La nueva ampliación del edificio, diseñada por Norman Foster y Luis María Uriarte, respeta la singularidad formal y funcional de las construcciones históricas de la pinacoteca al tiempo que suma a la experiencia del centro artístico un tercer espacio. Su programación inaugural arranca con un homenaje al coleccionismo a través de la trayectoria ejemplar de Plácido Arango, gran benefactor del museo
Esta importante ampliación del Museo de Bellas Artes de Bilbao, bautizada como Agravitas, flota como un puente sobre los edificios originales, salvando 55 metros de altura sin tocarlos, excepto para su restauración. Crea así una nueva plaza cubierta, el corazón del museo y una parte fundamental de los espacios públicos de acceso libre a nivel de calle. Se reabre, además, la entrada original de los años cuarenta, que da a la plaza Museo. El nivel superior alberga una nueva y amplia galería diáfana, sin columnas.
En su intervención, Norman Foster, fundador y presidente ejecutivo de Foster + Partners, ha declarado: “Siguiendo la gran tradición de Bilbao, una ciudad con una rica historia industrial y una extraordinaria capacidad para reinventarse, este proyecto trata de tender puentes entre el pasado, el presente y el futuro. El nuevo y flexible edificio mira hacia el futuro y responde a la forma siempre cambiante del arte contemporáneo, sin dejar de respetar la rica historia del lugar”.

Durante el acto de a reapertura, Foster ha dedicado también palabras de agradecimiento a todas las partes intervinientes en la ampliación: “Desarrollado en colaboración con el arquitecto vasco Luis María Uriarte y los equipos del museo, el diseño refuerza el papel de la institución como uno de los principales atractivos de la ciudad, con una mayor permeabilidad, espacios expositivos ampliados y un nuevo espacio de encuentro ciudadano. Ha sido una colaboración constante y fluida entre la ciudad, el gobierno regional y quienes apoyan generosamente el proyecto. Quiero rendir homenaje a la total dedicación y compromiso del director del museo, Miguel Zugaza, y del equipo dirigido por Taba Rasti y Pablo Urango Lillo desde nuestro estudio de Madrid”.
El jurado del concurso internacional para la Ampliación y Reforma del Museo de Bellas Artes de Bilbao, que lo eligió por unanimidad, resumió así las fortalezas del proyecto: “Tecnológica en su imagen, humanista en su enfoque y ecológica en su sostenibilidad, la propuesta aúna calidad arquitectónica, sensibilidad urbana y responsabilidad social para levantar un hito luminoso y leve en el corazón histórico de Bilbao”.
Una reforma que une pasado, presente y futuro
De esta manera, el diseño recupera la entrada original del museo y mejora la conexión entre las distintas partes del conjunto, integrando el edificio de 1945, la arquitectura inaugurada en los años setenta y una tercera intervención de principios del siglo XXI. Al aumentar la permeabilidad a nivel de calle, el proyecto celebra el papel de la cultura en la vida social de Bilbao, uniendo pasado, presente y futuro en una expresión arquitectónica cohesionada que abraza la ciudad.
La racionalización de la circulación entre los edificios antiguo y moderno ha configurado la plaza Arriaga como un volumen autónomo, creando así un gran espacio público para el arte y los eventos. Su diseño gira en torno a la fuente escultórica de Francisco Durrio, dedicada al célebre compositor bilbaíno Juan Crisóstomo de Arriaga. El nuevo atrio, bañado de luz natural, acoge, además, esculturas de Richard Serra, Pablo Palazuelo y Eduardo Chillida, entre otros.

Agravitas aumenta en un 60 % la superficie de los edificios originales e incorpora 2.300 metros cuadrados de espacio expositivo versátil en dos niveles, capaces de acoger una amplia variedad de exposiciones, además de instalaciones para programas educativos, talleres y oficinas. Diseñado en colaboración con el ingeniero español Julio Martínez Calzón, funciona como un puente de 55 metros de luz entre dos grupos de columnas en forma de V, en voladizo sobre los edificios preexistentes para reforzar su relación con el parque de Doña Casilda de Iturrizar.
Un innovador sistema arquitectónico
La nueva arquitectura es una expresión del patrimonio industrial de la ciudad al emplear acero de producción local. Su innovador sistema estructural ha permitido obtener espacio adicional, más allá de lo exigido en las bases del concurso, para oficinas y salas expositivas, así como una terraza para la exhibición de esculturas con espectaculares vistas a la ciudad, que se asoma a la plaza Euskadi y el parque. En el nivel superior, crea una amplia galería diáfana de 1.300 metros cuadrados, con luz natural que entra a través de lucernarios regulables para adaptarse a los distintos requerimientos expositivos, desde la plena luz del día hasta la oscuridad total. La terraza se alinea con la trama urbana para reforzar la relación del museo con su entorno.
La reapertura del museo ha venido acompañada de las generosas contribuciones de la familia Arango y de Patricia Phelps de Cisneros, que han prestado sendos conjuntos destacados de obras de sus colecciones para su exhibición. Además, Norman y Elena Foster han donado tres importantes esculturas: Book Stack (Safo) (2007), de Anselm Kiefer, y Toronto Flats (1974) y Low Line Flats (1974), de Anthony Caro.

La fachada autosombreada de la nueva ampliación contribuye a una sólida estrategia de sostenibilidad que incluye el uso de acero verde bajo en carbono y una cubierta con más de 500 metros cuadrados de paneles fotovoltaicos. Estos paneles generan energía suficiente para cubrir el 20% del consumo energético de la ampliación. Los edificios existentes se han renovado para cumplir con los estándares actuales, lo que prolonga considerablemente su vida útil y combina lo mejor de lo antiguo y lo nuevo en una secuencia unificada de espacios museísticos.
El proyecto refleja la apuesta de Foster + Partners por el trabajo colaborativo y por un enfoque integrado del diseño, que combina arquitectura, ingeniería y urbanismo. El equipo lo han conformado las siguientes empresas: ingeniería estructural, MC2; ingeniería ambiental, Valladares Ingeniería; consultoría de fachadas, Enar; construcción, unión temporal de cuatro empresas del País Vasco: Urbelan, Altuna y Uria, Campezo y Teusa; y contratista de fachada, Martifer. El resultado es un hito renovado para la ciudad y el territorio, que no solo pertenece al lugar, sino que ha sido fabricado casi en su totalidad con recursos locales.
Exposición inaugural
El programa inaugural para la presentación de la ampliación arquitectónica del Museo de Bellas Artes de Bilbao da un especial protagonismo a la colección propia. Un extenso corpus de obras de arte que, en gran medida, es el resultado de donaciones y depósitos de colecciones privadas.
Este reconocimiento se articula en torno a la figura ejemplar de Plácido Arango (Tampico, México, 1931-Madrid, 2020), que a lo largo de su vida benefició a instituciones tan importantes como el Metropolitan Museum de Nueva York, el Museo del Prado, el Museo de Bellas Artes de Asturias o el Museo de Bellas Artes de Bilbao, entre otras.
La iniciativa toma nombre de un escrito de Octavio Paz (Ciudad de México, 1914-1988), compatriota y amigo de Arango. La búsqueda del comienzo alude así a una voluntad de búsqueda apasionada en la que convergen el origen y el porvenir. Con este espíritu de continuidad, más de cien obras de la colección Arango original van a formar, hasta finales de 2030, distintos itinerarios expositivos por las salas del edifico antiguo.

En la primera presentación, destaca el arte español con referentes como Pedro de Campaña, El Greco, Ribera, Zurbarán, Van der Hamen, Murillo, Antonio de Pereda Goya, Fortuny o Zuloaga. El arte moderno y contemporáneo conduce también al arte español, con Joan Miró y Antoni Tápies acompañados por una visión internacional gracias a los ejemplos de Kees van Dongen, Albert Gleizes, Germaine Richier, Jean Dubuffet, Andy Warhol y John Chamberlain, entre otros.
La escultura monumental contemporánea tiene su propio espacio y extiende el proyecto hasta las plazas de acceso al museo -con obras de Pablo Palazuelo y Cristina Iglesias-, el nuevo Atrio Arriaga -donde cuelga el Homenaje a Calder de Eduardo Chillida– y la terraza de escultura al aire libre, que alberga África, de Anthony Caro.
A las excepcionales piezas de la colección Arango, cedidas ahora por la familia, y a las donadas en vida a museos y colecciones, se suman otras obras invitadas que pertenecen a colecciones e instituciones con las que Plácido Arango compartió amistad e intereses coleccionistas.









