Isabel Villar y su País de las Maravillas

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La galería Fernández-Braso (Madrid) dedica una exposición a esta artista salmantina comisariada por Alberto Anaut, gran conocedor de su obra y fundador de La Fábrica y PHotoEspaña. Un total de 23 pinturas y 2 esculturas recorren la trayectoria vital desde sus primeras obras hasta la actualidad de una creadora que afirmaba en sus comienzos que quería “pintar de otra manera, pintar como mujer”. Hasta el 3 de marzo

El mundo interior de Isabel Villar (Salamanca, 1934) -ensoñado, imaginativo, fantasioso, infantil- ha configurado un lenguaje pictórico plenamente reconocible y personal, inimitable y de difícil clasificación. “Neofigurativa”, “neosurrealista”, “microrealista”, “neorromántica”, “ingenuista”, “primitivista”, “naíf”, “erótica”, “feminista”, son algunos de los términos que se han utilizado a la hora de describir su trabajo, el cual, más allá de cierta simplicidad y aparente ingenuismo; y de trasladar al espectador a un escenario de bondad y armonía, nunca ha estado exento de ironía, de crítica velada, de lecturas ambiguas.

Sobre estas líneas, Cinco mujeres en el río, 2008, acrílico sobre lienzo,100 x 81 cm. Arriba, Familia del obispo, 1974, acrílico sobre tabla, 120 x 181 cm. Todas las obras de Isabel Villar, cortesía de la galería Fernández-Braso.

La exposición está formada por veintitrés pinturas sobre lienzo y dos esculturas, y recorre la trayectoria de Isabel Villar desde sus comienzos hasta la actualidad. Reúne algunos de los temas y de los personajes fabulosos surgidos de su imaginación. Sus solitarias mujeres desnudas en medio de utópicos jardines, o aquellas que disfrutan en grupo de su propio paraíso terrenal. Los retratos de familia junto a animales salvajes domesticados, o las imágenes de novios y recién casados. Niñas mariposa volando y multiplicándose, conciertos para rebaños y ángeles feminizados representando escenas cotidianas.

Verano, 2017, acrílico sobre lienzo, 100 x 81 cm.

“Desde el primer momento, Isabel supo que quería pintar de otra manera. Pintar como mujer. Igual esto, cuando han pasado sesenta años, suena extraño; pero en la España de los años cincuenta, de los años sesenta, era toda una rebeldía”, escribe Alberto Anaut. Esta idea se materializó en el año 2012 incluyendo a Isabel Villar en la exposición Genealogías feministas en el arte español: 1960-2010, comisariada para el MUSAC por Juan Vicente Aliaga y Patricia Mayayo.

Noche tranquila, 1972, acrílico sobre tabla, 81 x 100 cm.

Isabel Tejeda Martín afirma que “la de Villar fue una apuesta severa en un momento en el que el epíteto ‘femenino’ se utilizaba de una forma trivial para indicar, bajo un aparente análisis formal o de discurso de una obra, que la autora era una mujer (…). Su obra seguía el camino de la crítica social, tan pertinente durante esos años, pero sirviéndose de un lenguaje en apariencia inocente para colarse de rondón de forma perversa”.

El rayo de sol, 1973, acrílico sobre tabla, 89 x 116 cm.

Savater titulaba El jardín de la madre, su monografía sobre la artista; Josep Meliá hablaba de “Lucha de clases en el Paraíso”; Fernando Huici “Irónico Edén”; Miguel Logroño se hacía eco de “la polémica de lo naïf” y Javier Rubio, entre otros muchos, escribía “viaje al diván del psicoanálisis”.

En la piscina, 1972, madera y acrílico, 35 x 44 x 43 cm.

Al finalizar el texto del catálogo, Anaut comenta que “esta exposición repasa la obra de Isabel Villar, vista desde el principio de 2018, y produce asombro. Como en un escenario gigante, a lo largo de este tiempo, la pintora ha ido creando, pieza a pieza, su mundo particular. Aquella exposición inaugurada en plenas navidades de 1970 trajo al mundo una nueva pintora, radicalmente diferente. La joven que había salido en 1958 con su diploma de la Real Academia de Bellas Artes bajo el brazo, ha construido en cincuenta años el País de las Maravillas”.

En el jardín, 1972, madera y acrílico, 38 x 43 x 33 cm

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