Dones de amor: mujeres y rituales en el Renacimiento

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La pinacoteca Cantonal Zust RANCATE- MENDRISIO (Suiza) muestra a partir del 12 de octubre y hasta el 11 de enero una escogida selección de valiosos objetos de los siglos XIV al XVI que se regalaban a las mujeres para sellar un compromiso matrimonial, la celebración del matrimonio o el nacimiento de un heredero

La cultura de la época confería a la figura femenina, habitualmente limitada a los ambientes domésticos, un papel fundamental en este tipo de festejos sociales y políticos que las familias acomodadas celebraban con fastuosas ceremonias encargando lujosos regalos en consonancia con el motivo en concreto para donárselos. Estas celebraciones eran una ocasión para mostrar el estatus social y también el poder económico, hasta tal punto que, para frenar la excesiva ostentación de las fiestas y de los regalos, algunas ciudades se vieron obligadas a dictar leyes suntuarias.

Tres secciones dedicadas a cada uno de los felices acontecimientos familiares proponen al público, según anotaciones encontradas en los documentos y en los libros de recuerdos, las dávidas destinadas a la hembra de la casa: desde el cofrecito para pequeños objetos de marfil y costosos cinturones -que el futuro esposo ofrecía a la joven para sellar el noviazgo- a las joyas y a los elementos del mobiliario -donados por el marido y por su parentela o aportados en dote por la esposa el día de la boda- hasta un taburete de parto y una vajilla de loza, donde se servía a la puérpera la primera comida reconstituyente tras el esfuerzo y el superado riesgo mortal del parto.

La Anunciación, por Pier Francesco Sacchi.

La Anunciación, por Pier Francesco Sacchi.

Entre las dádivas nupciales, figuran los arcones y frontales de baúles decorados, enseres del mobiliario del siglo XV encargados por el padre de la novia, además de algunas tan excepcionales como la puerta de espejo ebúrnea con la escena del Asalto al Castillo, en la sección dedicada al noviazgo; el raro arcón decorado y dorado procedente del Museo veronés de Castelvecchio, en la de la boda, y la cabeza de marta de cristal de roca con esmaltes y rubíes de la colección Thyssen-Bornemisza en el apartado del nacimiento

La muestra aporta también una interpretación de los valores simbólicos atribuidos por las sociedades de la época a las delicadas artesanías realizadas para estas ocasiones: a la riqueza de los materiales y a la finura en la elaboración se une también la elección de las materiales con unos significados extraños y recónditos, desde la alusión erótica de los objetos del tocador de marfil -materia prima que encarnaba la piel femenina- a los parabienes de los anillos según la propiedad de sus piedras preciosas o su mismo diseño, como las dos manos entrelazadas que evocaban la promesa de matrimonio sellada por las manos estrechadas, mientras que el cofrecito, por su función de guardar, representaba el regazo femenino receptor del semen masculino. Además de otros ejemplos heredados de antiguas tradiciones, como el cinturón emblema de castidad, típico regalo de compromiso, que deriva del rito de época romana de anudar a la cintura de la novia una cinta que el novio soltaba en la noche de bodas.

En la esfera simbólica, las iconografías escogidas para decorar las espléndidas manufacturas representan la obediencia y la fidelidad, virtudes consideradas esenciales para la esposa de entonces. O los objetos para la puérpera con escenas de nacimientos retomadas del ambiente sagrado, para augurar un buen parto y la incolumidad de la madre.

Alegoría del amor, por Bernardino Licinio, 1520.

Alegoría del amor, por Bernardino Licinio, 1520.

La dote constituye el conjunto de bienes que la familia de la futura esposa transfería al prometido con motivo del matrimonio, histórica tradición que se remonta, dentro de la cultura occidental, a la antigua Grecia. Para esta civilización, la dote podía ser “directa”, en caso de que estuviera formada por los bienes de la familia de la esposa, o “indirecta” si provenía de regalos hechos a la novia por la celebración de la boda.

Su valor dependía de la generosidad del padre o del hermano y, en general, quedaba sujeta a varios factores: la riqueza del que otorgaba la dote, el número de hermanos y hermanas, las convenciones usadas en el grupo social al que pertenecía la familia en relación a los bienes entregados al momento de la boda o a una eventual herencia que en algunos contextos quedaba sustituida total o parcialmente por la dote misma.

Así que, además del ajuar, la dote podía consistir en dinero e incluso en esclavos, indicativos de la gran riqueza del suegro, y garantizaba la supervivencia de la esposa en caso de divorcio o de viudedad. Esta costumbre de transmitir algunos bienes por el celebrado matrimonio se ratifica en el Derecho romano con un doble objetivo: indemnizar a la mujer que, al abandonar a la familia de origen, perdía el derecho a la herencia paterna, así como contribuir a los gastos de la boda.

Mientras, en otras culturas del Medievo, aparece un fenómeno marital denominado Morgengabe (regalo de la mañana) instituido por el antiguo Derecho germánico, consistente en el regalo que el marido hacía a la esposa a la mañana siguiente de la noche de bodas testimoniando su honradez, con la facultad de repudiarla si no se hubiera demostrado virgen. En cualquier caso la dote se otorga al hombre, quien la administra mientras dure el matrimonio, si bien de producirse el repudio, la separación o el divorcio, estaría obligado a devolverla.

Rica camisa bordada de manufactura italiana.

Rica camisa bordada de manufactura italiana.

En cuanto a la cuantía de la dote, la mayoría de las familias medievales no tuvieron problemas, ya que no podía entregar a sus hijas o esposas ni dote ni arras; por el contrario, naturalmente, en las clases pudientes conllevaba algunos conflictos. Cabe indicar que en la Florencia de la Baja Edad Media resultaba normal rescatar a una joven viuda por su familia de origen para establecer, con ella y su dote, una nueva alianza con otro parentado. Mientras viviera, el marido estaba considerado el administrador de los bienes de la esposa.

En aquellas regiones donde estuviera establecido el sistema de primogenitura, la viuda debía acudir al convento donde, para ingresar, también tenía que aportar una dote… pero a fin de que este tipo de acogida no estuviera reservado sólo a mujeres con posibilidades, a finales de la Edad Media se crearon fundaciones cuyo objetivo era dotar a huérfanas y a muchachas pobres.

Tradicionalmente en los núcleos campesinos de Italia, la dote consistía en un baúl con el ajuar compuesto de varios juegos de cama y de mesa, vajillas y otros elementos útiles para el hogar. El Código Justiniano del siglo VI convirtió la dote en obligatoria; esta ley, aunque modificada, sobrevivió en Italia hasta el año 1975, que a raíz de la reforma del Derecho de familia, se derogó.

El nuevo texto del Código Civil prohíbe la constitución de dote, interpretada como una herencia del pasado. En algunas sociedades, la dote formaba parte de un intercambio de riquezas entre las familias contrayentes acompañada de un cierto pago del novio o sus parientes a la familia de la novia, denominado excrex.

En España, el excrex se practicó en Aragón y Cataluña. Este pago sigue siendo relativamente frecuente en algunas culturas africanas, mientras que la dote sería más propia del sur de Asia y algunas sociedades europeas. En países como la India, Pakistán, Bangladesh, Nepal o Sri Lanka le toca a la novia contribuir con una dote a la familia del novio. En algunas regiones de Europa persiste la tradición del ajuar que antiguamente consistía en el conjunto de enseres, muebles y ropa a cargo de la familia de la novia y que hoy día se extiende también a la familia del novio.

Carmen DEL VANDO

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