“Ostia Antigua”: restauración de los edificios del Decumano

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Tras cuatro años de intervenciones, se han abierto de nuevo al público 13.000 metros cuadrados, 187 espacios entre monumentos públicos y privados, termas, almacenes o tabernas, de este parque arqueológico que permite al visitante hacerse una idea de cómo era la vida cotidiana en esta ciudad portuaria del siglo II

El Parque Arqueológico de “Ostia Antica” añade ahora otro motivo más para ser visitado. Tras cuatro años de intervenciones se ha concluido la restauración de los edificios a lo largo del Decumano. A partir de ahora, quedan abiertos al público 187 ambientes recuperados, que hacen posible imaginar la vida diaria en la Ostia del II siglo. Así, ante la vista de los pórticos de los almacenes o de las decenas de locales comerciales, el visitante podrá revivir el gran flujo de individuos y carretas a lo largo de la arteria principal de la antigua ciudad portuaria.

Los edificios, ya listos para la acogida del público, son los que acompañan al visitante una vez que traspasa la antigua entrada de Puerta Romana y que ocupan sucesivamente un tercio del Decumano, ofreciendo una alternancia de monumentos públicos y privados, termas y locales comerciales.

Sobre estas líneas. ábside del frigidarium de las Termas del Envidioso. Arriba, vista panorámica del área restaurada.

El resultado de estos cuatro años de intervenciones ha sido la devolución de los parámetros de las siete obras de albañilería, así como acondicionar los espacios que se excavaron entre 1939-40: eliminar la vegetación y estudiar cada uno de ellos para detectar lesiones, puntos frágiles y precedentes intervenciones de restauración.

Cabe recordar que el Decumano, prolongación de la via Ostiense, atravesaba toda Ostia en un recorrido de dos kilómetros. Como explica Mariarosaria Barbera, directora del gran Parque Arqueológico: “Esta imponente restauración ha consolidado y limpiado los edificios a la izquierda del Decumano a lo largo de 670 metros lineales, dentro de un recorrido denso de monumentos, almacenes y locales comerciales. Entre Pórticos, Tabernae y Domus (imaginémoslas de dos o tres plantas, como indican las escaleras que todavía se conservan) se abren el llamado Monumento Republicano, el Templo Colegial (erigido bajo Cómodo y dedicado al emperador) y la Sede de los Augustales (una asociación de libertos dedicada al culto de los emperadores). Más allá, la manzana del Sol, ejemplo de construcción residencial y comercial, y el Mitreo de las Serpientes, con los frescos ahora protegidos por una nueva cobertura. Consolidados y restaurados, finalmente, los 31 ambientes en los que se articulaban las Termas del Envidioso (del siglo I,  debe su nombre a la palabra “inbidiosos” escrita en el mosaico de una pescadería en la misma área), que conservan  amplios mosaicos con figuras marinas. Se reabren al público 13.000 metros cuadrados de edificios restaurados con 1,8 millones de euros, una media de 138 euros por metro cuadrado”.

Detalle de la decoración en la pared de mármol del la Sede de los Augustales.

Sus orígenes romanos: tras la caída de la ciudad etrusca de Veio en 396 a.C., a finales del siglo IV a.C. fue construido un castrum con los dos ejes decumano y cardo, convirtiéndose en un campamento militar al que se le dio el nombre de Ostia (del latín ostium, desembocadura del río) a 16 millas de Roma, como avanzada de la capital. Desde el principio, Ostia, primera colonia romana, devino un puerto fluvial con la función del aprovisionamiento de las mercancías destinadas a Roma, dando prevalencia a su función estratégico-militar de base naval.

Siglos después, hacia finales de la época republicana, Ostia cobraba autonomía y se expandía transformándose en escala comercial de Roma, un destino que delinearía el aspecto urbanístico de la nueva ciudad, en cuyo desarrollo fue decisiva la época del primer emperador Augusto. De hecho, a principios del imperio, Ostia adquiere un nuevo aspecto urbanístico cuando su cometido militar fue perdiendo importancia (concluida con el traslado de la flota a Miseno por parte de Augusto) y prevaleció el carácter comercial marcado en poco tiempo por la construcción de algunos grandes almacenes o graneros, junto a otros ya existentes de época tardorepublicana.

Templo Colegial.

Augusto había impreso un notable cambio en la disposición urbana de la ciudad, monumentalizándola con el teatro en el decumano y redifiniendo su centro político, civil y religioso, el foro ciudadano (que debía presentar un primer Capitolium, seguidamente sustituido en época adriana por el actualmente visible), afrontado desde Tiberio en adelante por el Templo de Roma y de Augusto. Estos dos templos rompían netamente con el pasado, ya que los edificios sagrados de época republicana eran de dimensiones y materiales más modestos.

Su radical transformación se registró a partir del primer siglo después de Cristo, cuando con el último de los emperadores flavios, Domiciano, se determinó la necesidad de realizar nuevas viviendas, las insulae de alquiler, para alojar a la numerosa población que había ido llegando a Ostia. Un proyecto urbanístico que sustituía las casas precedentes por altos edificios de viviendas, concebido probablemente por el arquitecto Apolodoro de Damasco, ocupado por aquel entonces en el más grandioso encargo de los Foros Imperiales: el conjunto de los llamados Mercados de Trajano, que servía para hacer más fácil el aprovisionamiento de todas las mercancías procedentes de las más lejanas provincias para abastecer la creciente población de Roma.

Estructura urbana restaurada.

Con la llegada del emperador Adriano la nueva urbanización ya se había ultimado y con ella el aspecto de la ciudad se había transformado radicalmente.

Hasta principios del siglo V convivían pacíficamente itálicos, romanos, españoles, africanos, asiáticos, mediorientales y judíos, cuyos cultos se practicaban codo con codo: la sinagoga (entre las más antiguas de Europa), una quincena de mitreos y las aulas paleocristianas se elevan a breve distancia entre sí en la antigua Ostia, huella de una ejemplar tolerancia. En los siglos sucesivos a su abandono, Ostia invadida por la malaria, tuvo el epílogo común a todos los otros centros romanos despoblados: víctima de ineluctables saqueos y expolios de materiales empleados en nuevos edificios no solo de ámbito romano sino también relativo a las ciudades de Pisa y Amalfi.

Actualmente, la ciudad conservada es enorme, mayor que Pompeya, 36 hectáreas de arquitecturas romanas que surgen en un parque de 85 hectáreas. Dado que una parte considerable (dos tercios aproximadamente) queda aún por excavar, la nueva dirección de Mariarosaria Barbera está tratando de conseguir los recursos necesarios gracias a las ventajas fiscales para atraer a potenciales patrocinadores que ayuden a sacar a la luz el resto de aquella prestigiosa ciudad.

Mitreo de las Serpientes.

Carmen del VANDO BLANCO

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