Suiza: un destino para disfrutar del arte

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La Confederación Helvética ha dado a la historia del arte grandes creadores como Giacometti, Paul Klee, Jean Tinguely, Ferdinand Hodler, Le Corbusier, Mario Botta o Herzog & De Meuron. Y fue también la cuna del dadaísmo, un movimiento que en 1916 se rebeló contra todas las convenciones, literarias, musicales o artísticas. Ofrecemos un recorrido por los museos y exposiciones temporales de este verano en siete ciudades suizas: Zúrich, Basilea, Berna, Lucerna, Lugano, Winterthur y La-Chaux-de-fonds

Suiza ha legado a la historia del arte contemporáneo grandes nombres y movimientos artísticos. En Borgonovo, en el seno de una familia de artistas, nacía, en 1901, Alberto Giacometti, un creador que representó como nadie hasta entonces la soledad del ser humano del siglo XX; sus esculturas, de una extrema delgadez, son producto de una de sus grandes obsesiones, la reducción de la materia, un concepto que el filósofo Paul Sartre definió con su célebre frase “entre la nada y el ser”. Paul Klee (Münchenbuchsee, 1879-Muralto, 1940), un pintor que utilizaba la música, la poesía y los sueños en sus cuadros y un gran maestro del color (“El color me posee, no tengo necesidad de perseguirlo, sé que me posee para siempre… el color y yo somos una sola cosa”). Jean Tinguely (Friburgo, 1925-Berna, 1991), el escultor de las máquinas cinéticas que creaba para que se autodestruyesen, como una forma de reflexión sobre la sobreproducción industrial. O Ferdinand Hodler, un creador esencial del paso del naturalismo del siglo XIX al expresionismo del XX, y que su país natal recuerda este año con varias exposiciones en el centenario de su fallecimiento en Ginebra en 1918. En definitiva, cuatro creadores que con su trabajo revolucionaron el arte de su tiempo.

Esculturas de Giacometti en el Kunsthaus de Zúrich.

Y en esta misma línea, no podemos olvidar el nacimiento del dadaísmo en 1916 en el Cabaret Voltaire de Zúrich, un movimiento que se oponía a la razón instaurada por el positivismo y que se rebelaba contra todas las convenciones, literarias, musicales o artísticas.

Y centrándonos en el presente, no podemos dejar de mencionar Art Basel, una de las ferias más veteranas del mundo y meca del arte contemporáneo, que se celebra todos los años en junio en Basilea. Además, a su estela han ido apareciendo otras ferias alternativas muy interesantes, cuya actividad se complementa con una amplia oferta museística y diversas programaciones especiales que han convertido a la ciudad en un gran escaparate de la creación contemporánea.

Paisaje con pájaros amarillos, por Paul Klee.

Suiza también ha sido la cuna de grandes arquitectos como Le Courbusier, que con sus diseños transformó la manera de entender la arquitectura y los edificios, o Mario Botta y sus construcciones futuristas, cuyos edificios de ladrillo se pueden ver sobre todo en su región natal, el Ticino; Peter Zumthor, considerado el “más místico de los arquitectos”; Herzog & De Meuron, que defienden una arquitectura con sentido, o Christ & Gantenbein, artífices entre otros del Kunstmuseum de Basilea. En el apartado del diseño, además de en otras facetas, los suizos han destacado en la creación de tipografías, como la Helvética, creada en 1956 por Max Miedinger; Adrian Frutiger, que diseñó la Univers y la Frutiger, o Paul Renner, que dio vida a la Futura.

Hay otro componente esencial para entender el mundo del arte en Suiza: el coleccionismo, que tiene un profundo arraigo histórico y un gran peso en la sociedad helvética. Un coleccionismo en el que que han tenido mucho que ver algunas de las grandes sagas de industriales del país, que a lo largo de los años han ido reuniendo importantísimas colecciones de arte, como la de Emmanuel Hoffman en Basilea o la de Oskar Reinhart en Winterthur.

Art Basel, Basilea, 2018.

Así, a diferencia de otros países europeos donde predominan los museos de titularidad solo pública, en la Confederación Helvética, hasta bien entrados los años setenta del siglo pasado, ha predominado la idea de que el arte tenía que contar con la ayuda privada, y aunque en los últimos años se han incrementado las subvenciones públicas, hay que remarcar que las cuatro instituciones expositivas más grandes abiertas desde 1992 han sido financiadas con medios privados, como el Museo Paul Klee.

Quizá no haya mejor ejemplo de la fructífera convivencia de lo público con lo privado, que el caso del Kunstmuseum de Basilea, cuyos fondos albergan, por un lado, una cuidada selección de arte moderno y contemporáneo de titularidad pública y, por otro, dos importantes colecciones privadas: la de Rudolf Staechelin y la de Im Obersteg, cuya nómina de grandes maestros resulta apabullante, con artistas como Kandinski, Picasso, Cézanne, Van Gogh, Gris, Giacometti, Klee, Mondrian, Ernst, Rothko, Léger, Munch, Chagall, Gauguin, Renoir, Pissarro, Braque, Manet, Monet, Warhol, Picabia, Andre, Polke o Richter.

Kunstmuseum, Basilea. Foto: Turismo de Suiza.

Así, de Zúrich a Berna, de Basilea a Ginebra, Lausana, Winterthur, Lugano, Lucerna o La Chaux de Fonds, las principales ciudades de la Confederación Helvética son las estrellas de una luminosa constelación de museos y centros de arte que, en conjunto, suponen una referencia a escala mundial y componen un recorrido artístico y cultural único que engloba todas las disciplinas creativas, desde la pintura a la escultura, la fotografía o el diseño, y todas las épocas, a lo que habría que añadir el atractivo de los propios edificios que los albergan y los entornos urbanos donde se incardinan, verdaderos paradigmas de la arquitectura y el urbanismo contemporáneos.

Formada por once museos, la asociación de Museos de Arte de Suiza (AMoS, por sus siglas en inglés) constituye el eje vertebrador y, al mismo tiempo, el máximo exponente de la amplia oferta museística que Suiza ha ido construyendo a lo largo de las últimas décadas, a partir de la eficaz y exitosa fórmula comentada de gestión cultural basada en la confluencia de iniciativas públicas y privadas.

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