Sargent: retratos de amigos y artistas

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El pintor norteamericano John Singer Sargent es reconocido como el gran retratista del último tercio del siglo XIX. Dominó también otros géneros, pero la exposición que ahora, y hasta el 25 de mayo, le dedica la National Portratit Gallery de Londres se centra en esta faceta y lo hace mostrando la maestría y emoción con la que plasmó la imagen de personajes de la época, entre los que se encuentran escritores, artistas y músicos

En estos días ocho salas de la National Portrait Gallery de Londres rebosan de 68 cuadros, casi todos retratos, como corresponde al cometido de la galería, del pintor estadounidense John Singer Sargent (1856-1925), en una exposición organizada en colaboración con el Metropolitan Museum of Art neoyorquino. Los cuadros han sido prestados por diversos museos, principalmente norteamericanos, pero también parisienses e ingleses, que conviven con algunas obras que se encuentran en manos particulares.

Carolus-Duran, por John Singer Sargent, 1879.

Carolus-Duran, por John Singer Sargent, 1879.

Los padres de Sargent, norteamericanos acomodados y cultos que vivían en Europa, le enviaron a París para estudiar pintura. El primer maestro de Sargent en París, Carolus-Duran, era un personaje celebrado en el mundo parisiense del arte y del teatro y muy conocido por sus retratos de sociedad. Muy influyente como profesor, enseñaba a sus alumnos a dibujar y pintar simultáneamente, empleando un pincel cargado de pintura. Sargent resultó ser un pupilo brillante, y llegó a colaborar con el maestro. En esta exposición vemos el retrato que pintó de Carolus-Duran, obra que recibió una mención honorable en el Salón de 1879.

La Carmencita, por John Singer Sargent, 1890.

La Carmencita, por John Singer Sargent, 1890.

La exposición de la National Portrait Gallery presenta a diversos personajes importantes del mundo de la cultura, vistos por los ojos de Sargent, pintor poseído de amplios intereses, no solamente de arte sino también de literatura y música. La muestra refleja la gama de influencias que ayudaron a formar su visión creativa. Durante toda su vida, Sargent pintó retratos de artistas, de actores y de músicos, los cuales eran casi sin excepción amigos personales suyos. Vemos, pues, en esta exposición una selección de retratos emocionantes que constituyen un aspecto distintivo de la obra de Sargent, íntimo, idiosincrático y a la vez experimental. Al pasar por las salas, hombres del mundo artístico, del teatro y a veces de los negocios, y sus esposas, aunque raramente juntos, le miran a uno con interés y con un orgullo y autosuficiencia exenta, sin embargo, de displicencia y de presunción. Es así, por ejemplo, en el caso del retrato de La Carmencita, de 1890, que Sargento pintó a raíz del éxito que tuvo en Nueva York aquella bailaora de flamenco. Con un fondo que hace destacar su vestido anaranjado, el busto erguido, los brazos desnudos que descansan sobre las caderas, y los pies minúsculos y los delicados tobillos asomados debajo de la falda, más parece que Carmencita se prepara a bailar una jota que un fandango. Sargent la pinta con la cara muy blanca y las cejas muy negras, para dar realce teatral a la imagen.

Sargent, nacido en Florencia, pasó su juventud entre centros culturales europeos. No faltó la visita a España, donde estuvo en Granada. La visita es representada aquí por un cuadro de un grupo de amigos en el Generalife. Es una lástima que otro poderoso cuadro de Sargent, titulado El Jaleo, más folklórico, de una bailadora y tres guitarristas, con sombra y luz misteriosas creadas por velas, probablemente en una cueva granadina, no figure, por no ser retrato, en la exposición actual londinense.

También realizó copias en el museo del Prado. El espectador piensa en esto al contemplar uno de sus retratos, sensiblemente diferente de los otros. Por regla general, los retratos carecen de fondo. En contraste, el del escritor británico Robert Louis Stevenson, autor del célebre Isla del tesoro, al cual pintó Sargent en 1887, representa a un Stevenson nervioso, andando arriba y abajo en una de las habitaciones de su casa, torciendo agitadamente el bigote, mientras su esposa se acurruca en un sillón, quizá agotada por el nerviosismo de su marido. Por ningún motivo, y entre los dos, se ve una puerta abierta, la cual recuerda la puerta que vemos en el fondo de Las MeninasNo es el único retrato que hizo de este escritor, tenemos otro en el que es él quien está sentado en una butaca.

Son, sin embargo, las mujeres retratadas las que atraen la atención. Sensuales y elegantes, exuberantes pero controladas, el estilo es dramático, lleno de luz contra un fondo que hace resaltar el color y la femineidad. De 1889 es su retrato evocador, impresionista e insinuante de una bailadora javanesa, sugerida a Sargent por el ‘pueblo javanés’ recreado para la exposición universal en París en aquel año. Las señoras elegantes constituyen la especialidad de Sargent. Casi en la entrada de la exposición vemos a Madame Allouard-Jouan, traductora y autora, la cual le contempla al espectador con toda la confianza y aplomo de la Belle Epoque de la Tercera República francesa, mientras Madame Edouard Pailleron, esposa de un célebre dramaturgo, ha decidido que Sargent le pinte en la huerta de la casa de campo que posee el matrimonio. Madame Pailleron viste de negro, los brazos velados por encaje, y con un fru-fru de enaguas blancas asomando a sus pies. También posa junto a su hija, en un interior; es la imagen que abre este artículo Edouard y Marie-Louise Pailleron, 1881.

Sargent era amigo del pintor impresionista Monet, cuyo retrato pensativo vemos aquí. El cuadro fue probablemente realizado en el verano de 1887, cuando Sargent, acompañado del escultor Auguste Rodin, visitó a Monet en su casa de Giverny. Vemos también en esta exposición un esbozo de Monet en el acto de pintar en plein air, por lo cual la obra se ha destacado en la historia del movimiento impresionista, ya que los impresionistas se aprovecharon del invento de tubos metálicos de pintura que permitían acabar un cuadro en situ, sin verse obligados a regresar al estudio para completar el cuadro a base de los esbozos que hicieran antes.

En 1884 Sargent presentó en París un retrato de Madame Pierre Gautreau, que causó escándalo. Un crítico describió la escena con sus ‘muchedumbres de mujeres asombradas y burlándose ante el retrato’. En él, Mme. Gautreau se ve de pie, vestida de negro, la cara maquillada muy blanca como en el escenario, enseñando sus perfectos brazos, cuya blancura se resalta contra el negro del vestido, y con un escote atrevido en el cual una de las tirantas ha caído sobre el brazo derecho, dando una impresión de tal presunción que el retrato suscitó ira, aunque hoy en día es difícil apreciar el motivo. Los Gautreau se consideraron, como era de esperar, humillados.

Como consecuencia del escándalo Sargent abandonó París para Inglaterra, donde se unió a la colonia de artistas llamada ‘de Broadway’, pueblo del Gloucestershire, condado del oeste La exposición actual presenta tres cuadros que datan de aquella época. Dos se podrían clasificar como lo que la crítica inglesa llama conversation pieces es decir representan grupos que hablan entre sí. Uno se llama Fiesta de familia, y es una mesa, con un niño que celebra su cumpleaños. La madre es la figura dominante que ocupa el primer plano, mientras detrás se yergue, algo difuminado, el padre. Se trata de una escena doméstica y entrañable, como otra de la misma época, titulada El vaso de vino de Porto. Es una mesa iluminada por velas, donde la esposa está sentada ante el digestivo de vino dulce.

Se ve entonces que Sargent, el cual también pintó escenas de playa con grupos de bañadores, no es un pintor que pueda ser limitado a cierto género. Durante una excursión en barco en el río Támesis, vio lo que describió como ‘una escena de Paraiso’: dos niñas, al caer el crepúsculo, cuelgan linternas en un jardín. La visión inspiró directamente otra tela, realizada entre1885 y 1886 en Broadway, llamada Carnation, Lily, Lily, Rose, o Clavel, Azucena, Azucena y Rosa, tres flores y los nombres ingleses de cuatro muchachas. Es un cuadro que refleja técnicas del impresionismo francés, ideas de la escuela pre-rafaelista inglesa, y por otra parte el simbolismo poético renacentista de las flores.

Ellen Terry como Lady Macbeth, por John Singer Sargent, 1889.

Ellen Terry como Lady Macbeth, por John Singer Sargent, 1889.

Los retratos por Sargent de dos personajes muy conocidos figuran siempre en sus biografías. No pudieran faltar aquí. Uno es la actriz Ellen Terry, en el papel de Lady Macbeth en la tragedia de Shakespeare. Sargent la habrá visto en la producción del drama en Londres el 27 de diciembre de 1888. Está vestida de seda verde con ribetes de rojo, los ojos salvajes, elevando la corona encima de su cabeza después del asesinato del rey Duncan de Escocia. Otro, de 1913, es del novelista Henry James, norteamericano aunque vivía en Inglaterra. Es un cuadro que refleja la fuerza mental y el carácter enigmático del escritor. Sargent dio su apoyo crítico a James, así como a la introducción en Inglaterra de la música de Wagner y la del francés Gabriel Fauré, del cual pinto un retrato que está expuesto en esta exposición.

Sargent no solía necesitar más de cinco o seis sesiones para completar un retrato. Por otra parte, la exposición de la National Portrait Gallery incluye una serie de dibujos, realizados, según se dice, casi a vuelapluma, con tiza negra sobre papel, los cuales dan testimonio del genio del pintor, entre ellos dibujos de la cabeza del novelista George Meredith, de Ellen Mary Smyth, la cual compuso el himno del movimiento sufragista femenino, y del poeta irlandés W. B. Yeats.

Con todo, una exposición que refleja luz, belleza humana, suntuosa prosperidad burguesa, y a la vez un modernismo en ciernes.

 

Michael ALPERT

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