche vino festiva de la artista Teresa González Escolar, Mención de Honor en el certamen.

O la visión fantasmagórica de la cepa desnuda de Laura Martín en Lagarejo. El milhojas surtido con los colores que adquieren los tiempos de crianza del vino tinto en el grabado de Maite Meno. La luz del vino en el remolino visual de María Gargallo. Los Mil vinos de Marta Aguirre, donde copas, ánforas y botellas de todas las formas posibles remontan al espectador a los clásicos recipientes de esta bebida. O el conejo de Flexy que asoma en una de las estampas más cómicas de la exposición de los grabadores Néstor del Barrio, José Gracia y Agustín Parra. La vallisoletana Susana Ortega que, Tras la fiesta, transporta al visitante, a través de los tonos tierra, a obras que atestiguan el esplendor de la civilización griega. Y, por último, la lectura inversa, de derecha a izquierda, y de arriba a abajo, con la que Wenceslao Robles recorre el proceso del vino con halos rojos y un elocuente punto-uva rojo que recorre su grabado.

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