Doris Salcedo: una escultora al servicio de las víctimas

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El Museo Reina Sofía (Palacio de Cristal) de Madrid acoge Palimpsesto, una sobrecogedora intervención en la que la artista colombiana homenajea a los inmigrantes que mueren ahogados en su intento por llegar a Europa. Hasta el 1 de abril

Doris Salcedo (Bogotá, 1958), partiendo de una concepción expandida de la escultura y apoyándose en una rigurosa labor de investigación experiencial, ha desarrollado a lo largo de su carrera, un complejo y multifacético trabajo en torno a la violencia política y el sufrimiento de aquellos que han quedado excluidos de unas condiciones de vida digna.

Todas las imágenes, Palimpsesto, por Doris Salcedo, 2016-2017.

Con sus creaciones busca (re)construir la historia, incompleta y fragmentada, de los seres que habitan en la periferia de la vida. No en vano, Salcedo suele describirse a sí misma como una escultora al servicio de las víctimas, concibiendo su obra como una oración fúnebre con la que trata de erigir los principios de una “poética del duelo”. Y lo hace desde la premisa de que solo a través del duelo, que ella considera la acción más humana que existe, se puede devolver la dignidad y la humanidad arrebatadas.

Palimpsesto, título de su intervención en el Palacio de Cristal y un proyecto concebido específicamente para este espacio, constituye un ejemplo paradigmático tanto del característico modus operandi de Doris Salcedo –sus proyectos suelen ser de largo recorrido y exigen un complejo y minucioso trabajo de conceptualización, investigación y ejecución–, como de su decidida apuesta por “presentar la violencia sin violencia”, por hacer perceptible el dolor sin necesidad de mostrarlo explícitamente.

Así, del suelo del Palacio surgen gotas de agua que lentamente se unen hasta formar los más de 200 nombres entremezclados con las propias historias de estos hombres y mujeres (documentados e investigados previamente por su equipo) que se han ahogado al intentar llegar a Europa en busca de una vida mejor. La artista colombiana visibiliza así uno de los hechos más dramáticos e ignominiosos de nuestra historia reciente: la muerte de miles de personas en las aguas del Mediterráneo ante la indiferencia, cuando no (in)consciente complicidad, de una sociedad europea anestesiada y en peligrosa deriva hacia un cierre identitario.

Un proyecto que, según afirmaba la artista, ha sido uno de los más importantes de su vida. Cinco años de investigación y diseño que ha implicado a 30 personas, entre informáticos, arquitectos, ingenieros, químicos o documentalistas, que han trabajado junto a ella en su taller. Y tres semanas encerrada junto a nueve de sus colaboradores en el Palacio de Cristal del Buen Retiro para montar una instalación que pesa más de 20 toneladas sobre un suelo de arena y que utiliza materiales tratados con nanotecnología. Entre ellos, está Diana Cortés, una ingeniera especialista en hidráulica, que ha sido la encargada de construir el laberinto de 10 kilómetros formado por tuberías que conducen el agua bajo la superficie. Andrés Sandoval, el ingeniero de sistemas y diseñador del ordenador que se encarga de encaminar ese líquido a cada espacio. O Roberto Uribe y Andrés Suárez, que se han dedicado a documentar las historias de estos 200 nombres.

Retrato de Doris Salcedo.

En definitiva, Palimpsesto es un poema que habla del sufrimiento de los desheredados, de la desigualdad, de la injusticia y de la dignidad. Una instalación a la que el visitante tiene que acercarse sin prisas, dar tiempo para ir descubriendo la tragedia que se oculta detrás de cada nombre. Porque como comenta Doris Salcedo en una entrevista a Jesús Ruiz Mantilla, “esta pieza maneja un ritmo de hechos no ocurridos con la intención de hacerlos presentes. El futuro se construye sobre las ruinas del pasado y el arte ayuda a elaborar esa llamada de atención”.

Instalación de Doris Salcedo en la plaza Bolívar (Bogotá), julio de 2007. Foto: Juan Carlos Sierra.

Reconocida como una de las artistas más destacadas de su generación, entre otros galardones recibió en 2010 el Premio Velázquez de las Artes Plásticas del Ministerio de Cultura español, su obra ha sido objeto de una importante retrospectiva en el Museum of Contemporary Art de Chicago (2015) que itineró por otras sedes norteamericanas hasta finales de 2016.

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