Alfonso Palacio: “Buscamos la excelencia”

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MERCEDES PELÁEZ conversa con el director del Museo de Bellas Artes de Asturias sobre las claves arquitectónicas y museísticas de la recién estrenada ampliación de sus instalaciones en Oviedo

Oviedo acaba de estrenar, a finales de marzo, el primero de los edificios que amplían el museo de Bellas Artes de Asturias. Es un contenedor arquitectónico emblemático, adjunto a las instalaciones museísticas del Palacio de Velarde y de la Casa de Oviedo-Portal, que se extiende hasta la plaza de la Catedral ovetense. Acoge la colección permanente de arte moderno y contemporáneo y deberá completarse con un segundo bloque de servicios. A su autor, el arquitecto navarro Patxi Mangado, incumbe el minucioso proyecto de su arquitectura, logrado por concurso en 2007.

Alfonso Palacio, director de la institución desde 2013, nos recibe en su despacho. Conversa sin ambages, seducido por los blancos espacios de Mangado y el montaje expositivo creado por el equipo del museo. Es doctor y profesor en Historia del Arte de la Universidad de Oviedo, y se muestra convencido de la gestión que impulsa, que revela con ilusión y el deseo de eficacia que se espera de un experto en arte contemporáneo formado en el Centro George Pompidou.

Fachada a plaza de la Catedral. Ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez. Arriba, Alfonso Palacio, Director del Museo de Bellas Artes de Asturias junto al autorretrato de Cuco Suárez de 2011 / © Mercedes Peláez.

Fachada a plaza de la Catedral. Ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez. Arriba, Alfonso Palacio, director del Museo de Bellas Artes de Asturias junto al autorretrato de Cuco Suárez de 2011 / © Mercedes Peláez.

PREGUNTA: La ampliación del museo se anuncia en la plaza de la Catedral mediante una suma de cualidades arquitectónicas artísticas. Alcanzan máxima belleza al atardecer, cuando una danza de azules y dorados se apodera de los muros al ritmo de la luz solar. Su autor, Mangado, se distingue por encender con luz artificial las formas que construye. ¿Comparte esta percepción?

RESPUESTA: Si hay un elemento que vertebra su proyecto es la luz, y de hecho los visitantes subrayan continuamente esta palabra. A lo largo de ese primer mes, en esa campaña de recogida de sus opiniones que hemos hecho, los visitantes han subrayado la palabra luz y la palabra iluminación en un sentido positivo de la visita. Y efectivamente creo que ese componente, tanto en el plano natural como el artificial, está muy logrado, tanto en el exterior como en el interior.

La luz, y el espacio que fue capaz de obtener de un entorno urbano en el que aparentemente no se podía sacar gran cosa. Tenía una serie de pies forzados, con inmuebles, de diferentes épocas y estilos, por un lado a la calle de la Rúa y a la plaza de la Catedral por otro, que dieron lugar a un solar sobre el cual había que edificar la ampliación. Pues bien, la luz por un lado, la luz filtrada, la luz interiorizada por la propia construcción, luz cenital, luz lateral, y por otro lado el espacio. Luz y espacialidad, los dos elementos que más destacan de este proyecto.

P: El edificio está ejecutado en la primera fase…

R: Sí. Habría que acometer una segunda fase que consistiría, precisamente, en la demolición del edificio de oficinas en el que estamos y en el levantamiento de otro nuevo, que mejoraría determinadas cuestiones de comunicación entre los diferentes edificios del museo. Hay posibilidades, a medio plazo, de que se acometa.

P: Los ovetenses, ¿cómo se han tomado la obra?

R: Muy bien, muy esperada. De la ampliación empieza a hablarse en el año 2000 y en 2007 se pone la primera piedra. En un primer momento la solución adoptada por Mangado, de dejar las fachadas de los antiguos inmuebles, fue no muy bien entendida, pero ahora que el museo está abierto y pueden ver lo que hay al interior y, por lo tanto, leer mejor este exterior, está siendo cada vez más valorada. Para eso fueron muy importantes unas jornadas de puertas abiertas, previas al montaje de nuestra colección. Interior y exterior están muy bien coaligados, y de ello ha resultado una ampliación fantástica.

P: Conservar sólo las fachadas de unos edificios demolidos es quizá la parte más discutible del proyecto, pero es la que otorga identidad a su arquitectura. La ampliación muestra, ciertamente, en la visita todos sus valores, algunos de ellos difíciles de captar en las fotografías de un exterior que en directo sorprende por armonioso.

Escultura, 1993. Armando Pedrosa. Sin título, 1995. Bernardo Sanjurjo. Ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez.

Escultura, 1993. Armando Pedrosa. Sin título, 1995. Bernardo Sanjurjo. Ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez.

R: El arquitecto quería jugar con la figura de las capas de la memoria de la ciudad. Quería que, desde dentro, el visitante pudiera contemplar, por orden, las fachadas de la calle de la Rúa, las de los antiguos edificios, después su propia fachada, y por último el interior. Quería un juego de estratos de la memoria colectiva o de la persona, que, desde dentro o desde fuera, se posicionara para contemplar su proyecto.

Es una opción más, es una opción de arquitecto, y sí que es cierto que siendo, en un primer momento, una opción discutible y discutida por una parte de la ciudadanía, yo creo que la inauguración del edificio y esa posibilidad de leer el exterior conociendo el interior va haciendo que mucha gente vaya cambiando esa percepción.

Figura sentada, c. 1936-1937. Faustino Goico-Aguirre. Retrato de Pepita y Ramón Prendes, c. 1904. Nicanor Piñole. Último retrato de mi madre, 1951. Nicanor Piñole.  Ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez.

Figura sentada, h. 1936-37. Faustino Goico-Aguirre. Retrato de Pepita y Ramón Prendes, c. 1904. Nicanor Piñole. Último retrato de mi madre, 1951. Nicanor Piñole. Ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez.

P: Apreciar ese juego de capas, en aparente movimiento al recorrer los espacios, justifica la visita. Se manifiestan, es cierto, a través de los ventanales, tras las esculturas a contraluz. Después, al retornar al exterior, las fachadas parecen distintas, envolviendo el espacio interior, espectacular, formando telones encadenados que evocan los cuadros expuestos vistos. El arquitecto abordó además el traslado de la puerta del museo a la plaza de la Catedral

R: Esa es una de las grandes conquistas que ha proporcionado la ampliación al museo, que hasta ahora tenía dos puertas en dos de las calles menos transitadas. Se asoma ahora al espacio de mayor espesor cultural, artístico, histórico y social de la ciudad, que es la plaza de la Catedral. Nos asomamos como unos nuevos vecinos que se presentan y que quieren disfrutar de ese espacio y que quieren reclamar la atención de todos los visitantes potenciales o reales, turistas, que vengan a Oviedo.

La visibilidad es un factor clave. Lo hemos notado ya en el primer mes con un aumento del número de visitantes en un trescientos por cien. Hemos abierto el 31 de marzo, llevamos un mes con la ampliación abierta. En abril de 2014 tuvimos unos cuatro mil visitantes y en abril de 2015 hemos tenido doce mil. Es evidente que la ampliación se está mostrando estos primeros días como un elemento catalizador de atenciones y de visitas…

Chaflán en plaza de la Catedral y patio interior. Ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez.

Chaflán en plaza de la Catedral y patio interior. Ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez.

P: El museo de Bellas Artes de Asturias carece de un gran letrero que anuncie su actividad y su nueva puerta en la ampliación. No parece necesario por la fuerte impronta de la ampliación ante un rival imbatible como es la Catedral ovetense. ¿Se ha valorado la posibilidad de instalar ese gran cartel?

R: Sí. De la señalética se encargó el arquitecto Patxi Mangado, y se encargó por contrato. Y él optó por una señalética lo más limpia posible, incluso desde el punto de vista del reclamo hacia el exterior. Optó por una placa en la que simplemente pusiera Museo de Bellas Artes. Bastaba, porque, decía él, el edificio, y esa solución por él adoptada en las fachadas, ya tenía la suficiente personalidad como para reclamar la atención del visitante. Cuando empecemos a programar exposiciones temporales, haremos una señalética con banderolas, con carteles que vayan marcando la presencia del museo…

P: Muchos museos se están ampliando…

R: Nosotros lo hemos hecho por varias razones. En primer lugar para exponer más obras. Son 15.000 las que tenemos, y hasta ahora, en Velarde y en la Casa de Oviedo-Portal, se venían exponiendo unas 475 o 500. En segundo lugar, porque necesitábamos unos depósitos que pudieran acogerlas.

Escalera principal. Ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez.

Escalera principal. Ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez.

P: En las ampliaciones de edificios, los puntos de encuentro entre la obra nueva y la existente suponen oportunidades de proyecto y de riqueza arquitectónica. En el caso del museo, que guarda colecciones de arte contemporáneo y del pasado, la confluencia entre arquitectura y arte, de todas las edades, se presupone aún más interesante…

R: En la ampliación del museo se ha levantado un contenedor del siglo XXI, que acoge, ya, obras de finales del siglo XIX, siglo XX y siglo XXI, la parte más moderna de la colección. Creíamos que eran Palacio de Velarde y Casa de Oviedo-Portal los contenedores que debían seguir manteniendo el discurso histórico, por así decirlo, todo lo que es siglo XIV a siglo XIX. Tendremos que esperar al nuevo edificio de la segunda fase para ver cómo algunas obras de ese arranque del siglo XIV y del XV y XVI pueden convivir con un contenedor nuevo.

Precisamente, por el exterior rupturista de la ampliación y por un interior más proyectado hacia esa idea del cubo blanco, creíamos que la parte más moderna de nuestra colección era la que mejor encajaba en los nuevos espacios. Nuestro montaje ha sido muy respetuoso con las líneas arquitectónicas que proyectó Mangado. Es el montaje de una colección permanente, que tiene que combinar lo clásico con unos ritmos muy bien estructurados y muy bien cuidados. Se ha conseguido un buen diálogo entre el contenido y el continente.

Sala dedicada a la renovación y últimas manifestaciones del arte. Ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez.

Sala dedicada a la renovación y últimas manifestaciones del arte. Ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez.

P: ¿Cómo se logran fondos tan extensos?

R: A través de una política de adquisiciones muy bien trabajada durante treinta y cinco años por los anteriores directores. La incorporación en 1994 de la colección de Pedro Masaveu, a través de esa figura de la dación por impuestos de sucesión, con algo más de 400 obras importantísimas, nos situó en la primera línea de los museos de Bellas Artes provinciales. Y a través de una política de donaciones y depósitos, muy bien trenzada, que continuamos.

De hecho, en breve, va a llegar como depósito una obra magnífica de Luis Menéndez Pidal, La cuna vacía, que nos deposita Don Antonio Suárez, un coleccionista astur-mexicano vinculado a esta región y vinculado a partir de ahora a este museo, que, generosamente, ha comprado la obra para dejarla en depósito para el museo de Bellas Artes de Asturias. Era un obra codiciadísima por el museo, que no había podido comprar porque en los últimos años no tenía fondos para poder hacerse con ella y que, gracias a esta política, en este caso de depósitos, va a incorporarse en los próximos días a nuestras colecciones.

Carnavalada, 1928. Evaristo Valle. Ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez.

Carnavalada, 1928. Evaristo Valle. Ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez.

P: En relación con el arte, en Asturias destacan varios museos de pintores locales atractivos, y, sin duda, el Centro Niemeyer en Avilés y la LABoral de Gijón, dos instalaciones de excelente arquitectura que, a diferencia de los tradicionales museos de Bellas Artes, carecen de colecciones propias. ¿Cómo se ven estos temas desde la dirección del museo de Bellas Artes de Asturias?

R: Parafraseando a Miguel Zugaza, director del museo de El Prado, siempre digo que “un museo no es para solistas”. Nosotros creemos en el trabajo en red con otras instituciones locales, regionales, nacionales y, por qué no, internacionales, y a esto nos hemos dedicado mucho en estos dos últimos años con la firma de acuerdos y de convenios con instituciones locales o regionales con las que hasta ahora no dialogábamos, como el Centro Niemeyer o la LABoral Centro de Arte y de Creación Industrial, o con otras instituciones nacionales o internacionales.

Vamos a firmar, ahora, un convenio con el museo Nacional Barroco de Puebla de México, que nos va a llevar a una serie de intercambios de obras y actividades, o con el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, con el que hasta ahora habíamos dialogado muy poco. Ha sido clave en el fortalecimiento y mejora de nuestra colección del siglo XX y XXI, que acabamos de exponer en la ampliación. Así que, queremos trabajar en red, coproducir, compartir espacios, exposiciones, experiencias…

Como director de un museo de Bellas Artes, en este caso de Asturias, ¿cómo veo ese mejor posicionamiento, en algunos aspectos, de otras instituciones que pasan por ser más modernas? Me alegro, que se fortalezcan, que se les apoye con esa contundencia con la que, a veces, se les apoya, siempre y cuando, no se descuide ese otro ámbito institucional de los museos de Bellas Artes. Son instituciones hermanas con las que queremos trabajar, y estamos a la espera de ver cómo se desarrollan y progresan. Hay que dejarles tiempo. Cada una de estas instituciones seguimos nuestras líneas de trabajo y convergemos en aquellos aspectos en los que queremos y podemos converger.

P: Para un director que procede de la docencia universitaria en arte, ¿qué es arte?

R: Las respuestas son muchísimas, hasta el punto de que algunas de esas respuestas pasan por decir que arte es todo aquello que la institución arte considera que es arte, o arte es todo aquello que el ser humano llama o considera que es arte. Son respuestas tautológicas… A mí hay una frase de Giacometti que me gusta mucho. Es un artista al que admiro, al que he seguido, estudiado, leído, y que en su día, ante la pregunta de qué es arte, contestó que “arte es intensidad de vida comunicada”, en un sentido general, y yo creo que me puedo quedar con eso.

Esa “intensidad de vida comunicada” puede venir desde el campo de las artes plásticas, del cine, de la música, y, allí donde percibamos esa “intensidad de vida comunicada”, creo, que podemos empezar a hablar de arte. Las respuestas nos podrían llevar a una clase de teoría del arte. Para la vía institucionalista, es aquello que el sistema arte considera arte, y ¿qué es el sistema arte? Pues toda esa red, ese conjunto de profesionales, de galerías, críticos, que estipulan lo que es arte…

Acuarela Metamorfosis de ángeles en mariposas, 1973. Dalí. Ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez-

Acuarela Metamorfosis de ángeles en mariposas, 1973. Dalí. Ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez.

P: Hábleme de su etapa de profesor de historia del arte en la Universidad de Oviedo…

R: A mí me ha tocado dar todo tipo de asignaturas, desde arte islámico a teoría del arte, patrimonio cultural, últimas tendencias del arte, barroco… Creo que no ha habido asignatura o parte de la historia del arte precolombino que no haya dado en estos años de docencia que he tenido antes de incorporarme al museo. A mí me enriqueció muchísimo dar asignaturas que no eran de mi especialidad, que es arte contemporáneo y, sobre todo, siglos XX y XXI. Me enriquecían desde el punto de vista de los conocimientos y desde el punto de vista profesional, así que ¡bienvenida sea esa sopa de asignaturas! que me tocó dar en su día y que me hizo viajar desde el año 9000 a.C. al 2014, a lo mejor, en un mismo día

P: Es una situación ideal para encontrar nexos, confluencias

R: Sí, sí, eso es. Veías nexos, veías comuniones, veías además, entre periodos históricos tan lejanos, que se miraron mucho, sobre todo, de lo contemporáneos hacia ese pasado. Era bonito ver esos diálogos y esas conexiones, o las confrontaciones también, que a veces no eran tantas, o cuestiones que creíamos que estaban efectivamente más cercanas las unas a las otras y luego no lo estaban tanto.

Joven española, 1921. Pablo Gargallo. Ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez.

Joven española, 1921. Pablo Gargallo. Ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez.

P: Para un profesor de arte, pendiente de la historia, ¿resulta interesante orientar la mirada al futuro desde la dirección de un museo?

R: Todo arte es arte contemporáneo. Para mí no existe el arte fosilizado en el tiempo. Si ha llegado hasta nosotros es porque sigue teniendo vigencia, y porque puede ser leído en clave de arte contemporáneo. Da igual que nos refiramos a la vasija de figuras rojas del mundo antiguo, al prerrománico asturiano o a la última manifestación hecha por el último artista emergente.

En el museo el dialogo con el pasado es desde el presente y hacia el futuro, sobre todo en clave de gestión y programación. Exige muchísima organización, con la ayuda de nuestro magnífico equipo. Tenemos muy poco personal. Este es uno de los grandes déficits de este museo, que, por ejemplo, ¡no tiene conservadores!, personas especializadas en catalogar, inventariar, estudiar, proponer exposiciones y comisariarlas escribiendo sus catálogos. Hemos sacado la ampliación adelante a base de voluntarismo, y es necesario dotar al museo de personal urgentemente, y reforzar su presupuesto. Nos hemos convertido en un museo del siglo XXI, debe serlo también en la organización de la plantilla…

P: ¿A quién debemos pedirlo?

R: A los políticos. Este museo no puede sobrevivir sin la incorporación de jóvenes, o no tan jóvenes, licenciados, doctores en historia del arte, y en particular de conservadores. Buscamos la excelencia, en la investigación y en la conservación, y solo se puede conseguir a través de la incorporación de personal cualificado con ganas de trabajar. Tenemos una colección permanente riquísima, es un proyecto sólido, consolidado, que no ha hecho otra cosa que crecer en estos tiempos de crisis absoluta. Esto, en mi humilde opinión, merece un apoyo y un reconocimiento social y político.

Edificio en construcción, 1976. Carlos Sierra. Ampliación del museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez.

Edificio en construcción, 1976. Carlos Sierra. Ampliación del museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez.

P: ¿De qué modo se financia el museo?

R: Es un organismo autónomo dependiente, por un lado, del Principado de Asturias en sus dos terceras partes y, por otro, del Ayuntamiento de Oviedo, que complementa ese tercio. Desde el punto de vista de la financiación y de la representación en el Patronato, dos terceras partes proceden de la Junta General del Principado, de los diferentes grupos políticos representados, y una tercera parte del Ayuntamiento.

P: ¿Cómo se ha financiado la ampliación?

R: Se ha levantado con cargo a los presupuestos del Principado y está cofinanciada por la Unión Europea a través del Programa Operativo FEDER de Asturias 2007-2013, dentro del cual constituye un proyecto emblemático.

P: Volviendo al campo de la docencia, son muy conocidas las líneas de investigación que usted ha seguido en relación con el pintor asturiano Luis Fernández

R: Mis investigaciones proceden de mi especialización en arte contemporáneo a partir de una tesis doctoral que hice con Javier Barón, mi director, el actual responsable del departamento de arte del siglo XIX del museo de El Prado, que fue profesor mío. Giró en torno a este pintor fundamental del arte español del siglo XX, Luis Fernández, poco conocido, discreto pero de una obra singularísima y bellísima. A partir de esa investigación, de mis estancias en París, mi postdoctorado en el Centro Georges Pompidou con Brigitte Leal, actual directora adjunta, me he especializado en el arte del siglo XX y XXI, en vanguardias históricas, arte asturiano, arte español y arte internacional.

Paisaje, 1947. Luis Fernández. Ampliación del museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez.

Paisaje, 1947. Luis Fernández. Ampliación del museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez.

Esa especialización en arte contemporáneo me ha llevado a darme cuenta de que todo dialoga con todo, bien para abrazarlo o bien para rechazarlo. Hay unos vasos comunicantes, unas rimas, unas cacofonías también, que hacen que esa visión de la historia del arte como un ciclo articulado en torno a una serie de periodos estancos sea una visión completamente reduccionista y empobrecedora. Hay un continuum conocido, estudiado por los artistas, que influyó en los de diferentes épocas, que los historiadores del arte tenemos que revisar a la hora de investigar los periodos.

P: Entonces, no está usted de acuerdo con los que sentencian ¡cuánto hemos evolucionado! Ni tampoco con los que creen que los antiguos dibujaban como lo hacían por ignorancia.

R: Claro, no estoy de acuerdo con esa gente. A lo mejor el artista de vanguardia no está dibujando tan bien porque no quiere…, y porque se está fijando en otros modelos frente a un artista académico del siglo XVII. No, en arte no se puede hablar de evolución entendida en el sentido de progresión lineal hacia un perfeccionamiento en cuanto a la ejecución. No, eso no tiene ningún sentido. Cada artista lee su época, y es tanto o más sofisticado un bodegón del siglo XVII, que quizá vemos como algo muy sencillo sin entender las claves que están detrás del mismo, que una pintura académica del siglo XXI. Creo que no hay una evolución, en ese sentido de perfeccionamiento técnico, a pesar de que hay historiadores del arte que así lo han entendido y así lo han explicado.

Sobre una guerra civil (tríptico) de Jaime Herrero, 1964. Acróbatas de César Montaña, 1959. Ampliación del museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez.

Sobre una guerra civil (tríptico) de Jaime Herrero, 1964. Acróbatas de César Montaña, 1959. Ampliación del museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez.

P: ¿Qué piezas de la colección del museo de Bellas Artes de Asturias considera imprescindibles?

R: La pintura sobre tabla de los siglos XV y XVI, el Apostolado de El Greco, los fondos de pintura barroca, GoyaLuis Meléndez, el bodegonista, del que tenemos cuadros importantísimos. Y luego me iría a Sorolla, Regoyos, Anglada Camarasa, Picasso, Miró, Dalí y Luis Fernández, y todo lo que tenemos de arte asturiano y español del XIX y de la segunda mitad del siglo XX.

P: Dígame qué otras obras de arte le gustaría tener aquí, en el museo…

R: Es una colección muy bien armada en sus diferentes estilos, épocas o tendencias, pero por pedir… Al museo le falta, cómo no, un Velázquez, que algún día en un futuro, podamos, a través de la vía que sea, incorporar a las colecciones. En cuanto a lo contemporáneo, nos falta, entre los grandes maestros del arte español vinculado a la vanguardia, un Juan Gris…, incorporar a Julio González, que es un gran maestro de la escultura del siglo XX. ¿Quién no querría tener un Rothko? Hay otros grandes nombres, Malevitch, Antonio López… Tener un Vermeer

Mosquetero con espada y amorcillo, 1969. Pablo Picasso. El ídolo, 1943. Baltasar Lobo. Ampliación del museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez.

Mosquetero con espada y amorcillo, 1969. Pablo Picasso. El ídolo, 1943. Baltasar Lobo. Ampliación del museo de Bellas Artes de Asturias / © Mercedes Peláez.

P: ¿Qué tipo de actividades programa el museo?

R: Queríamos hacer un museo mucho más abierto a la ciudadanía. El museo de Bellas Artes de Asturias estuvo mucho tiempo dedicándose a construir una colección y ahora tocaba hacer un museo público, abierto a la sociedad, en conexión constante con el medio, y lo estamos consiguiendo muy bien gracias al programa de actividades. Vimos segmentos de público que podían venir al museo y estamos atrayéndolos. Hemos establecido una programación cuatrimestral en torno a una serie de proyectos expositivos, exposiciones con una obra invitada, conferencias, conciertos, para abrir el museo a otras artes y a la ciudadanía.

Hemos hecho, por ejemplo, un programa de música antigua de los siglos XVII y XVIII en Velarde. Ha funcionado especialmente bien otro, de ciclos de cine, en el que analizamos los nexos entre el cine y las artes plásticas, con proyecciones de películas y debates. Es increíble lo bien que ha funcionado y lo bien que nos ha venido para explicar determinados fenómenos artísticos, obras que tenemos aquí, y películas de determinados directores que a su vez tuvieron conexiones con las artes plásticas. El arte es un campo de relaciones o de fricciones y está bien radiografiarlas

P: A un artista le da igual tener en la mano una cámara o un pincel

R: No podemos analizar a los creadores única y exclusivamente desde su ámbito porque el creador está influido por cuarenta mil historias cuando crea… El cine ya de por sí es un arte. Puede estar en los museos per se. Nosotros no somos ni un festival de cine, ni una filmoteca, somos un museo que quiere acercarse al cine. Contamos con seis ciclos, que hemos celebrado en el salón de actos del Museo Arqueológico. Es una manera de sacarnos fuera a nosotros mismos…

P: En esa interesante vinculación del museo al cine, ¿hay alguna iniciativa que reivindique los edificios de los cines? Cuando un director clásico filmaba, sabía que la proyección se realizaría sobre la pantalla de un edificio diseñado para ello. La imagen cinematográfica, enmarcada por la arquitectura, formaba una suerte de nuevo mural. Ahora los cines, la mayoría obras maestras de arquitectura, están en extinción…

R: Hemos salido al museo Arqueológico y, efectivamente, una vía, uno de estos tentáculos, de estas extensiones del museo puede ser la de los propios cines. Los necesitamos. Queremos un museo con una visión integral del arte, un museo que busque la excelencia desde todos los puntos de vista, que reivindique esa voluntad de todo museo de conservar el patrimonio.

P: ¿Qué opina del conocimiento que tienen los jóvenes de la historia del arte?

R: Es un tema clave. El gran desafío que van a tener los futuros gestores de museos es cómo explicar a unas generaciones jóvenes, que cada vez están más desconectadas del pasado porque están vinculadas a esta cultura del fragmento, del presentismo y de lo rápido, un producto de la Humanidad como es el arte para que lo valoren. ¿Qué hacemos con estas generaciones jóvenes que han visto cómo sus estudios, ya no sólo de arte sino de humanidades, en esa formación reglada y obligatoria, han sido reducidos a la mínima expresión? ¿Qué hacemos con esos jóvenes que pueden acabar, a los diecisiete o dieciocho años, esos estudios sin haber visto ni una materia de historia del arte?

P: ¿Deberían los museos acercarse a los colegios?

R: Sí, sí…, y quizás debería haber unos programas educativos mejores y no tanto cambio de programa educativo cada equis años. Eso conduce a una desorientación que es negativa para todos.

P: Un museo del siglo XXI, ¿en qué consiste?

R: Para mí es una cuádruple estructura de conservación de patrimonio, de investigación, de educación y de creación artística. Es algo básico, pero los museos, con esta idea de la cultura espectáculo, tienden a veces hacia otras historias… Este pilar de la educación es fundamental, ahora que la enseñanza del arte está en franco retroceso en la educación reglada y son los museos los que se han incorporado a la vanguardia de la educación en cuestiones histórico-artísticas. Hay que dirigirse no sólo al segmento escolar, sino a las familias, a las personas con discapacidad… ¿Qué pasa con esas personas en riesgo de exclusión, con las mujeres maltratadas? Pues las estamos atrayendo…

Somos el último museo, del nivel que tiene el Bellas Artes de Asturias, gratuito al cien por cien, y lucharé por esa gratuidad hasta que sea inevitable. Presentaremos nuestra próxima página web en octubre… Queremos construir el museo en torno a una serie de conceptos que hemos visto muy claros, como comodidad, accesibilidad, excelencia, transparencia, rigor en la conservación…, una serie de elementos que nos proyecten a ser el mejor museo que podamos ser. Es ahí donde queremos llegar.

Mercedes PELÁEZ LÓPEZ

 

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