Tres nuevas obras se incorporan al Museo del Prado

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Un óleo sobre cobre de Juan Sebastián Maíno, una acuarela de Luis Paret y una lámina de cobre grabada a buril de Gregorio Fosman, adquiridas entre 2016-2017, se exhiben al público en el edificio de Villanueva. Y con ello se da paso a un nuevo modelo de exposición: mostrar dos veces al año (primavera y otoño) las obras más relevantes que se incorporen a la pinacoteca nacional

El museo del Prado presentó el pasado 21 de mayo tres obras adquiridas en el transcurso de 2016-2017, con las que la pinacoteca madrileña inicia un nuevo modelo de exposición. La idea, explica Andrés Úbeda, director adjunto de Conservación e Investigación del Museo del Prado, es mostrar dos veces al año (en primavera y otoño) las obras más relevantes incorporadas a la pinacoteca. Así, en esta primera fase, se pueden ver estas tres obras incorporadas a sus colecciones, dos de ellas adquiridas por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, y una tercera comprada con fondos propios.

Sobre estas líneas, San Juan Bautista en un paisaje, por Juan Bautista Maíno (1581-1649), h. 1610, óleo sobre cobre con baño de plata, Madrid, Museo del Prado. Adquirido por el Estado en 2017. Arriba, detalle de la misma obra.

La primera de las piezas, que se exhiben en el edificio Villanueva, es San Juan Bautista en un paisaje, de Juan Sebastián Maíno. Un óleo sobre cobre con baño de plata de pequeñas dimensiones, alrededor de 20 por 12 centímetros. Adquirida por el Estado en 2017 por 375.000 euros y adscrita al Museo del Prado, esta pieza pertenecía a un coleccionista particular al que se le denegó el permiso de exportación. Una obra que destaca por su calidad, minuciosidad y por la evocación a Caravaggio en la figura de san Juan que aparece retratado junto a una roca sobre la que posa su brazo. Es una de las cinco obras firmadas del artista que se conocen.

Leticia Ruiz, jefa del Departamento de Pintura Española del Renacimiento del Museo del Prado, comentaba el día de la presentación que la obra se conocía desde 1935, gracias a la historiadora del arte británica Enriqueta Harris y que estos “caprichos de gabinete” eran muy demandados en la Italia del siglo XVII por los grandes coleccionistas. La pequeña pieza está en una urna de cristal, donde permanecerá en la sala 7A de Villanueva, junto con otros dos grandes cuadros de paisajes del pintor.

Auto de Fe celebrado en la Plaza Mayor de Madrid, por Gregorio Fosman, 1680, lámina de cobre grabada a buril, Madrid, Museo del Prado. Adquirida con fondos propios.

La segunda incorporación a las colecciones del Prado es una lámina de cobre grabada a buril de Gregorio Fosman, Auto de Fe celebrado en la Plaza Mayor de Madrid. El precio pagado a los anticuarios Palau Antiguitats, con fondos propios del museo, asciende a 6.000 euros. Se exhibe en la sala 16A del edificio de Villanueva, guardada también en una vitrina, junto al libro de José del Olmo en el que se incluye la estampa, que aparece desplegada. En la misma sala cuelga el gran lienzo de Francisco Rizzi del mismo título, Auto de fe celebrado en la Plaza Mayor de Madrid, que realizó tres años después  inspirado en el grabado de Fosman. La lámina, y el cuadro relatan la celebración del acto tanto religioso como político, organizado por la Inquisición, en la Plaza Mayor, que presidió Carlos II. La lámina estará expuesta alrededor de tres meses coincidiendo con una exposición municipal con motivo de los cuatrocientos años de la Plaza Mayor de Madrid.

Una celestina y los enamorados, por Luis Paret y Alcázar (1746-1799), 1784, pluma, pincel y aguada de colores, sobre papel verjurado, 410 x 300 mm, Madrid, Museo del Prado. Adquirido por el Estado en 2016.

Y, por último, la tercera adquisición expuesta es una acuarela (pluma, pincel y aguada) de Luis Paret, Una celestina y los enamorados, adquirida por el Estado en 2016 por 130.000 euros y adscrita al Museo del Prado y que ahora se exhibe en la sala 93 del edificio de Villanueva. La obra perteneció a José Milicua, historiador del arte, coleccionista, profesor de universidad y vocal del Patronato del Prado desde 1993 hasta su muerte en 2013, y que pusieron a la venta sus herederos. Esta acuarela está considerada como una de las más importantes del siglo XVIII español, tanto por su tamaño (no es frecuente ver formatos tan grandes en esta técnica) como por su factura (obra autónoma) o por  el tema que trata. Paret, que tenía un ejemplar de La Celestina, libro prohibido por la Inquisición, fue acusado de “facilitar” mujeres al infante don Luis.

Paret, con gran detallismo y un color extraordinario, describe una escena de La Celestina, una representación en sintonía con la idea clásica de este personaje, situado en un “ambiente decrépito” con objetos viejos y pasados de moda, animales como un murciélago, un gallo muerto, una gata y flores de adormidera; al fondo de la escena se ve a una joven pareja cerrando la puerta de una habitación con una cama.

“Es una obra excepcional, que invita a mirarla. Su colorido es extraordinario. Entre sus fuentes está el libro de Fernando de Rojas o El tacto, una obra del francés Jean-Baptiste Le Prince”, comentaba José Manuel Matilla, jefe de Conservación de Dibujos y Estampas del Museo del Prado. En Paret destaca “su dominio técnico, su precisión en el manejo de los pinceles y los colores, así como la delicadeza, elegancia y sofisticación de su trabajo”, añade Matilla.

Paret, que tuvo la desgracia de ser contemporáneo de Goya, se vio eclipsado por el maestro, aunque con esta obra novedosa anticipa algunos temas que interesarían y plasmaría Goya en sus Caprichos como la brujería, las relaciones sexuales entre hombres y mujeres, la falsedad en las relaciones o la vejez. La obra, que se exhibe en la sala 93, estará expuesta unos tres meses y se tiene que ver con luz reducida por motivos de conservación.

Carla TORRES

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