Naturalezas muertas: lienzos silenciosos

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Hasta el 30 de septiembre, la Galería Saboyana de los Museos Reales de Turín acoge un conjunto de bodegones de creadores españoles en un recorrido que va desde el siglo XVII al XIX. Comisariada por Ángel Aterido, esta exposición plantea a su vez un diálogo con nueve pinturas italianas y flamencas

Las Salas Palatinas se abren a la naturaleza muerta española, gracias a la colaboración con el Bozar –el Palacio de Bellas Artes de Bruselas– y con el patrocinio de Intesa Sanpaolo. Así, Bélgica e Italia se unen en este homenaje a nuestro país, centrado en un periodo artístico en el que sobresalen grandes autores como Juan Sánchez Cotán, Juan de Zurbarán, LuIs Meléndez o Francisco de Goya. Un recorrido por la evolución del bodegón a lo largo de dos siglos de producción: desde la silente concentración de los lienzos del siglo XVII con la esmerada observación de los objetos de la naturaleza. Y, a través de las gloriosas composiciones barrocas, enriquecidas de decoraciones floreales y densas de significados simbólicos, se alcanza la edad de las academias y la consagración del género dentro de los cánones artísticos en el siglo XIX.

Sobre estas líneas, Naturaleza muerta con manzana, repollo, melón y pepino, h. 1602, Museo de Bellas Artes de San Diego. Arriba, Bodegón de frutas, verduras y hortalizas, 1602, colección particulae. Ambos óleos de Juan Sánchez Cotán.

Comisariada por Ángel Aterido, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, el contenido queda distribuido en siete apartados: Orígenes, Bodegones, Floreros, Mesas y cocinas, Vanitas, el primer Setecientos, el Gusto académico y Goya.

Las ciento cuarenta obras procedentes de prestigiosos museos públicos como el Prado, el Louvre, los Uffizi y el Art Museum de San Diego, así como de importantes colecciones privadas, conforman un viaje temático para adentrarse en algunas de las más importantes pinacotecas del mundo y admirar extraordinarios ejemplos de bodegones realizados por Sánchez Cotán, cedidos por Estados Unidos y la Colección Abelló de Madrid: Manzanas en una cesta de mimbre de Juan de Zurbarán, las escenas alegóricas, Vanitas y el Sueño del Caballero de Pereda, La naturaleza muerta con codornices, cebollas, ajo y recipientes, dotado de la extraordinaria habilidad de Meléndez, así como el impresionante Bodegón con pavo de Goya.

Manzanas en una cesta de mimbre, por Juan de Zurbarán, h. 1643, colección particular.

Cabe recordar que las decoraciones de bodegones ya adornaban el interior de las tumbas del Antiguo Egipto porque se creía que los objetos relacionados con la comida se harían necesarios en el más allá. Las pinturas sobre jarras de la Antigua Grecia demuestran un gran dominio pictórico y bodegones similares, decorados con más sencillez pero con perspectiva realista, se han encontrado también en pinturas murales de la Antigua Roma y, en particular, en mosaicos de Pompeya, Herculano y la Villa de Boscorreale.

En la Edad Media, las escenas de bodegón revivieron en las pinturas de tema religioso acompañando a las figuras protagonistas: un tipo de representación considerado menor al aparecer generalmente subordinado a otros géneros como las escenas espirituales o los retratos, algo que empezó a cambiar en el Renacimiento. En Italia, Caravaggio fue uno de los primeros artistas que plasmó la naturaleza muerta con conciencia de obra pictórica: su Cesto con frutas (1595-1600) es uno de los primeros ejemplos de bodegón puro, presentado con precisión y a la altura de la vista.

Mesa, por Francisco de Palacios, 1645-50, colección particular.

Siempre con relación a la Antigüedad, la evolución de la naturaleza muerta se habría beneficiado del descubrimiento de los grutescos, come sostiene Francisco Pacheco (1564-1644) en su obra El arte de la pintura. Efectivamente, los festones de fruta trampantojos pintados por Giovanni da Udine (1487-1564) en las galerías vaticanas marcaron una pauta: sus colaboradores, Julio de Aquiles y Alejandro Mayner, realizaron en España diversos conjuntos de grutescos, introduciendo en Granada los que probablemente son los primeros ejemplos de bodegones en la Península. Aunque, el verdadero debut del género de la naturaleza muerta en España se sitúa en Toledo a finales del siglo XVI, donde fue practicado por el pintor Blas de Prado (hacia 1546-1600), como testifica Pacheco, que lo confirma el pionero del bodegón en España, si bien el ejemplo más antiguo documentado en la Península es la obra de su discípulo, el pintor Juan Sánchez Cotán (1560-1627), un cuadro firmado y datado en 1602.

Naturaleza muerta con aves, melón y botella de vino, por Tomás López Enguídanos, 1807, Madrid, Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Considerado desde su nacimiento, y de la difusión en Europa (alrededor de 1590-1600), como una especie de ejercicio mimético de descripción analítica de la realidad natural, caracterizado por un fuerte sentido decorativo, el género del bodegón español presenta algunas peculiaridades que lo distinguen de las soluciones compositivas adoptadas en otros países europeos. Aunque sea posible relacionar las primeras naturalezas muertas españolas con modelos flamencos e italianos, su carácter decididamente austero y las personales interpretaciones del tema aportadas por maestros como Sánchez Cotán, Zurbarán, Meléndez o Goya, merecen sendos reconocimientos entre los vértices del arte occidental.

Naturaleza muerta con fruta, dulces, mariscos, un vaso y un ratón, por Pierre Ninoit, Museos Reales de Turín.

El núcleo expositivo de las obras españolas dialoga con las nueve pinturas italianas y flamencas pertenecientes a las colecciones de la Galería Saboyana, como Bodegón con fruta, dulces, mariscos, un vaso y un ratón de Pierre Ninoit, La vanidad de la vida humana de Jan Brueghel, dotada de una elevadísima riqueza iconográfica, y Jarrón con flores e insectos de Cornelis de Heem, a las que se añade un soberbio trabajo de Giuseppe Recco, Bodegón con pescado y moluscos de la colección del Palacio Zevallos de Nápoles.

Trampantojo titulado El tabaco o El olfato, por Germán Bernardo Lorente, óleo sobre lienzo, 69 x 50 cm, París, Museo del Louvre.

En definitiva, inspiraciones e influjos que arrancan el alma de los manjares u objetos; esta exposición constituye una extraordinaria oportunidad para celebrar el legado pictórico que une tres grandes naciones, España, Bélgica e Italia, en el año que el Consejo de Europa ha querido dedicar al vasto patrimonio de nuestro continente.

Carmen del VANDO BLANCO

Flores ante un espejo, por Juan de Arellano, 1676, Museo de Bellas Artes de La Coruña.

Vanitas y el Sueño del Caballero de Pereda, por Antonio de Pereda, h. 1650, Madrid, Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

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