Pasado y presente: tres miradas insulares

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La Fundación de Arte y Pensamiento Martín Chirino, en su sede del Castillo de la Luz en las Palmas de Gran Canaria, entrelaza las aventuras artísticas de Óscar Domínguez, Manuel Millares y Martín Chirino. La exposición, comisariada por Juan Manuel Bonet, indaga sobre la influencia de las raíces prehispánicas del archipiélago canario en estos tres artistas cruciales en el devenir del arte español del siglo XX. Hasta el 1 de octubre

La Prehistoria de Canarias siempre fue un episodio cargado de misterio. Un lugar fuera del tiempo en el que el conocimiento racional se quiebra dejando paso a la explicación simbólica y mítica del mundo. Y, por tanto, una fuente inagotable para el artista, que no ha dejado de formular interrogantes a través de sus obras, en la medida en que la pregunta sobre el origen ha sido siempre, para todas las culturas, un manantial inagotable de indagación. Picasso, volviendo su mirada hacia las figuras íberas y los rostros africanos. Breton, coleccionando máscaras arcaicas de las islas de Oceanía. Ángel Ferrant, sosteniendo en el aire unas quebradizas figuras inspiradas en los dibujos fósiles hallados en las paredes de las grutas de Altamira. Todo ello nos recuerda que cualquier innovación en el arte lleva implícita una mirada hacia el pasado.

Sobre estas líneas, El viento, por Martín Chirino, 1960, hierro forjado, 26 x 37 x 23 cm, colección particular. Arriba, de izquierda a derecha, Cueva de guanches (detalle) de Óscar Domínguez, Afrocan de Martín Chirino y Pictografía canaria (detalle) de Manuel Millares.

También es esta, en cierto modo, la tesis que plantea el primer proyecto expositivo temporal que presenta, hasta el próximo 1 de octubre, La Fundación de Arte y Pensamiento Martín Chirino de Las Palmas de Gran Canaria, en su sede del Castillo de la Luz, una entidad que abrió las puertas hace dos años. Con ella asistimos a la confluencia de tres creadores cruciales en el devenir del arte español del siglo XX. Óscar Domínguez, Manolo Millares y Martín Chirino: una reflexión insular, comisariada por Juan Manuel Bonet, entrelaza las aventuras artísticas de estos tres faros de la cultura española contemporánea a través de una muy cuidada selección de obras, materiales documentales y arqueológicos.

Cueva de guanches, de Óscar Domínguez, 1935, óleo sobre lienzo, 81 x 60 cm, Madrid, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

La muestra, dividida en tres plantas de la antigua fortaleza, muestra un total de 50 obras y un gran material documental procedentes de colecciones privadas y públicas, entre ellas la emblemática Cueva de guanches de Óscar Domínguez prestada por el Reina Sofía y en la que el artista evoca su tierra natal.

Y justamente la primera planta está dedicada a Óscar Domínguez (San Cristóbal de La Laguna, Tenerife, 1906-París, 1957), cuya pintura se caracteriza por una práctica pictórica enmarcada en la intuición onírica, presidida por un espíritu liberador en estado puro que está en perfecta consonancia con el surrealismo. En sus cuadros de la primera mitad de los años treinta hay una alusión constante al pasado prehispánico, como sucede en las célebres pinturas Cueva de guanches (1935) o El Drago de Canarias (1933), presentes en la muestra. Además se muestran algunos ejemplares de la Gaceta de Arte con textos de Agustín Espinoza, un retrato de César Manrique y distintas fotografías tomadas por el pintor y crítico Eduardo Westerdahl.

El drago de Canarias, por Óscar Domínguez, 1933, óleo sobre lienzo, 82.5 x 61.5 cm, A Coruña, Colección de Arte Abanca.

Una arqueología de perfil más cognitivo es el que predomina en la obra de Manolo Millares (Las Palmas de Gran Canaria, 1926-Madrid, 1972), de quien esta exposición presenta la fascinante pictografía Mundo aborigen (1954) y varios óleos sobre arpilleras de una sorprendente factura. También, claro, el no menos impactante retrato del poeta grancanario Alonso Quesada, escritor simbolista sin el que sería imposible comprender la tradición de la poesía canaria moderna.

Pictografía canaria, de Manuel Millares, 1951, óleo sobre tabla, 60 x 72,5 cm, Madrid, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Las inscripciones aborígenes canarias ejercieron una inusitada fascinación en Millares y en Martín Chirino (Las Palmas de Gran Canaria, 1925), un sortilegio del que ya nunca podrían renunciar y a cuya elemental sintaxis sería fiel la creación escultórica del segundo, reconstruyendo en nuestro presente el gesto iniciático de la espiral sobre la piedra, ahora fundida en hierro y forjando un espacio que la libera de su prisión terrestre. De entre las series que reivindican el pasado prehispánico y la africanidad de las Islas, destaca Las reinas negras o Mi patria es una roca, alusiva al poema de corte regionalista de Estévanez, universalizado aquí por la solidez de la poética de un escultor que ha sabido interpretar los signos esenciales de las Islas y elevarlos a un lenguaje internacional.

Reina Negra, 1952, madera de limonero y piedra volcánica ocre, 100 x 20 x 20 cm, Colección Rafael Monagas.

Un pequeño extracto del artículo de Isidro Hernández Gutiérrez (conservador del Tea Tenerife Espacio de las Artes), que publicaremos en la revista de septiembre.

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