Ciencia, terror y literatura en el laboratorio

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Hace doscientos años Lord Byron, Mary y Percy Shelley y John Polidori se vieron en Villa Diodati, una mansión a orillas del lago Lemán (Suiza), y compartieron historias de terror. De esta velada surgió la semilla de obras como Frankenstein o El moderno Prometeo. Espacio Fundación Telefónica aprovecha esta efeméride para rastrear, en la exposición Terror en el laboratorio: de Frankenstein al doctor Moreau, el origen de los grandes temas de la ciencia ficción. En Madrid, hasta finales de octubre

Nº 1 de la colección “Terror” de Ediciones Dronte (detalle), Barcelona, 1972. Portada de Enrique Torres representado al monstruo de Frankenstein en la versión de Boris Karloff. Colección Jesús Palacios.

Nº 1 de la colección “Terror” de Ediciones Dronte (detalle), Barcelona, 1972. Portada de Enrique Torres representado al monstruo de Frankenstein en la versión de Boris Karloff. Colección Jesús Palacios.

Partiendo del laboratorio como lugar de creación, la exposición Terror en el laboratorio: de Frankenstein al doctor Moreau analiza, como señala la presentación de la misma, “los antecedentes reales detrás de la literatura y explora las derivas iconográficas de los monstruos y las creaciones de los científicos locos en la cultura popular, pulp y underground desde los años 60”. Para ello, sus comisarios, Miguel A. Delgado y María Santoyo, han desarrollado tres bloques en los que analizan seis libros a través de piezas originales de la Filmoteca Española, los Museos Complutenses y varias colecciones privadas inéditas como las de Sara Torres, Jesús Palacios, Daniel Aguilar o Luciano Berriatua. Se exponen libros, cómics, ilustraciones, fotografías, carteles de cine y prototipos de inventos de la época, entre los que se encuentra instrumental médico. La inauguración de la exposición fue el pasado 16 de junio. Esa noche, hace doscientos años, se produjo el encuentro entre los escritores en un ambiente condicionado por las cenizas de la erupción del volcán Tambora. Decidieron consolarse y entretenerse con  terror para combatir la pesadumbre que cernía sobre ellos por la sensación de que las ideas de la Ilustración se habían perdido con el declive de Europa tras las guerras napoleónicas. La exposición puede visitarse en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid hasta finales de octubre. 

En el bloque de El monstruo se encuentra, por supuesto, Frankenstein. La novela de Mary Shelley da luz a un personaje que sintetiza la analogía entre científico y creador divino. El terror y la ciencia ficción se dan la mano para dar vida a esa figura de científico loco capaz de adentrarse en el terreno de la creación de seres artificiales. Un tema aterrador, fascinante y que sigue vigente en cuestiones de biogenética. La otra novela que protagoniza el bloque de Monstruo es La isla del doctor Moreau de H. G. Wells. Gracias a ella se abre el debate sobre la vivisección y la fisiología experimental.

Cartel de una adaptación teatral de Frankenstein, Worms Theatre Center (detalle, 1977. The Library of Congress.

Cartel de una adaptación teatral de Frankenstein, Worms Theatre Center (detalle, 1977. The Library of Congress.

El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson y El hombre invisible de H. G. Wells articulan el apartado dedicado a El doble. Se trata de ese gemelo malvado capaz de mostrar y reflexionar sobre la doble moral de la sociedad victoriana y el ego reprimido en el primer caso, y de adentrase en la ciencia ficción manipulando la refracción en el caso de la novela de Wells.

H. G. Wells, El hombre invisible, Classics Illustrated, Gilberton (detalle), 1969. Colección particular.

H. G. Wells, El hombre invisible, Classics Illustrated, Gilberton (detalle), 1969. Colección particular.

Olimpia es una criatura semimágica sacada de la novela El hombre de la arena de E.T.A. Hoffmann. Una marioneta viva, pero sin alma. Ella y la Eva futura de Auguste Villiers de L’Isle-Adam conforman el tercer bloque: El autómata. La construcción de máquinas que reproducen el aspecto y comportamiento humanos derivaron también en lo que el sexólogo Iwan Blonch calificó como “tecnología pornográfica”. Muchas de las cuestiones que estos escritores plantearon hace doscientos años siguen siendo objeto de debate científico, moral y ético. La exposición muestra cómo temas muy actuales de robótica, genética o inteligencia artificial ya se perfilaban en las páginas de estas novelas.

 

 

 

 

 

 

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