Los frescos de la Villa de los Misterios (Pompeya) lucen de nuevo en todo su esplendor

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El sitio arqueológico más completo del mundo añade otra perla a su recorrido: la Villa de los Misterios del siglo II a.C., desenterrada a partir de 1909, dotada del ciclo de frescos del segundo estilo –la mayor obra maestra de la pintura antigua–, que relucen tras su reciente restauración. Una acción que llena de esperanzas el futuro de esta ciudad interrumpida en plena actividad diaria

“Hoy es un día verdaderamente importante para Pompeya: Italia restituye al mundo otra maravilla más. Hemos llevado a cabo un año de trabajo extraordinario. Hemos cerrado tres obras, otras trece están abiertas, además de nueve licitaciones, hemos dado empleo, con diferentes cometidos, a 85 personas… registrando 200.000 visitantes más en 2014”, declaraba el ministro de Cultura, Dario Franceschini, durante la presentación a la prensa.

Detalle de uno de los dibujos de la Sala del Triclinio después de la restauración.

Detalle de uno de los dibujos de la Sala del Triclinio después de la restauración.

De hecho, el informe de la Unesco sobre el estado de las ruinas de esta ciudad romana, aprueba la acción del gobierno italiano y de la dirección del “Gran Proyecto Pompeya”, en gran parte financiado por la Unión Europea, que recomienda extender hasta 2016.

Así pues, no sólo grietas, filtraciones, desmoronamientos u otros incidentes negativos –comprensibles dados los 2.000.000 de metros cúbicos de elementos de albañilería, los 3.000 metros cuadrados de mosaicos y la larga edad de la antigua ciudad romana, justifica la Superintendencia–, ahora a su mantenimiento se añade la recuperación de espacios extraordinarios como esta flamante Villa suburbana, de otium (rústica) con el extraordinario ciclo pictórico (una megalografía con figuras de tamaño natural) perteceneciente al segundo de los cuatro estilos de la pintura romana, que decora la franja mediana de la “Sala de los Misterios”, encima de un zócalo imitando a mármol.

La escena enfoca a la pareja divina colocada en el centro de la pared del fondo, en la que aparecen Dionisio y Afrodita (o Ariana). Mientras las escenas que convergen de las paredes laterales hacia el centro se centran en dos temas relacionados entre ellos: por una parte, el mundo de Dionisio y la iniciación a sus Misterios. Por la otra, la preparación de una joven para su boda (como muestran las escenas representadas en las paredes que encuadran la entrada). El culmen de la narración se alcanza en la tradicional escena en la que una mujer arrodillada descubre el falo*, mientras un personaje alado se dedica a una flagelación ritual cuando baila una bacante del cortejo de Dionisio, durante las Bacanales en honor a Baco, dios del vino, invocado en las ceremonias.

Detalle de uno de los frescos de la Sala del Triclinio después de la restauración.

Detalle de uno de los frescos de la Sala del Triclinio después de la restauración.

A este propósito, cabe recordar que en 186 a.C. el Senado Romano, para frenar la imparable difusión de estas manifestaciones de tipo mistérico y orgiástico, ajenas a la religión oficial del Estado y desestabilizadoras para el orden público, aprobó una ordenanza que prohibía su actuación. Si bien en Pompeya, dado que el culto a Baco siguió desarrollándose hasta su destrucción, han sido hallados indicios significativos: un extraordinario testimonio de la complejidad de tales ritos lo constituye el ciclo de los frescos del triclinio de la Villa de los Misterios, único en el tema existencial de la vida de la hembra –cuyos misterios dionisíacos quedan aún por interpretar–, de 40 metros cuadrados de extensión, probablemente realizado por un artesano campano con una calidad pictórica según modelos alejandrinos.

El sátiro de la alcoba nupcial antes de la restauración.

El sátiro de la alcoba nupcial antes de la restauración.

La ciudad de Pompeya, de probable fundación etrusca, abarca en su totalidad 66 hectáreas de las que aún quedan por excavar 22, “sin la posibilidad de intuir qué edificios podrían permanecer bajo tierra”, explica el arqueólogo Antonio Varone del Ministerio de Cultura.

Foto que muestra el proceso de diagnóstico durante la restauración.

Foto que muestra el proceso de diagnóstico durante la restauración.

Y para recordar aquel terrible desastre natural de la erupción del Vesubio –paradójicamente “nunca una tragedia aportó tanto a la humanidad”– en el mismo yacimiento de Pompeya, con un montaje en el interior de una estructura creada para la ocasión, se ha programado para el mes de mayo próximo una exposición con 50 vaciados restaurados, nunca expuestos con anterioridad, que calcan a las víctimas sorprendidas durante su fuga del azote mortal de la erupción en el año 79 d.C.

*El falo, el pene viril variadamente representado, constituía una especie de amuleto de la época, que prometía buena suerte.

Carmen del VANDO BLANCO

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