La Umbría mística, donde se escucha el silencio

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Una de las razones posibles de la gran concentración de lugares santos en esta región italiana es su alejamiento del mar lo que ha propiciado que durante siglos haya vivido apartada. Una espiritualidad que todavía se desprende en sus caminos, basílicas y santuarios diseminados entre colinas. Ofrecemos un recorrido por Terni, donde fue obispo san Valentín, Spoleto o Asís

A partir de san Valentín, patrono del amor, conmemorado en la fecha de su decapitación, fueron Benito, Escolástica, Francisco, Clara, Ángela, Rita, Verónica y tantas otras almas más anónimas las que personificaron la santidad en el territorio umbro.

A 113 km de Roma, a la salida de la región, surge Terni, una localidad que se constituye como la memoria geográfica del obispo y mártir san Valentín (Terni, 176- Roma, 273), venerado en todo el mundo como patrono de los enamorados (parece ser, que pese a la prohibición oficial, de sacerdote oficiaba matrimonios entre paganos y cristianos). Fue obispo de Terni a partir del año 197. En esta ciudad se erige la basílica que lleva su nombre y donde se conservan sus restos. Adorado por su comportamiento honesto, pío, humilde y caritativo, ya en vida fue considerado santo por los milagros que protagonizó.

Sobre estas líneas, Foligno. Arriba, interior de Santa Illuminata, Montefalco.

Tras obtener la gracia del emperador Claudio, con la llegada de Aureliano fue arrestado, condenado y decapitado un 14 de febrero, día de su conmemoración. Sobre su tumba fue levantada en el siglo IV una basílica donde aún se custodian muchas de sus reliquias. La primera basílica de San Valentín se levantó sobre un antiguo cementerio cristiano pero fue destruida en el siglo VI. Ya en el  XIII se volvió a construir la iglesia que fue terminada en el XVII. En 1630 los restos del santo se colocaron en una urna de plata, situada bajo el altar mayor, donde aún continúan. Tradicionalmente, el 14 de febrero se celebra la Fiesta de la Promesa en la misma basílica: parejas de toda Italia y otros lugares del mundo se intercambian una promesa solemne de matrimonio al tiempo que las parejas que cumplen muchos años de unión sacramental renuevan sus votos.

Si bien, indudablemente es san Francisco (Asís, 1182-1226) el hijo más conocido de Umbría, una tierra que sigue permeada del mensaje de amor y de paz predicados por el “pobrecillo de Asís”.  Canonizado en 1228, aquel pequeño gran hombre se definía a sí mismo como “simplex et idiota” aun siendo en realidad un genio de la poesía y un místico enamorado de Dios. Llamaba a todas sus criaturas, alabándolas por su belleza, fuerza y humildad: hermano Sol, hermanas estrellas “claras y bellas”, hermana agua “humilde, útil, preciosa y casta” y hermana incluso a la muerte, natural para un santo que anhelaba reunirse con Dios, convirtiéndose, con los estigmas de la crucifixión en su propria carne, un alter Christus.

Sangiovenale, Narni.

Francisco recorrió toda la región y dejó una profunda huella porque su fe constituía la evangelización de la sociedad de entonces y convirtiéndose en ejemplo para creyentes y no creyentes. Son numerosas las zonas umbras empapadas de señales franciscanas en las que se viven experiencias espirituales particularmente intensas en absoluta armonía con la naturaleza. Muchos peregrinos deciden abrazar esta espiritualidad siguiendo uno de los itinerarios a través de La Verna, Montecasale, Cittá di Castello, Umbertide, Gubbio y naturalmente Asís, con su magnífica basílica magistralmente reconstruida tras tras el terremoto que la dañó enormemente y la iglesia de San Damián, restaurada por san Francisco.

Su compañera, amiga y confidente Clara (Asís, 1193-1253) supo traducir el espíritu franciscano masculino al femenino, radicalizando el ascetismo y misticismo además de dar vida, según el ejemplo de la orden franciscana masculina, a la orden de las Clarisas.

Palazzo Comunale, Montefalco.

En el territorio de la localidad umbra de Norcia, tierra natal de san Benito (Norcia, 480- Montecassino, 547), duramente mutilada por los últimos terremotos –21 iglesias han resultado total o fuertemente deterioradas y de los hoteles existentes solo uno, Séneca,  del siglo XVI,  se ha salvado– permanecen milagrosamente en pie antiguas abadías, de arquitectura sólida y robusta como fortalezas, testimonios de un período de historia borrascoso pero también glorioso para el monacato benedictino, que contribuyó a crear los cimientos culturales de Europa. De los montes de Norcia, entre verdes bosques y floridas mesetas, partió san Benito, aquel gigante del espíritu, patrono de Europa desde el 24 octubre de 1964, acompañado de su hermana gemela santa Escolástica, rumbo a Roma, sucesivamente a las grutas de Subiaco y finalmente a Montecassino en 529, ejemplo y modelo para todos los monasterios benedictinos que surgirían en cada rincón de Europa. Con su regla, enseñó a los monjes que rezar es “obra divina” y que trabajar es una misión plena y dignamente humana: recordemos que su lema era y es ora et labora.

Así pues, san Benito, fundador de la orden masculina, y Escolástica, de su correlato femenino, sucedidos a lo largo de los tiempos por reformadores que añadieron al carisma original una especial y propia espiritualidad (como la de san Romualdo). Desde Norcia, sus caminos se deslizan entre Spoleto, Terni, San Cassiano y Narni, auténticas joyas artístico-arquitectónicas.

Foligno.

Por su lado, la santidad femenina de Umbría dio vida a un grupo de mujeres que quisieron unirse místicamente como esposas de Cristo. De ellas encontramos sugestivos ejemplos que hablan con humildad y modestia del arte popular como es amplia y profundamente popular la devoción que las arropa. De Escolástica a Clara de Asís la santidad femenina se concretiza en Clara de Montefalco, mística de humildes orígenes que supo corregir los errores teológicos de sus visitantes como la franciscana, “maestra de los teólogos”, la beata Ángela de Foligno y además, en la misma localidad, la beata Angelina de Montegiove que abandonó una existencia noble para abrazar la pobreza. En Casia, maduró en años de oración y de sufrimiento la especial virtud de Rita (Rocaporena,  1381-Casia, 1457), llamada por el pueblo “la santa de lo imposible”. Su casa natal aún se conserva con veneración y desde su ventana se ve el peñón donde Rita se retiraba para orar y meditar mientras la majestuosa basílica donde se la venera, se remonta a 1943. Una verdadera trabajadora de la paz fue la dominica beata Colomba de Rieti, activa en Perusa, para instaurar la reconciliación entre sus paisanos. Sin olvidar a la beata Lucia de Narni, que participó místicamente en la pasión de Cristo, marcada en su cuerpo por los estigmas.

Montefalco.

El itinerario sugerido recorre Perusa, Asís, Foligno, Montefalco, Casia, Norcia y Narni. Algunas de estas ciudades tratan de sobrellevar y superar los terribles efectos del último terremoto, ofreciéndose con renovado entusiasmo a los visitantes y peregrinos. Porque la Umbría sacra defiende su secular espiritualidad que combina con una puesta al día para poder acoger a personas de todas las edades.

Una autenticidad y una integridad que este territorio necesita mantener, o recomponer en muchos lugares, para abrirse, incluso con sus heridas, a una experiencia muy especial.

Carmen del VANDO BLANCO

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