La vanguardia y el cuerpo en movimiento

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Organizada por la Residencia de Estudiantes y Acción Cultural Española (AC/E), la exposición Los poetas del cuerpo. La danza de la Edad de Plata muestra más de 300 piezas junto a documentos audiovisuales y gráficos en una lectura paralela que incluye óleos, dibujos, esculturas, carteles, diseños de decorados, trajes o escenografías de la vanguardia española. Residencia de Estudiantes (Madrid), hasta el 5 de abril

La Edad de Plata de la cultura española se centra en el primer tercio del siglo XX (1916-36), una época en la que la danza viviría su época de gran esplendor. Y precisamente esta exposición tiene como objetivo dar a conocer tanto el proceso creativo como la colaboración que se dio entre la danza y otras disciplinas como la literatura, la música y las artes en general. Y no podemos dejar de mencionar el acierto de que sean las salas de la Residencia de Estudiantes la que acoja esta muestra porque como explica Fernando Benzo, presidente de Acción Cultural Española (AC/E), fue una institución que propició el intercambio entre las artes, la ciencia y el pensamiento y un lugar de encuentro entre las corrientes intelectuales de la vanguardia y centro de referencia de la cultura de ese periodo.

Sobre estas líneas, Carlos Sáenz de Tejada, Ballets Espagnols de La Argentina, 1927, impresión mecánica sobre papel, 128 x 98 cm. Madrid, Museo Reina Sofía. Arriba, Salvador Dalí, maqueta para Bacchanale, 1939, acrílico sobre madera, 50 x 60 x 30 cm, Almagro, Museo Nacional del Teatro.

La danza ha formado parte importante de la Residencia de Estudiantes a lo largo de su trayectoria como también la colaboración entre sus miembros. En esa línea, hay que recordar que cuando Federico García Lorca tocaba el piano del Salón de la Residencia para ofrecer recitales de canciones populares españolas era habitual que Encarnación López, la Argentinita, se sumase con su cante y su baile. O que cuando La Barraca interpretaba obras del Siglo de Oro por los pueblos de España no faltasen tampoco la piezas bailadas.

Pablo Picasso, figurín de “El corregidor” para El sombrero de tres picos (obra de Manuel de Falla) de los Ballets Russe de Sergei Diaghilev, 1920, litografía, 26,2 x 18,9 cm. Granada, Archivo Manuel de Falla.

Así, durante esos años, “poetas, músicos, dramaturgos, pintores y escultores vinculados a la Residencia generaron sinergias alrededor de la danza, participando junto a bailarines y coreógrafos en proyectos colectivos que, en muchas ocasiones, lograron una internacionalización hasta entonces nunca vista en la cultura española. La fundación de la Compañía de Bailes españoles de la Argentinita, es uno de los ejemplos más ilustrativos, pues en ella colaboraron asiduamente Federico García Lorca, Ignacio Sánchez Mejías, Manuel Fontanals, Santiago Ontañón, Ernesto y Rodolfo Halffter, Francisco Santa Cruz, Alberto Sánchez, Rafael Alberti o María Teresa León”, comenta Alicia Gómez-Navarro, directora de la Residencia de Estudiantes.

Alberto Sánchez, boceto para la escenografía de La romería de los cornudos, 1933, pintura al agua sobre papel, 51,5 x 70 cm, colección particular.

Y ese es el objetivo de esta exposición, “recuperar esas contribuciones y mostrarlas en el marco de la aún poco conocida historia de la danza del primer tercio del siglo XX en España” y lo hace además ofreciendo una lectura asociada a otras artes y a otros ámbitos culturales como la literatura, la plástica y la música para ofrecer al espectador una lectura lo más amplia y completa de ese arte efímero y, por tanto, irrepetible.

Maquetas para Clavileño de Maruja Mallo, 1936.

Así, bajo el título Poetas del cuerpo. La danza de la Edad de Plata, comisariada por Idoia Murga Castro, profesora de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid, se exhibe una selección de más de tres centenares de piezas junto al apoyo de documentación audiovisual y gráfica escrita y una selección también de obras artísticas en cada una de las secciones en las que está dividida esta exposición.

Hipólito Hidalgo de Caviedes, Gerardo Atienza y María Brusilovskaya con sus discípulas, 1934, óleo sobre tela, 207 x 170 cm., colección particular, Burgos.

En definitiva, una lectura paralela entre óleos, dibujos, esculturas, carteles, diseños de decorados y trajes de algunos de los artistas más destacados de la modernidad y la vanguardia: los lienzos de Zuloaga, Benedito y Romero de Torres establecen un diálogo con las esculturas de Benlliure, Mateo Hernández, Moreno Villa o Gargallo; el vestuario diseñado por Picasso, Bacarisas y Néstor se relacionan con los figurines de Miró, Benois y Fontanals, o los carteles de Antoni Clavé, Fábregas y Grau Sala con las escenografías de Dalí, Alberto Sánchez, Maruja Mallo o José Cababallero.

Ilustración de Gabriel García Maroto reproducida en Antonia Mercé, la Argentina, de Ángel del Río, Gabriel García Maroto, Federico García Lorca y Federico de Onís, Nueva York, Instituto de las Españas, 1930.

Un recorrido amplio en torno a la danza y sus variados estilos, desde el ballet clásico al flamenco y la danza moderna, con bailarines y coreógrafos que participaban en proyectos novedosos y de gran intensidad artística. Enriquecidos con la llegada a España de compañías extranjeras como los Ballets Russes de Diaghilev, Isadora Duncam y Anna Pavlova, entre otros. Este intercambio propiciará la creación e internacionalización de compañías españolas, entre las que destaca, como decíamos antes, la fundada por la Argentinita, que contó con la colaboración de Federico García Lorca, Ignacio Sánchez Mejías, Ernesto y Rodolfo Halffter o Rafael Alberti.

La Compañía de Bailes Españoles caracterizada para El amor brujo, 1933. De izquierda a derecha, Rafael Ortega, la Malena, Encarnación López (la Argentinita), Pilar López, la Macarrona y Antonio Triana. Fotografía de Martín Santos Yubero, Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, Fondo fotográfico “Martín Santos Yubero”.

La exposición está dividida en cuatro ámbitos que siguen una lectura cronológica: Una danza nueva, Los años de esplendor
, La danza en la Residencia de estudiantes: de Terpsícore a Telethusa y Un legado tras la Guerra Civil. Cada una de estas secciones se presenta de modo interdisciplinar, lo que facilita la reconstrucción de toda esta historia de la danza pero también de nuestro “reciente” pasado cultural, así además de las pinturas, esculturas, carteles o escenografías, como decíamos más arriba, también se muestran partituras como la del Amor Brujo de Falla, material audiovisual, alguno inédito, libros, documentos o maquetas.

Ignacio Zuloaga, La Faraónica (gitana azul), 1919, óleo sobre lienzo, 120 x 87 cm, colección privada duque de Terranova.

En resumen, animo a todos los interesados por la cultura en todas sus manifestaciones a que se acerquen a contemplar esta visión multidisciplinar e histórica de un periodo, en gran parte desconocido, de la historia de la danza y de la labor creadora y difusora de la cultura de la Residencia de Estudiantes. Muy recomendable

Carla TORRES

 

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