Los paisajes urbanos de Coro López-Izquierdo

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Bajo el título Construyendo entornos, la galería Ansorena (Madrid) presenta el nuevo trabajo de la artista madrileña que gira en torno al paso del tiempo en la arquitectura, el entorno urbano y la naturaleza. Unas piezas realizadas en técnicas tan diversas como óleo, fotografía, collage, grafiti o esculturas ensambladas en el propio cuadro. Hasta el 16 de marzo

Formada como arquitecta, Coro López-Izquierdo (Madrid, 1958) proviene de una saga dedicada a esta profesión, una disciplina en la que era imprescindible el dominio del “dibujo de estatua” si se quería ingresar en la Escuela de Arquitectura, y para cuya enseñanza su abuelo llegó a fundar una academia.

Sobre estas líneas, Maripepa 1, 2015-17, técnica mixta, óleo y collage sobre lienzo, 85 x 192 cm. Arriba, Maripepa 2, 2015-17, técnica mixta, collage y óleo sobre lienzo, 85 x 135 cm. Todas las obras de Coro López-Izquierdo y forman parte de la exposición Construyendo entornos en la galería Ansorena (Madrid).

Así, no es extrañar que López-Izquierdo sea una excelente dibujante y pintora, una actividad esta última a la que comenzó a dedicarse en 1988 y que compagina con la enseñanza de Dibujo Arquitectónico en la Escuela Técnica Superior de Edificación en la Universidad Politécnica de Madrid. Todo este bagaje ha impregnado además su universo pictórico, tanto porque en sus obras combina las dos disciplinas, al interpretar la arquitectura en clave plástica, como por su reflexión continua, conceptual y estética, sobre el espacio urbano.

Como comenta Amalia García Rubí en el catálogo de la exposición Construyendo entornos, “de sus manos han salido cuadros extraordinarios que aúnan afán investigativo, lirismo y destreza, superando el arte de género tanto como el realismo tradicional”. Unos aspectos que son patentes en el conjunto del trabajo que muestra ahora en la galería Ansorena, integrado por óleos de gran tamaño de arquitectura urbana, algunos dibujos y una selección de breves y delicados paisajes pintados sobre planchas de metal, “donde el motivo de masas boscosas queda relegado a la impresión meditada, como filtrada por el tamiz de la síntesis natural, para crear atmósferas y reflejos que denotan una enorme sensibilidad perceptiva”, añade García Rubí.

Unos paisajes que, como los que realizó este pasado otoño en un pantano cerca de La Granja (Segovia), son de un gran virtuosismo y belleza al combinar las fotografías tomadas a distintas horas del día con el óleo que la pintora aplica en los espacios donde le interesa enfatizar la luz, el color de los árboles y su reflejo en el agua.

Reflejos de otoño en pantano, 2018 (17h.58′), fotografía y óleo sobre dibond de aluminio, 36,3 x 55 cm.

Y volviendo a su trabajo más reconocido y constante, el llamado “paisaje urbano”, la artista condensa en sus lienzos la metrópoli contemporánea, encarnada en ciudades como Berlín, París, Nueva York o Madrid. En sus obras, López-Izquierdo muestra siempre urbes despobladas de figuras humanas pero saturadas de señales de su presencia, como bicicletas y motos (“incluyo muchas en mis lienzos porque me gusta el giro de la rueda y también porque recorro imaginariamente con ellas las calles”), automóviles, andamios, basuras, anuncios o señales. Todo esto remitiría a un mundo detenido, si no fuera porque la vida aflora en los grafitis callejeros que se despliegan por las fachadas y medianerías de los edificios que aparecen en sus obras.

Homenaje a Iade, 2015, óleo y foto sobre lienzo, 192 x 143 cm.

En una entrevista durante el montaje de la exposición, López-Izquierdo nos comentaba que le gusta vagabundear por la ciudad documentando sus calles y buscando ese “golpe estético que me sugiera algo”, y que le atraen especialmente las que son un poco decadentes, con un pasado boyante pero degradadas por el paso del tiempo, como algunas de Italia, especialmente Nápoles, o Palermo y Siracusa, en Sicila. La artista se detiene en cada textura, grieta, mancha de suciedad o desconchón, que capta en fotografías porque sabe que, pasado el tiempo, todas estas imágenes serán la materia de la que se nutrirá para elaborar su pintura. Y añade que la ciudad nueva, de acero y hormigón, no le sugiere nada porque esos materiales no se degradan, “en este caso, lo único que podría quizá motivarme sería pintar los reflejos”, desde luego algo muy diferente.

Documenta Kassel, 2014, técnica mixta y óleo sobre lienzo, 192 x 192 cm.

Pero hay que puntualizar que a Coro López-Izquierdo no le interesa retratar edificios sin más, sino que lo que verdaderamente quiere plasmar es la transformación diaria de la ciudad y tomar nota de cada cambio. Descubre la azulejería y también los grandes murales y pequeños gafitis realizados por otros artistas, anónimos y conocidos, en muros o persianas, se empapa del estilo, el sentido y la técnica de cada trazo porque, como explica, le interesa mucho el arte urbano, que considera la decoración de fachadas del siglo XXI. Hay otro punto también muy interesante en su trabajo, la metapintura, o la pintura dentro de la pintura, ya sea la de esos otros artistas urbanos o los grafitis que realiza la propia pintora en sus obras. Así, la artista no es una mera cronista de lo urbano, sino que hace suya la ciudad asumiendo los roles del paseante, del arquitecto, de la restauradora y de la artista, según el momento.

Artistas como Boa Mistura, Roa, Liu Bolin, Seth o Mentalgassi quedan referenciados en sus obras. Pero no solo eso, ya que Coro López-Izquierdo va un paso más allá y realiza propuestas personales de arte urbano en algunas fachadas de sus obras de lugares que ha visitado (como el gran racimo de uvas y la botella de vino de las persianas metálicas del cuadro Bodega de la Ardosa) e, incluso, invita a otros artistas a intervenir sus fachadas.

Propuesta de arbolado en la plaza Santa Ana, 2017, técnica mixta y óleo sobre lienzo, 192 x 135 cm.

Coro López-Izquierdo nos comenta que no le interesa representar la realidad tal y como es, sino que, partiendo de algo existente, cambia proporciones (como en Taberna Pompeyana, situada en una calle tan estrecha que desde enfrente sería imposible vislumbrar el interior), elimina elementos que resultan accesorios, como ventanas o carteles, y añade otros nuevos para generar su propia interpretación de esa realidad, algo que podríamos resumir en el deseo de plasmar la ciudad que le gustaría que fuese, como en el grafiti que representa un frondoso árbol en la fachada del Teatro Español de la plaza Santa Ana (Madrid) porque, como afirma la artista, “a la ciudad le falta verdor”.

Taberna Pompeyana, 2016-17, óleo y collage sobre lienzo, 96 x 192 cm,

En algunos casos, como en sus cuadros de la calle Cervantes de Madrid de 2011 y 2015, el espectador puede ver cómo ha ido cambiando la calle en estos años y cómo la intervención que llevó a cabo el colectivo Boa Mistura ha desaparecido, un arte por otra parte efímero pero que ha quedado registrado para la posteridad en el óleo de Coro López-Izquierdo. Así, a través de sus catálogos, que son como registros de todos esos cambios, podríamos hacer un seguimiento de las transformaciones que ha sufrido un determinado espacio urbano, lo que entronca con la idea del cuadro vivo, que se actualiza al igual que lo hace la calle.

Bar España, 2015-17, óleo, collage y escultura en bronce sobre tabla, 120 x 120 x 10 cm.

Por otra parte, la maestría formal de la artista se hace patente en la conjugación de técnicas y procesos, como en los collages o las esculturas en bronce que van atornilladas en sus cuadros (por ejemplo, el personaje que aparece en la obra Bar España). En definitiva, Coro López-Izquierdo es mucho más que una  cronista de la vida urbana porque en sus obras capta exquisitamente la atmósfera y exalta la belleza de lo imperfecto en esos fragmentos de ciudades y de la vida cotidiana para mostrarnos a todos su visión de la ciudad. Una exposición muy recomendable, en la que la artista invita al espectador a reflexionar sobre las relaciones entre arquitectura y vida urbana.

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