Manuel Rivera: la austeridad expresiva del alambre, el hierro y la madera

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Bajo el título Obra íntima, la galería Leandro Navarro de Madrid acoge una muestra dedicada a uno de los artistas más significativos de la abstracción en España de la segunda mitad del siglo pasado. Un conjunto de trabajos fechados entre 1960 y 1982 cuyo soporte es el papel, cartón o cartulina. Hasta el 31 de octubre

Manuel Rivera Hernández (Granada, 23 de abril de 1927-Madrid, 2 de enero de 1995) fue uno de los fundadores de el grupo El Paso junto a Manolo Millares, Antonio Saura, Rafael Canogar, Luis Feito, Antonio Suárez, Pablo Serrano, Juana Francés, José Ayllón y Manuel. Pero hasta llegar a formar parte de este grupo integrado por artistas y críticos de arte que revolucionó el arte español de la posguerra y que introdujo el informalismo en España, Rivera había recorrido un largo camino. Sus primeros pasos en el arte los dio en el taller del imaginero Martín Simón donde aprendió el oficio de esculpir la madera y el yeso, pasando después a la Escuela de Artes y Oficios de su Granada natal donde tuvo de profesores a Gabriel Morcillo y Joaquín Capulino.

Sobre estas líneas, Sin título, 1960, guache y tinta sobre cartulina, 70 x 50 cm. Arriba, Sin título, 1976, técnica mixta sobre cartón, 51 x 72,5 cm. Todas las obras son del artista Manuel Rivera y se exponen en la galería Leandro Navarro de Madrid.

Con solo 24 años es nombrado profesor de pintura y dibujo en la Escuela Superior de Bellas Artes de Sevilla, expone su trabajo en la Asociación de la Prensa de Granada y participa en la Primera Bienal de Arte Hispanoramericano de Madrid. A mediados de la década de los cincuenta, Rivera comprende que “era imposible evolucionar dentro del proceso tradicional de la pintura. ‘No había riesgo, no existía la aventura’, nos dice atrapado en un impasse de dudosa salida”, escribe Juan Vida en el catálogo de la muestra de la galería Leandro Navarro.

Un cambio que había empezado a gestarse en 1953 cuando es invitado por el Instituto de la Cultura Hispánica a participar en el Curso Internacional de Arte Abstracto en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo (Santander) donde coincide con críticos de arte y otros artistas, con algunos de los cuales unos años más tarde formará el grupo El Paso. A partir de ese momento, Manuel Rivera da un giro decisivo y lleva a cabo sus primeros ensayos con la abstracción, como en sus series Albaicines.

Escultura para mutación, XI (Boceto para escultura), 1982, técnica mixta, 60 x 60 x 60 cm.

En 1956 el artista se va a París donde descubre un arte contemporáneo que no se veía en España y emprende la búsqueda de un lenguaje propio. Y es en esos momentos cuando integra las telas metálicas en sus obras como soporte artístico, en un primer momento sobre bastidores de madera y un poco después de aluminio. Como explicaba el propio artista a Marisa Rivera Navarro: “Compré un rollo de tela metálica, lo llevé al estudio, lo contemplé durante días, y casi a ciegas comencé a trabajar sobre él. En ese momento comenzó mi aventura.”

El artista intuye, “desde la más absoluta incertidumbre, que hay otro arte por descubrir más allá del cuadro. Y en efecto, Rivera encuentra la respuesta a su búsqueda al otro lado del cuadro, en la red transparente de las telas metálicas en las que cayó atrapado para siempre en 1956”, explica Juan Vida.

Una aventura que atravesó distintas etapas y rupturas, desde el academicismo inicial de sus primeros años a la abstracción. Para Juan Vida, Manuel Rivera fue “dueño de un lenguaje plástico propio y renovador. (…) El vocabulario de su lenguaje visual se fundamenta en la austeridad expresiva del alambre, el hierro y la madera, sobre los que incorporaba adjetivos de referencias figurativas que transformaban sus obras en espacio, en reflejo y en agua, para volver, de este modo, a las celosías, a la trémula luz de los atardeceres y al espejo verde del agua estancada. Rivera encontró en el proceso constructivo la significación de su arte. Si fuera un pintor en el sentido estricto de la palabra, diríamos que pintaba pintando”.

Sin título, 1964, guache y tinta sobre papel, 54,5 x 39,5 cm.

Ahora, bajo el título Obra íntima, la galería Leandro Navarro (que representa el legado del artista) expone un conjunto de trabajos fechados entre 1960 hasta 1982 (algunos inéditos) cuyo soporte es el papel, cartón, cartulina y donde con tintas, collages, acuarelas, guaches y técnicas mixtas desarrolla su lenguaje más lírico y sensual. Una serie de obras que han sido seleccionadas por los galeristas y las hijas del artista, María y Elena, en el estudio del creador.

Las primeras obras que se encuentra el visitante son tres piezas de 1960, las más antiguas de esta muestra, y en ellas como afirma Juan Vida “Rivera aún no ha tratado de convertir la imagen en alusión o metáfora de otra realidad que no sea la de su propia materialidad”. Hay que destacar un exquisito dibujo de 1964 que ya responde “a un mundo muy riveriano de rectángulos transparentes superpuestos y pintados a base de estampaciones, estarcidos, pulverizaciones y dibujos con los que consigue la misma sensación de espacio en vibración que en sus obras de tres dimensiones”.

Boceto, 1979, guache sobre papel, 33 x 30 cm.

Para las obras sobre papel, Manuel Rivera “encuentra en las gasas, velos y encajes de lencería sus más valiosas herramientas para elaborar un discurso descaradamente erótico. En la colección que se muestra en esta exposición de Leandro Navarro hay tres sugerentes dibujos de pequeño formato, fechados alrededor de 1976, que contienen un alto significado sexual y una gran belleza formal”, añade Juan Vida.

Bienvenido sea, pues, este “recorrido ejemplar por la obra en papel de Manuel Rivera, que transcurre desde los primeros trabajos de comienzos de los sesenta, hasta los fechados en la década de los ochenta; un recorrido que ayuda a comprender la trayectoria elíptica que Rivera trazó en su vida y en su obra, alejándose y acercándose de forma cíclica y paradójica de sus referentes figurativos y del relato de sus orígenes”.

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