BILBAO: Bill Viola y la Colección Alicia Koplowitz

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Si esta ciudad siempre merece una visita, este verano podríamos decir que es de visita obligada porque ofrece dos de las exposiciones imprescindibles del año. Por un lado, el Museo Guggenheim propone al visitante un viaje a través de las imágenes, películas y videoinstalaciones del creador norteamericano. Por otro, el Museo de Bellas Artes presenta por primera vez al público en España una de las colecciones privadas más destacadas de Europa, la de Alicia Koplowitz-Omega Capital

Bill Viola o cuando la tecnología se humaniza

Una retrospectiva de su obra en el Museo Guggenheim de Bilbao recorre toda su carrera dedicada a explorar los grandes temas de la condición humana, experimentando con el videoarte. Hasta el 9 de noviembre. Ofrecemos un extracto del artículo de Marie-Claire Uberquoi que hemos publicado en la revista de agosto de Descubrir el Arte

Sobre estas líneas, El saludo, por Bill Viola, 1995, instalación de vídeo y sonido, 10’22”, interpretada por Angela Blck, Suzanne Peters y Bonnie Snyde, fotografía de Kira Perov. Arriba, de izquierda a derecha, Los soñadores (detalle), por Bill Viola, y La pelirroja con colgante (detalle), por Amedeo Modigliani, 1918, óleo sobre tabla, 92 x 60 cm, Colección Alicia Koplowitz-Omega Capital.

Intentar detener el tiempo a través de la imagen en movimiento y transmitir emociones mediante los más sofisticados medios tecnológicos son quizá los principales objetivos que sintetizan el trabajo del artista norteamericano Bill Viola (Nueva York, 1951), creador de una obra tan pletórica como singular.

En la reciente historia del videoarte, Bill Viola se ha impuesto como una figura indiscutible, porque ha sabido poner las frías técnicas digitales al servicio de un lenguaje plástico que conmueve y fascina a la vez, por su estética y por su profunda carga simbólica.

Primera luz, por Bill Viola, quinto panel de los cinco que componen Avanzando cada día, 2002, instalación de vídeo y sonido, 34’30”, interpretada por Melina Bielefelt, Héctor Contreras, Weba Carretson, Dan Gerrity, John Hay y Michael Eric Strickland.

Frente a los pioneros como Nam June Paik (1932-2006) y Wolf Vostell (1932-1998), que han centrado sus esfuerzos en experimentar con la manipulación de la imagen televisiva y en utilizar la técnica del video para reflexionar sobre los mass media, Bill Viola es de los pocos artistas, que, junto al italiano Fabrizio Plessi (1940) ha conseguido “humanizar la máquina”, por decirlo de alguna manera.

Las obras de Bill Viola se caracterizan por su teatralidad, con una llamada permanente a la belleza y a los sentidos. El artista no se limita a experimentar sin más, con los nuevos medios a su alcance, sino que los incorpora a su proceso creador en el que prevalece por encima de cualquier consideración la dimensión intelectual y poética.

La habitación de Catalina, por Bill Viola, 2001, políptico de vídeo en color sobre cinco monitores planos, 18’39”, interpretado por Weba Carretson, fotografía de Kira Perov.

Sirviéndose de todos los avances tecnológicos a su alcance y ayudado por su esposa y fiel colaboradora, Kira Perov, Bill Viola irá construyendo un lenguaje muy personal para abordar desde su propia perspectiva cuestiones clave relacionadas con la espiritualidad, el significado de nuestra existencia, el cuerpo humano y los ciclos de la vida y de la naturaleza. Seguir la evolución de su trabajo es como emprender un viaje iniciático a través de imágenes, películas y videoinstalaciones que llevan al espectador a soñar y a dejarse llevar por su poética teñida a menudo de cierto lirismo.

Rendición, de Bill Viola, díptico de vídeo en color sobre monitores planos, 18′, interpretado por John Fleck y Weba Garretson, fotografía de Kira Perov.

Una experiencia que ahora el público puede vivir en directo en la imprescindible retrospectiva de su obra organizada por el Museo Guggenheim Bilbao con el patrocinio de Iberdrola. Con una selección de 30 obras, la muestra recorre toda su carrera artística desde sus primeros experimentos con el vídeo en 1976, hasta sus instalaciones más recientes realizadas en 2013 y 2014. Visitar esta exposición requiere tiempo y disponibilidad para vivir una “experiencia emocional envolvente”, tal y como la define el propio autor.

La ascensión de Tristán (El sonido de una montaña bajo una cascada), 2005, instalación de vídeo y sonido, 10’16”, interpretada por John Hay.

Los interesados en leer el artículo completo, pueden hacerlo comprando la revista Descubrir el Arte de agosto que permanecerá en quioscos hasta finales de mes o en formato digital en Orbyt  o Kiosko y más 

Los soñadores, por Bill Viola, 2013, instalación de vídeo y sonido, bucle continuo, interpretada por Madison Corn, foto de Kira Perov. Todas las imágenes, cortesía de Bill Viola Studio © Bill Viola.

Alicia Koplovitz-Omega Capital: belleza y sensibilidad

La pelirroja con colgante, por Amedeo Modigliani, 1918, óleo sobre lienzo, 92 x 60 cm,

A lo largo de los años esta empresaria ha reunido una colección que traza un recorrido que se inicia en la Antigüedad clásica y finaliza en el siglo XXI, con un énfasis especial en las centurias del XVIII y el XX, así como en el universo femenino. El Museo de Bellas Artes de Bilbao acoge hasta el 23 de octubre una selección de sus fondos. Ofrecemos un extracto del artículo que hemos publicado en la revista de agosto de Descubrir el Arte

Mujeres en la orilla del río, por Paul Gauguin, 1892, óleo sobre lienzo, 31,8 x 40 cm, Colección Alicia Koplowitz-Omega Capital.

Para Alicia Koplowitz haber dedicado más de treinta años de su vida a reunir tan notable colección ha sido como una especie de escudo contra las vicisitudes de la vida y un proceso personal muy enriquecedor, “a través del cual he aprendido a explorar formas íntimas que me eran desconocidas y que están relacionadas directamente con el descubrimiento de  pinturas, esculturas, muebles u objetos decorativos. Esta es la razón de que la colección tenga mucho que ver con mi biografía”.

Joven con abrigo de piel, por Lucian Freud, 1967, óleo sobre lienzo, 61 x 51 cm, Colección Alicia Koplowitz-Omega Capital.

Y como todo viaje tiene un inicio, Alicia Koplowitz recuerda con nitidez el momento en que nació su devoción por el arte: “Con siete años acudí con el colegio por primera vez al Museo del Prado, y la visión de Las meninas me causó una enorme fascinación”. También recuerda la atracción que ejerció en ella la colección de escultura de la pinacoteca, por lo que no es de extrañar que esta disciplina artística tenga una gran presencia en su colección, algo que es muy poco frecuente en las colecciones privadas.

Retrato de doña Ana de Velasco y Girón, duquesa de Braganza, con traje de corte, por Juan Pantoja de la Cruz, 1603, óleo sobre lienzo, 103 x 82 cm.

Tras su paso esta primavera por el Museo Jacquemart-André de París, donde se mostró al público por primera vez, la Colección Alicia Koplowitz-Grupo Omega Capital llega ahora al Museo de Bellas Artes de Bilbao. Y lo hace con una nueva propuesta, distinta a la parisina, comisariada por Almudena Ros y con un importante incremento de piezas, de 53 a casi un centenar de obras entre pinturas, esculturas y dibujos que recorren prácticamente toda la historia del arte, desde la Antigüedad clásica hasta la actualidad, “una larga senda por la que transitan algunos de los más importantes maestros del arte español, europeo y norteamericano”, como reconoce Miguel Zugaza en el catálogo de la muestra, en el que supone el primer proyecto que acomete el exdirector del Museo del Prado en su nueva etapa al frente de la pinacoteca bilbaina.

Cabeza y mano de mujer, por Pablo Picasso, 1921, óleo sobre lienzo, 65,4 x 54,9 cm, Colección Alicia Koplowitz-Omega Capital.

A pesar de estar fundamentada en una amplia perspectiva tanto cronológica como tipológica, por la variedad de disciplinas artísticas que la integran, la Colección Alicia Koplowitz-Grupo Omega Capital no tiene vocación enciclopédica, sino que su conformación ha tenido como guía el rumbo marcado por Alicia Koplowitz de acuerdo con sus gustos, criterios y la fidelidad que ha sentido siempre por determinados artistas, como Goya, Picasso, Giacometti, Willem de Kooning o Miquel Barceló, por su crucial aportación en la progresión de la creación contemporánea.

Baile popular en la puerta de una taberna, por Luis Paret y Alcázar, h. 1770-75, óleo sobre lienzo, 40 x 53 cm, Colección Alicia Koplowitz-Omega Capital.

En este sentido, serían básicamente tres las líneas maestras que evidencian la “mano visible” de su artífice y dotan de peso argumental a la colección: por un lado, el interés de Alicia Koplowitz por el arte de los siglos XVIII, la época de la Ilustración, y el XX, la centuria de las grandes transformaciones que han forjado la identidad creativa del arte contemporáneo. Por otro, la gran presencia del universo femenino, desde los mitos clásicos de Afrodita, Dafne y Aracne o el evidente homenaje al mecenazgo de la IX duquesa de Osuna hasta las diversas formas de representación de la mujer en todas las épocas por las que transita la colección y la notable concurrencia de mujeres artistas. Y, por último, la búsqueda de un determinado ideal de belleza, que, para Zuzaga, es “un patrón idealista que encontramos en el largo discurrir cronológico de la colección, desde Grecia hasta el homenaje que dedica Ai Weiwei a la ‘divina proporción’ de Luca Pacioli, y en el que la escultura se erige como el hilo conductor que evidencia la persistencia del canon”.

Mujer de Venecia I, por Alberto Giacometti, 1956, bronce, 105 x 14 x 30,5 cm, Colección Alicia Koplowitz-Omega Capital.

Los interesados en leer el artículo completo, pueden hacerlo comprando la revista Descubrir el Arte de agosto que permanecerá en quioscos hasta finales de mes o en formato digital en Orbyt  o Kiosko y más

Ángela SANZ COCA

Tríptico, por Francis Bacon, óleo sobre lienzo, 119 x 57 cm, Colección Alicia Koplowitz-Omega Capital.

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