Chillida vuelve a casa

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La Sala kubo-kutxa de San Sebastián inaugura Chillida. Bideak/caminos, una retrospectiva del artista que abarca las diferentes técnicas y tendencias formales, conceptuales y estilísticas, tratadas a lo largo de su trayectoria. La exposición presenta una selección de 130 obras que se pueden visitar hasta el 28 de septiembre

En esta muestra, que comisaría su hijo Ignacio Chillida, se retoma la figura del artista en Donosti desde la última retrospectiva, que tuvo lugar en 1992. En este caso se plantea un análisis poco tratado sobre su producción, y es la importancia de la idea de camino en su trabajo. Con ello se dan a conocer diversas rutas estéticas y conceptuales que traza a largo de su vida: a veces, tomando una misma dirección, otras, desviándose, o volviendo a un punto de partida para empezar de nuevo, pero siempre dejando una huella imborrable e inconfundible de su paso. Cómo el mismo afirmaba “(…) el camino como concepto es un tema fundamental para el hombre y, en mis dibujos, lo he tenido muy en cuenta; los recorridos de la vida, las señales, las huellas de la vida, eso son los caminos, las huellas de la vida”.

Otro planteamiento que caracteriza la fisonomía de sus piezas es “siempre nunca diferente pero nunca siempre igual” descripción con la que él mismo hace referencia a una apariencia parecida, pero de contenido diferente. Esto también lo aplica al concepto de camino, como a las olas del mar y a las composiciones de Juan Sebastián Bach. Además se suma a su trabajo la fuente de inspiración que le suponía el País Vasco, por ello, en su mayor parte, esculpe con materiales pesados como el hierro o el acero, con los que impregna a sus obras una seña de identidad de su pueblo.

Chillida habla en sus escritos del espacio, el tiempo, lo vacío y lo material, aspectos a los que interroga con sus esculturas, pero también le preocupan asuntos sociales y políticos de su tiempo y entorno. Claramente lo materializa en sus obras más gráficas como los logos y los carteles que diseñó para diversas causas, instituciones y organismos. Todo esto entra en efervescencia durante el proceso creativo del que es testigo su mujer, Pilar Belzunce, uno de los apoyos más firmes. Con ella contrae matrimonio en 1950 y es una pieza clave que estará presente en toda su trayectoria, sobre todo en el proyecto de Chillida-Leku. En su compañía vive en París, donde conocerá a grandes maestros y comenzará a inclinarse por la escultura, que tantos premios y reconocimientos le ha otorgado en su vida. Desde el premio Kandinksy hasta el Premio Príncipe de Asturias de las Bellas Artes, Chillida se consagra como un artista entre lo local y lo global, cuyas raíces se amarran en San Sebastián, pero obteniendo desde sus inicios una proyección internacional.

La muestra está ideada en tres bloques, aprovechando los espacios expositivos de los que se dispone, pero persiguiendo también que el espectador trace en cada sala su propio recorrido, deambulando entre las obras, guiado por la intuición y la atracción del “aroma” del arte de Chillida. En el primer bloque se percibe el lado más humano del artista con los proyectos de esculturas públicas monumentales, realizadas para espacios naturales, urbanísticos y arquitectónicos, que contiene un fuerte valor moral. En el apartado central, una serie de piezas creadas con distintos materiales y códigos estéticos invaden la sala como muestra de la faceta más experimental del artista. Además estas obras se presentan dialogando con la arquitectura del lugar. La exposición se cierra con una tercera sala, dedicada a la creación de su trabajo más emblemático: El Peine de los Vientos. Estas tres piezas conciernen la idea de que el pasado, el presente y el futuro conviven en una misma línea temporal.

El visitante que acuda a esta exposición, no solo debe quedarse con las piezas intramuros, si no acudir a los otros espacios extramuros en los que Chillida ha dejado huella, como en la Bahía de la Concha con su Monumento a Fleming o la pieza de acero dedicada al pintor Rafael Balerdi en los jardines del palacio de Miramar. Además, la información se puede complementar con las sesiones didácticas organizadas para las familias en el Kursaal los sábados de julio y agosto. Para los lectores interesados, esta exposición se recoge como una de las quince citas con el arte en nuestro próximo número de septiembre.

Sara VALVERDE

Chillida eta Pili Grass, 1985. Fotografía: Hans Spinner.

Chillida eta Pili Grass, 1985. Fotografía: Hans Spinner.

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