Gregorio Prieto: propuesta surrealista

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Gregorio Prieto (1897-1992) es uno de los más desconocidos artistas españoles del siglo XX. En desagravio simbólico, su incursión en el terreno de la fotografía a finales de los años veinte y comienzos de los treinta es objeto de una exposición en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (hasta el  20 de abril).

Prieto obtuvo una beca para estudiar en la Academia española en Roma, ciudad donde residió entre 1828 y 1933. Sus años romanos lo fueron de formación y de descubrimiento del mundo clásico en un momento en que el surrealismo era una tentación para la inteligencia europea.

Junto con Eduardo Chicharro Briones, Prieto desarrolló un proyecto fotográfico en Roma que indagaba en las propuestas del surrealismo mezclando clasicismo y vanguardia. Chicharro tomaba las fotografías que protagonizaba Prieto en un alarde de exhibicionismo y en las que el espectador hallará una mezcla de influencias y estilos reconocibles mezclados sin pudor ni modestia, elementos ajenos a una propuesta artística genuina.

La imágenes contienen referencias a los desnudos masculinos que retrató Von Gloeden en Sicilia a finales del siglo XIX que eran, y son, referencia homoerótica disfrazada de admiración por la Antigüedad para circular con descaro como postales. El collage, las indagaciones de Man Ray, los marineros de Jean Cocteau –otro icono pregay y las estatuas mutiladas de la antigua Roma, o sus copias mohosas en escayola– se funden en todas estas fotografías que tienen por común denominador a un Gregorio Prieto desnudo, o casi, vestido de marinero, ausente, soñador, provocador, como cuando aparece orinando contra la pared en callejuelas del centro de Roma, haciendo el amor a las estatuas o imitando composiciones de Dalí y Buñuel.

El proyecto fotográfico de los dos jóvenes artistas se fue al traste con el tiempo en una Europa turbulenta. Desde Italia, Prieto emprendió el camino del exilio a Londres, de donde no regreso a España hasta 1947. Rebelde, sus fotografías mantuvieron las líneas generales de la etapa anterior y muchos de los elementos y autorretratos se reciclaran, aunque con variaciones en  la composición y con elementos iconográficos hispanos nuevos.

Casi desconocido, como se decía al principio, el trabajo fotográfico de Prieto ha sido recuperado y reivindicado en la muestra de la Academia, que reúne 84 piezas y si peca de un fallo, es el de su brevedad, compensada, eso sí, por la edición de un magnífico catálogo.

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