Creación haitiana

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Hasta el 7 de marzo, la Casa de Cultura de San Lorenzo de El Escorial (Madrid) acoge una exposición de obras artísticas de Haití. Un arte que destaca por el mestizaje cultural, histórico y étnico de raíz africana con las americanas y europeas, sin olvidar una importante influencia religiosa de diversa índole

A principios de los años cuarenta surge el denominado arte naíf, cuya esencia brota del campo anímico de la inocencia y la sencillez, siendo la espontaneidad, ingenuidad y pureza tres de sus características más destacadas. Es un término utilizado para calificar la producción pictórica, escultórica o arquitectónica elaborada por una persona que, por lo general, no posee formación artística previa, de modo que en la mayoría de los casos, los “artistas naif” han sido autodidactas.

Sus obras originales se venden al mejor postor, en las galerías de arte de Port-Au-Prince. Se da a conocer después de la Segunda Guerra Mundial y durante los últimos treinta años se ha convertido en un importante producto de artesanía para la exportación. Entre sus máximos exponentes se encuentran Bernard Sejourne, Rosa María Desruisseaux, Jean-Claude “Tiga”, Dumbrevil, Frank Etienne, Louverture Poison o Philippe Dodar.

Destacan también importantes escuelas de formación académica, como la Escuela del Cabo Haitiano (Cap-Haïtien), cuyas obras costumbristas reflejan la vida diaria en la ciudad; la Escuela de Jacmel, que refleja la cumbre de la montaña, con la ciudad costera abajo, y la Escuela de Saint Soleil, fundada por Prosper Pierre Louis, nativo de la localidad de Bainet, y el artista autodidacta “Tiga”, caracterizado por su estilo abstracto y una fuerte influencia de simbolismo vudú.

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