Juan Ignacio Vidarte: “El efecto Guggenheim Bilbao sigue vigente”

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El director del Guggenheim de Bilbao reflexiona sobre la trayectoria del museo, la arquitectura del edificio, las colecciones de arte y el convenio suscrito con la Fundación Guggenheim de Nueva York en una entrevista concedida a MERCEDES PELÁEZ LÓPEZ para la revista DESCUBRIR EL ARTE

El museo Guggenheim de Bilbao late desde su origen al ritmo que impulsa Juan Ignacio Vidarte, director del consorcio para el proyecto desde 1992 y del propio museo a partir de 1996. A este economista vasco, titulado por Deusto en 1978, corresponde una parte sustancial del esfuerzo que logró el memorable edificio de Frank Gehry y su instalación urbana y museística.

Es desde 2008 director de Estrategia Global de la Fundación Guggenheim, matriz neoyorkina del museo y del resto de instituciones de la red Guggenheim, desplegada de Nueva York y Venecia a Bilbao y Abu Dhabi, con apuestas de extensión a Helsinki y al hermoso paraje natural de Urdaibai, en la costa vizcaína.

Juan Ignacio Vidarte se complace sin vanidad del éxito internacional del museo y de su futuro, y se muestra conocedor competente de la arquitectura de Gehry y de la colección de arte contemporáneo reunida bajo su gestión. Nada escapa al oído de Vidarte, que responde vivazmente a las cuestiones para explicar con tacto el reciente acuerdo que amplía hasta 2034 la relación del museo bilbaíno con la Fundación Guggenheim.

Pregunta: Le invito a promover la visita al Guggenheim Bilbao en esta temporada, protagonizada por la muestra Niki de Saint Phalle , un audiovisual de Kimsooja y la Retrospectiva de Jeff Koons, autor del perro vegetal Puppy. Las tres exposiciones incitan a la alegría, a disfrutar del color y la inocencia. ¿Qué aporta el singular espacio expositivo del museo a la producción de estos creadores?

Respuesta: Intentamos que el visitante tenga una experiencia completa. La exposición de Niki de Saint Phalle es probablemente la retrospectiva más importante de esta artista, conocida por su arte público o por sus Nanas. Es una oportunidad para descubrirla en los espacios de Gehry que son un escenario único. Acabamos de abrir al público una obra de la artista coreana Kimsooja, Las rutas del hilo, muy poética, muy bella y muy profunda, que nos acerca a la geografía de aquellos lugares donde todavía la tradición del bordado se recrea de forma activa. Con la retrospectiva de Jeff Koons será un momento muy único para venir. Tenemos con este artista norteamericano una relación especial. Una de las obras más icónicas suyas, que es este Puppy, da la bienvenida al museo desde que se inauguró hace diecisiete años.

Muestra de Niki de Saint Pahlle.

Muestra de Niki de Saint Pahlle.

P: Otra exposición en cartel hasta mayo, El Arte de nuestro tiempo, evoca los últimos veinte años de colaboración con la Fundación Guggenheim…

R: Rememora la exposición que inauguró el museo, que presentaba una historia del siglo XX basada en los fondos Guggenheim. Diecisiete años más tarde, refleja la evolución del arte en el siglo XXI y el cambio que las colecciones Guggenheim han experimentado, incorporando la colección de Bilbao con su riqueza centrada en la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI. Hay muchas más obras realizadas por mujeres y por artistas que ya no son solamente europeos o norteamericanos.

P: El Patronato del museo y la Fundación Guggenheim han prorrogado el convenio de apertura y gestión del Guggenheim Bilbao. ¿Cuál es su valoración?

R: Nuestro museo está basado en dos acuerdos. Uno fundacional, de 1991, que recoge las bases de la relación con la Fundación Guggenheim, y otro de 1994, que regulaba los aspectos operativos. Vencía en diciembre de 2014 y era necesario acometer su actualización. Este acuerdo renovado nos da estabilidad para los próximos veinte años. Mi valoración es muy positiva. Se ha buscado equilibrar la relación, dejando por escrito lo que el Guggenheim Bilbao había ido adquiriendo en cuotas de autonomía. En ese sentido reconoce los niveles altos de profesionalidad que han alcanzado sus estructuras de funcionamiento. Se recoge la incorporación de las obras que se han librado con condiciones Guggenheim a las cuentas de cobertura de la Fundación. Se recoge un compromiso adicional de la Fundación Guggenheim de exponer en Bilbao, por un periodo de seis meses cada dos años, una exposición de la colección permanente. Se establecen programas de becas y prácticas de artistas en Nueva York…

P: ¿Qué aporta al museo de Bilbao la asociación con la marca Guggenheim?

R: La posibilidad de contar con los fondos de las colecciones Guggenheim, y de trabajar en proyectos expositivos conjuntos, que es algo cada vez más interesante en un mundo donde la realización de grandes exposiciones temporales es cada vez más difícil. Contar con un apoyo permanente de la Fundación Guggenheim da una credibilidad y una presencia en el mundo difícil de conseguir de forma aislada. Y después, esa manera de trabajar en red que se puso en funcionamiento hace veinte años. Entonces era una idea innovadora y para nosotros ha sido fundamental. Es una forma, quizá, de responder a los retos de la globalización para un museo de una ciudad como Bilbao, que es periférica.

P: Una primicia… ¿Cuál será la primera de esas grandes exposiciones programadas para el futuro?

R: No es algo que yo pueda desvelar… (risas). Inauguraremos Jeff Koons a principios de junio. A final de año tendremos dos muy interesantes. Making Africa, que nos va a permitir acercarnos a una parte de la realidad africana, vital, activa, interesantísima desde el punto de vista de la relación con el arte, con la pintura y con la escultura, con el diseño, la arquitectura… Tendremos una exposición dedicada a Alex Katz y además, desde el verano, una parte del museo se destinará siempre a una selección de los fondos más emblemáticos de las colecciones del Guggenheim Bilbao.

Exposición El Arte de nuestro tiempo.

Exposición El Arte de nuestro tiempo.

P: La colección del Guggenheim Bilbao incluye las mejores firmas modernas y contemporáneas, Serra, Koons, Rothko, Basquiat, Schnabel, Klein, Levitt, Motherwell, Bourgeois, Kapoor… Entre los españoles están Saura, Palazuelo, Barceló, Cristina Iglesias, Muñoz, Susana Solano o Ballester, además de Oteiza, Chillida y otros autores del País Vasco. Los artistas vascos aportan un acento de exclusividad a la vocación internacional del museo de Bilbao…

R: Dentro de este esquema en red, que nos gusta visualizar como una constelación más que un sistema solar, hay museos que son grandes estrellas. Cada uno tiene su luz… La personalidad del museo de Bilbao está desarrollada sobre diversos pilares. Uno de ellos es su colección, que tiene rasgos específicos. Empieza en la segunda mitad del siglo XX y continúa en el XXI, y lo que pretendemos es que, dentro de este periodo temporal, los artistas vascos y españoles que encajan mejor en las colecciones Guggenheim tengan, todos, una buena representación. Tanto los de la primera generación, Oteiza o Chillida pero también Tàpies o Saura, como los más recientes. Ese es solo uno de los elementos, hay otros.

Además de tener obras representativas de artistas fundamentales de este periodo…, Orozco, Rauschenberg o Kooning, tenemos obra de artistas de los cuales pretendemos que el museo sea referencia obligada, como Anselm Kiefer o Chillida. Y después tenemos obras de ubicación específica, que el museo ha desarrollado estos años, que convierten la colección en algo muy especial. Por supuesto, la obra de Richard Serra, La materia del tiempo, que es un encargo específico para un lugar específico del museo. Pero hay otras en este epígrafe…, Yves Klein con las Fuentes de fuego o la obra de Jenny Holzer.

P: El nuevo convenio ¿cómo afectará a la formación de la colección?

R: Se recoge el compromiso, por parte de las instituciones vascas, de recuperar el apoyo financiero para la consolidación de la colección propia en el futuro. Hay varias líneas de funcionamiento…, adquisiciones de obras maestras de artistas singulares, contar con artistas de los cuales el museo aspira a tener un conjunto de obra representativa, obras de instalación específica, obras representativas de los artistas vascos y españoles de este periodo y, junto a eso, ir ampliando los parámetros geográficos y de género.

P: ¿Habrá nuevos encargos realizados para las salas del museo?

R: Para el museo es una línea de trabajo. Somos prudentes en cuanto a la configuración de la colección. Está muy definida por la calidad y no tanto por la cantidad. Tenemos 130 o 140 obras, no son más… El museo intenta que los espacios extraordinarios que ofrece puedan ser servicio de oportunidad para que los artistas puedan realizar obras también extraordinarias para esos espacios.

P: ¿Qué es arte para el director del Guggenheim Bilbao?

R: Arte… (risas), es lo que realizan los artistas. Es difícil de definir pero es fácil de concluir que es una dimensión fundamental para las personas. El museo pretende acoger lo que los artistas contemporáneos producen en el ámbito de la pintura, de la escultura, de los nuevos soportes… Esa es nuestra ambición y nuestra vocación…

P: ¿Cómo se reconoce que una pieza es una obra de arte?

R: Nos guiamos absolutamente por el criterio de los curators, que tienen la responsabilidad de configurar la programación y la colección. Lo que los curators entienden que son obras que merecen la atención del museo, ser expuestas, investigadas y acercadas al público, pues eso es lo que para nosotros es arte y es lo que constituye el objeto de nuestro funcionamiento.

P: Un museo de arte moderno permite a sus responsables, y en concreto a su director, tener contacto directo con artistas vivos, hablar con ellos… ¿Cómo influyen en el museo? ¿Qué aportan a nivel personal?

R: Sí, claro… Es un factor muy atractivo para el propio museo. Poder contar con su participación y opinión en cuanto a los criterios de exposición es siempre muy enriquecedor y es algo que intentamos favorecer. La experiencia personal que tengo es muy interesante. Los espacios del museo no son neutrales. Muchas veces hay una posición apriorística de los artistas, esto les genera ansiedad, les da miedo. Sin embargo, prácticamente en todos los casos, después de haber podido colgar sus obras aquí, han pensado que este era un sitio como ninguno. Hablo de artistas tan distintos como Serra, Rauschenberg o Chillida, Twombly…

Puppy, de Jeff Koons, da la bienvenida a los visitantes al museo.

Puppy, de Jeff Koons, da la bienvenida a los visitantes al museo.

P: La cifra de visitantes al Guggenheim Bilbao es muy alta. ¿Qué esperan del museo?

R: Cada visitante es un mundo. Recibimos todos los años algo más de un millón de personas. No discriminamos en cuanto a sus expectativas. Algunos vienen con gran información previa, hay turistas con curiosidad, otros más cercanos al arte contemporáneo, y otros que no lo han visto jamás. El reto es lograr que las obras, sean contemporáneas o modernas, tengan capacidad de llegar al visitante. La arquitectura del museo es de gran ayuda, proporciona esa riqueza espacial que hace de la experiencia algo diferente, en positivo, y distinto a ver una obra en un museo convencional.

P: ¿Es un reclamo de primer orden disfrutar de las maravillas del restaurante Nerua?

R: Que la experiencia raye al máximo nivel de excelencia posible incluye la propia introducción al museo y la que el visitante tiene después cuando sale en los diferentes espacios gastronómicos. Contamos con la colaboración de un extraordinario chef, Josean Martínez Alija. Gracias a él y a su equipo, tenemos el Nerua Bilbao, con una estrella Michelin, y el Bistró y el bar, más a ras de tierra, con niveles similares de calidad. Que la parte gastronómica esté también bien cuidada es muy importante, y más aquí donde vivimos.

P: Hay también conferencias, conciertos, actividades seductoras, un Taller de diseño y moda, cursos de Introducción a la arquitectura para niños… A falta de la docencia en arte en las etapas escolares ¿serán los museos las universidades del siglo XXI?

R: El museo, y éste en concreto, es una propuesta multiobjetivo. El primero es el de constituirse en una referencia como institución cultural que tiene que adquirir una visibilidad internacional. Pero, si somos algo, somos una institución educativa. No en el sentido de la educación reglada, pero sí en el de acercar la cultura a los ciudadanos. Es un campo en el cual hemos intentado ser pioneros. Acabamos de crear un nuevo espacio educativo, complementario, precisamente para poder ir atendiendo esos diferentes aspectos que no están cubiertos. Es nuestra misión intentar ayudar…

P: Hace cien años los Futuristas pedían la destrucción de los museos y ahora sus obras cuelgan en los de vanguardia, ¿cómo será un museo del futuro?

R: Es una institución que está demostrando ser muy resistente, nuestra sociedad no se entendería sin los museos. Está viva, por eso es objeto de la crítica, y, en el caso concreto de los Futuristas, de una crítica muy acerva, muy destructiva, pero efectivamente al final han acabado siendo acogidos por los museos. El año pasado hubo una exposición extraordinaria dedicada precisamente al Futurismo en el Guggenheim de Nueva York. Los museos tienen muy buen futuro, los datos de visitantes lo atestiguan. Tienen que afrontar retos, atraer a un público más joven con una relación mediada a través de la tecnología, encontrar estructuras operativas sostenibles, porque lo que hacemos no es algo barato…

036.Galerías El Arte de Nuestro Tiempo 2014P: ¿Cómo afecta el mercado del arte a un museo?

R: Un modelo operativo financieramente sostenible es fundamental. Tenemos una financiación pública que cubre aproximadamente una tercera parte de nuestro presupuesto pero las dos terceras partes restantes provienen de ingresos que el propio museo genera o que aportan entidades y personas individuales y corporativas. En la medida en que el mercado del arte sigue siendo un mercado en expansión, la adquisición de obras cada vez está más limitada. No podemos competir en determinados niveles.

P: En 1997 el edificio de Gehry conmocionó las bases de la arquitectura. Impulsó las técnicas gráficas digitales, descubrió la “arquitectura estrella” y abanderó la arquitectura española en la exposición On-Site del MoMA. Es el icono de Bilbao y el emblema de la globalización, y muchas ciudades con deseos mediáticos emularon sin éxito la operación. Desde su punto de vista de antiguo director del consorcio que tuteló la instalación del museo y anterior responsable de instituciones dedicadas a estudios territoriales en Vizcaya, ¿qué causó exactamente el célebre “efecto Guggenheim”? ¿Sigue vigente?

R: La arquitectura de Gehry es un complemento, necesario, pero no suficiente. No hubiera sido posible que solo la arquitectura hubiera sido la causa de todo el efecto. En cuanto a Bilbao sigue siendo vigente. El museo ha sido claramente el catalizador de un proceso de transformación que afortunadamente continúa. El año pasado hubo más de veinte mil noticias relacionadas con el museo que llegaron a cuatro mil millones de lectores. Ese millón de visitantes que viene todos los años, de los cuales más de dos terceras partes son extranjeros, genera un impacto económico en torno a los 350 millones de euros anuales. Esto hace que el museo sea un apoyo a la ciudad en ese proceso de cambio. Por esto sigue siendo vigente.

Mucha gente piensa que el edificio es un capricho formal de un arquitecto, piensa que es una estructura bella, sin entender que realmente, siendo así, responde a un programa muy bien definido de uso. Tiene esa estructura visual maravillosa, externa, pero son las galerías las que permiten lo que le pedimos a Gehry, que no queríamos que el museo que diseñara definiera el tipo de arte que se iba a exponer.

El “efecto Guggenheim Bilbao” es debido al museo pero, si ha ocurrido, ha sido porque no fue una actuación aislada. Está incardinado en todo un proceso de transformación de la ciudad que había empezado antes con la regeneración de la ría, con el desarrollo del metro. Cuando se ha intentado mimetizar en otros lugares, se ha pensado que una problemática concreta se resolvía simplemente con una intervención arquitectónica más o menos genial, sin tener en cuenta que respondiera a un proyecto coherente con una actuación más amplia. Quizá por eso los resultados no han sido los mismos.

P: Antes de que Gehry plantara su gran nenúfar metálico a orillas del Nervión, el gran público no consideraba monumento visitable un edificio moderno. El museo cambió esta percepción y quienes, al inaugurarse, acudieron a verlo se aficionaron a visitar arquitectura contemporánea…

R: Sí, eso está muy acertado, el edificio del Guggenheim Bilbao ha contribuido a divulgar la cultura arquitectónica. Cuando los visitantes entran en el museo, antes de haber visto ninguna obra de arte, les empieza a cambiar el chip…, porque entran en unos espacios que son muy cercanos, que, diríamos en inglés, son muy used-friendly. Es un preludio fundamental para que después, cuando ya entran en las salas y se empiezan a enfrentar con las obras, estén en una disposición mental mucho más propicia y más receptiva.

P: Encargar a Gehry un icono de gran impacto formal siguió la estela de Frank Lloyd Wright, que acabó en 1959 una rotonda emblemática para el Guggenheim neoyorkino. ¿Es la pauta impuesta a los edificios de la marca?

R: Lo que quizá hace diferente a los museos Guggenheim es el énfasis en la arquitectura. En Bilbao fue un aspecto polémico, hay quien considera que el mejor museo es el más neutro. Por parte de la Fundación Guggenheim la aproximación ha sido un poco la contraria. El mejor museo es el que genera un espacio más interesante para albergar la obra y acoger al visitante. Es verdad que en Nueva York, cincuenta años más tarde, y en Bilbao, los edificios tienen un nexo común y es que arquitectónicamente son los dos de un gran arquitecto.

Juan Ignacio Vidarte junto a la escultura de Richard Serra La materia del tiempo.

Juan Ignacio Vidarte junto a la escultura de Richard Serra La materia del tiempo.

P: El concurso del Guggenheim Helsinki se falla próximamente y, de los seis equipos finalistas, dos de ellos, SMAR y FIAA, están integrados por jóvenes arquitectos españoles expatriados…

R: Helsinki todavía es un proyecto que requiere la decisión definitiva de seguir adelante o no. En este momento se encuentra en una fase muy interesante que es la del concurso, donde, efectivamente, hay dos equipos españoles entre los finalistas. Es una gran noticia, refleja el altísimo nivel en que se mueve la arquitectura en España teniendo en cuenta que se presentaron más de 1700 propuestas. Que estén en el extranjero es muy sintomático de la propia realidad de la arquitectura en España. Como consecuencia de esta gravísima crisis, especialmente dura para ese sector, hay por desgracia un número altísimo de arquitectos jóvenes, y no tan jóvenes, formados en España, que están por todo el mundo. Quizá pueda tener su parte positiva de internacionalización de nuestros arquitectos pues quizá también genere sus propias condiciones futuras. Está previsto que, para el mes de junio, haya una decisión respecto a la propuesta ganadora, y a finales de abril habrá una exposición de los proyectos finalistas en Helsinki.

P: La red Guggenheim posee un museo en Nueva York, dos en Europa, en Venecia y Bilbao, más dos proyectos europeos en Helsinki y Urdaibai. En Asia, Gehry ultima la construcción del museo de Abu Dhabi, que ha decidido avanzar con Seeing through Light su exposición inaugural. Extremo Oriente y América Latina se han incorporado también al mercado del arte, ¿faltan museos Guggenheim en estos territorios emergentes?

R: Desde un punto de vista puramente objetivo es así. Asia y Latinoamérica son dos áreas donde en los últimos años hay un aumento exponencial de iniciativas de tipo artístico, desde museos a ferias, y también en el ámbito nacional americano. En el futuro no sería descartable que hubiera museos en esas áreas del mundo, pero no hay ninguna iniciativa concreta. La Fundación Guggenheim está muy centrada en Abu Dhabi y analizando la posibilidad de Helsinki. Iniciativas de este tipo son complicadísimas, requieren mucho tiempo y la alineación de muchos factores…

Aunque no haya museos, hay iniciativas en el seno Guggenheim, como la que estamos desarrollando en colaboración con el banco suizo UBS, para tener actividades que hayan estado antes centradas en Asia y Latinoamérica, donde, cito en concreto, durante tres años se crea un equipo de curators que analiza ese ámbito geográfico, se proponen adquisiciones de obras de artistas de esa geografía, se desarrollan exposiciones que itineran en diferentes lugares, incluidas ciudades de esos ámbitos. Eso está ocurriendo ahora y yo creo que en el futuro lo seguirá habiendo…

P: ¿Se contempla la ampliación del museo de Bilbao en Urdaibai?

R: Tenemos que pensar en las necesidades de un museo del siglo XXI en 2020. De esa reflexión surgió la idea de que el museo necesitaba una ampliación, no solo cuantitativa, en cuanto a espacio físico, sino fundamentalmente cualitativa, aportando tipologías diferentes. En ese sentido analizamos la idea de una expansión discontinua. Es decir, que el museo de Bilbao pudiera unir, a la experiencia de visitar el museo tradicional, otra complementaria que fuera justo la opuesta, rural, una experiencia slow que pudiera albergar, de una manera más flexible, la conexión entre la obra de arte y el diseño, la gastronomía, el medio ambiente…

Se nos ocurrió esta idea de poder ubicar uno de los espacios del museo en una zona extraordinaria desde el punto de vista paisajístico que permitiera esa experiencia complementaria. Este sería el museo de Urdaibai. El Patronato aprobó que se estudiara, y hemos terminado la primera parte de ese estudio de viabilidad donde definimos el concepto del futuro museo. Nos quedaría, antes de tomar la decisión definitiva, que es construirlo o no, realizar la segunda fase, que sería precisamente el concurso arquitectónico.

La Materia del Tiempo, de Richard Serra.

La Materia del Tiempo, de Richard Serra.

P: Para terminar, permítame una reflexión sobre los emblemas en arte del Guggenheim Bilbao. La más arquitectónica de las obras que acoge es La Materia del Tiempo de Richard Serra. Es monumental, una escultura habitable que refleja el imposible deseo de todos los arquitectos de fabricar un edificio sin juntas constructivas en la materia. Es distinta al Puppy de Koons, que preside la entrada. ¿Cuál de las dos obras es la preferida?

R: El Puppy es una de las obras de arte público más efectivas, que genera una mayor interacción y que engancha más, no solo al visitante del museo, sino al paseante o al que se acerca. Todos los días tiene gente a su alrededor sacándose fotos…, novias, niños de Primera Comunión, grupos… Es nuestro cartel de bienvenida. El edificio del museo, con su carácter casi escultórico, dificulta poder albergar adecuadamente en su entorno obras de arte. El museo es una escultura abstracta, el Puppy es casi hiperrealista, y por lo tanto es el antagonista perfecto.

La materia del tiempo es una de las obras de arte más importantes del siglo XX. El encargo a Serra fue un acierto por parte del museo. Ha transformado el espacio de Gehry, ha creado un espacio dentro del espacio. Es una escultura transitable…, pero es una escultura que el propio espacio de Gehry permite ver en su integridad desde la terraza de la segunda planta. Es una obra que ejemplifica cómo el museo se entiende a sí mismo. Creo que es una expresión de nuestro deseo de que aquí puedan ocurrir cosas que no ocurren en otros lugares. Sería muy difícil elegir, las dos obras representan lo que este museo aspira a ser.

Mercedes PELÁEZ LÓPEZ

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