Museo MEH de la Evolución Humana, la casa de Adán en Burgos

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El arquitecto Juan Navarro Baldeweg condensa su idea del espacio edificado en una frase rotunda que escribió en su libro Una caja de resonancia (2007). Dice que la dimensión constructiva es el aire. Aunque las palabras se refieren a La pompa de jabón, un cuadro del siglo XVIII del francés Jean-Baptiste Siméon Chardin, la frase acierta a retratar el MEH y el carácter esencial de la etérea arquitectura que Navarro concibió para el Museo de la Evolución Humana en Burgos a modo de estuche casi incorpóreo. Desde 2010 el Museo MEH acoge, entre otros tesoros arqueológicos de valor excepcional, los huesos del homo antecessor, el primer europeo conocido. Este español, padre Adán de Europa, vivió hace 800.000 años en la sierra burgalesa de Atapuerca. El yacimiento del lugar que habitó es Patrimonio de la Humanidad por el valor trascendental de los hallazgos relativos a nuestros ancestros.

La pompa de jabón, por Jean-Baptiste Simeón Chardin, c. 1733-34, Nueva York, MET Museum.

La pompa de jabón, por Jean-Baptiste Simeón Chardin, c. 1733-34, Nueva York, MET Museum.

En el Museo de Burgos, que recibió el premio de la revista Descubrir el Arte 2011 a una intervención arquitectónica, se distribuye a partir de una planta bajo rasante dedicada al complejo arqueológico y paleontológico del yacimiento de Atapuerca, con una reproducción de la sima de los Huesos, las muestras del homo antecessor y los hallazgos de la Gran Dolina y la sima del Elefante. En la planta de acceso se explican las teorías de la evolución de Darwin. La cultura humana se expone en la planta primera, además de los ecosistemas de la selva, de la sabana, y de la tundra y la estepa. Juan Navarro asegura haber querido crear en el interior del MEH una metáfora de la vida uniendo naturaleza, sol y arquitectura. No parece inadecuado, viniendo de un arquitecto que proyectó en 1978 en Liérganes una temprana vivienda denominada Casa de la Lluvia, y que reprodujo en el interior del Museo de las Cuevas de Altamira de Santillana del Mar, la cueva prehistórica y sus pinturas.

En Burgos la solución es equivalente a Altamira y distinta en su arquitectura. En el edificio del MEH Navarro logra, a tono con la gran pompa de jabón que sopla el chico que pintó Chardin, una burbuja prismática gigante, libre de soportes intermedios, que alberga un espacio descomunal de 60 metros de crujía gobernado por la enorme masa de aire, llena de luz, que contiene en su interior. Una gruesa piel transparente, aparentemente delgada por efectos de la escala, contornea el volumen del espacio con elementos colosales de metal y de vidrio desde fachadas a cubierta. Ambas materias arman el inmenso cesto estructural del edificio, trazado con tipología de invernadero para que sirva de contenedor a la naturaleza del ecosistema de Atapuerca.

Museo MEH. Contenedor arquitectónico expositivo. © Mercedes Peláez.

Museo MEH. Contenedor arquitectónico expositivo. © Mercedes Peláez.

Si la acción de obtener la burbuja es difícil con jabón, más complicado resulta componerla a escala arquitectónica con obligatorios materiales fragmentarios. Navarro coincide con Chardin en el gesto, directo y único, que configura materia y forma de una vez. Cabría imaginar el deseo arquitectónico de Juan Navarro de inflar el volumen del MEH para construir el edificio de golpe, en un instante, con materia transparente inédita, tanteando el tamaño edificado óptimo antes de que la burbuja de cristal estalle. En la mano, que tantas veces analiza en textos y traza en sus dibujos, llevaría la varita de emitir burbujas o tal vez el pincel del que emanan sus propios cuadros. Pintura y arquitectura forman en la obra de Navarro itinerarios de ida y vuelta, en los que tercia el territorio intermedio de la instalación artística en espacios expositivos.

Museo MEH. Huecos en el rellano. © Mercedes Peláez.

Museo MEH. Huecos en el rellano. © Mercedes Peláez.

Los edificios del arquitecto santanderino distan conceptualmente poco de sus obras pictóricas.

Pinta, realiza instalaciones y esculturas, escribe y proyecta edificios desde la percepción para llegar a los sentidos. Para Juan Navarro “en la pintura se habita”. Por estudios y profesión es pintor y arquitecto, así que construye en el lienzo cuando pinta y pinta en tres dimensiones al levantar edificios. Algo inédito en el ámbito de la arquitectura, que Navarro convierte en el laboratorio donde experimenta los personales juegos de percepción y profundidad de campo que los pinceles no alcanzan en los cuadros bidimensionales.

Este sistema de intercambio de disciplinas entronca con su etapa de formación. Después de terminar grabado en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, de la que es Académico, y de titularse en arquitectura en 1965 en la ETSAM de Madrid, donde es Catedrático de Proyectos, fue en becado en 1974 en el Center for Advanced Visual Studies del MIT de Massachusetts. Allí conoció a Gyorgy Kepes, el profesor húngaro que había publicado en 1944 El lenguaje de la visión y había sido colaborador de Moholy-Nagy en las sucesivas fundaciones de escuelas derivadas de la Bauhaus. El encuentro con Kepes, experto en la teoría de la Gestalt, resultó crucial para Navarro y su interés por el campo de la mirada.

Museo MEH. Acceso principal. Al fondo, la catedral gótica de Burgos. © Mercedes Peláez.

Museo MEH. Acceso principal. Al fondo, la catedral gótica de Burgos. © Mercedes Peláez.

Son precisamente recursos de forma y percepción visual los que integran el edificio del MEH en su entorno circundante. El Museo forma parte de un conjunto más amplio, y ocupa la pieza central de una hilera de tres edificios acristalados gigantescos destinados a Centro de Investigación Arqueológica y Palacio de Congresos en ambos extremos. El trio de bloques, separado por calles y trazado con figuras de cajón desiguales, zigzaguea junto al borde arbolado del río Arlanzón emitiendo notas distintivas de color rojo, verde y azul desde las fachadas.En la orilla opuesta se alza visible el casco antiguo de Burgos, presidido por la imponente mole en piedra de la catedral gótica, excepcional y, también, Patrimonio de la Humanidad.

Navarro asume el desafío presencial de la catedral burgalesa con oficio de arquitecto y recursos de pintor. Opone una poderosa muralla fragmentada transparente, interrumpida por los planos paralelos horizontales de una marquesina y de una alfombra de ladrillo que, además de definir en rojo la entrada principal al MEH, arman una composición que atrae visualmente la silueta de la catedral desde el horizonte hasta el escenario urbano del Museo. Afilado, y menudo por lejano, el perfil del monumento gótico marca así el referente de escala que determina el tamaño aparente del nuevo conjunto edificado.

Museo MEH. Miguelón, cráneo de homo heidelbergensis. © Mercedes Peláez.

Museo MEH. Miguelón, cráneo de homo heidelbergensis. © Mercedes Peláez.

De esta manera Juan Navarro Baldeweg ha logrado para Burgos una nueva catedral consagrada al ser humano y su hábitat. Los altares de este templo en vidrio son cuatro cajones gigantes plantados de vegetación que se levantan desde el subsuelo. Simulan el yacimiento de Atapuerca y se muestran desde plataformas que ocupan el fondo de la caja del MEH. Enlazadas por escaleras entre balcones, dan soporte a un sistema de otras cajas dentro de cajas menores que reparte funciones museísticas y objetos en expositores. Se articula mediante un juego de resonancias que se inicia en el prisma del edificio y finaliza en la extraordinaria caja craneal de Miguelón. Hace 300.000 años perteneció a un varón local de homo heidelbergensis de 35 años. Su figura habita en el MEH entre los cuerpos de otros homínidos restituidos con realismo total por la escultora francesa Elisabeth Daynès, especialista en este tipo de figuras de nuestros ancestros. Con ellos nuestro pasado y la arquitectura del Museo de Burgos alcanzan una escala humana inexplorada.

Museo MEH. Escultura de homo rhodesiensis de Elisabetth Daynès. © Mercedes Peláez.

Museo MEH. Escultura de homo rhodesiensis de Elisabetth Daynès. © Mercedes Peláez.

Entre otros edificios de Juan Navarro Baldeweg destacan la adecuación de los molinos del rio Segura (1984-1988) en Murcia, el centro de servicios sociales y biblioteca de la Puerta de Toledo (1985-1992) de Madrid, el Palacio de Congresos y Exposiciones de Salamanca (1985-1992), el edificio de consejerías para la Junta de Extremadura (1992-1995) en Mérida, los Juzgados de Mahón (1993-1995), la propuesta para la biblioteca Hertziana (1995) en Roma, y el Museo de las Cuevas de Altamira (1995-2000) en Santillana.

Mercedes PELÁEZ

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