“Deep Dish”: la belleza y la decadencia de la existencia humana

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El coreógrafo austriaco Chris Haring, junto a su compañía Liquid Loft, presenta en Naves Matadero (Madrid) esta pieza inspirada en los jardines del artista Michel Blazy, en la que la danza contemporánea se combina con el arte sonoro y visual. Días 7, 8 y 9 de febrero a las 20.30 horas

Chris Haring, que ganó el León de Oro en la Bienal de Venecia por su lenguaje visual y formal, sus decorados acústicos y su calidad coreográfica, creó junto al músico Andreas Berger, la bailarina Stephanie Cumming y el dramaturgo Thomas Jelinek Deep Dish. The Perfect Garden, un espectáculo, entre la danza contemporánea, la instalación plástica y el videoarte, donde los intérpretes portan cámaras que proyectan en directo imágenes de extraños paisajes formados por frutas, verduras y elementos orgánicos.

Sobre estas líneas y arriba, Deep Dish, del coreógrafo Chris Haring. Fotografía: Michael Loizenbauer.

Haring es uno de los coreógrafos más importantes de Austria. Ha trabajado con DV8 Physical Theatre o Nikolais / Luis Dance Cie. En sus actuaciones e instalaciones, Liquid Loft (la compañía creada por este coreógrafo) mezcla la danza contemporánea con otras formas de arte contemporáneo (artes visuales, ambiente sonoro y composición musical) consiguiendo crear obras de arte coherentes e integrales.

Deep Dish es una cena convertida en un inquieto paseo a través de dimensiones macro y microcósmicas. Un festín de belleza efímera. Arte Povera 2.0. Evocadores bodegones barrocos del siglo XXI. Una operación escénica a corazón abierto.

Deep Dish, de Chris Haring.

Estrenada en Tanzquartier Wien en 2013, muestra una sociedad impulsada por el anhelo y la curiosidad, extravagante e insensible, que celebra su propia fugacidad en las múltiples dimensiones de la realidad. A través de las imágenes que se proyectan en una gran pantalla, tomadas en directo con una videocámara dirigida por los intérpretes, el espectador viaja por extraños mundos paralelos de objetos orgánicos. En esta naturaleza muerta, todo movimiento y comportamiento humano es inexorablemente absorbido por la opulencia de la naturaleza.

Deep Dish, de Chris Haring.

“Hacer bailar a un brócoli puede invocar la misma tranquilidad que una bailarina elevando los brazos. La producción no aborda si es bueno o malo, pero nos recuerda que todo es efímero. La belleza es la única esperanza que tenemos, tanto en la vida como en la escena”, explica Chris Haring. Como sucede en la novela Locus Solus (de Raymond Roussel), en la que el polímata Martial Canterel guía a sus invitados a través de diferentes paisajes, uno encuentra en Deep Dish la belleza y la decadencia de la existencia humana. Con la colaboración del artista Michel Blazy, el jardín es una expresión del esfuerzo humano por el control y su fútil escape de su propia fugacidad, pero también una imagen de crecimiento y proliferación que constantemente conduce al desarrollo de algo nuevo.

Deep Dish, fotografía de Michael-Loizenbauer.

“La idea del jardín ha sido un tema central en el arte durante miles de años. Se trata del ser humano que de alguna manera está jugando a ser Dios en relación con la naturaleza. En el trabajo de Michel Blazy, la belleza emerge hasta en el más mínimo detalle a través de procesos orgánicos que llevan mucho tiempo y que a su vez evolucionan hacia su propia aniquilación. La danza también es transitoria y tiene lugar en el momento, solo para desaparecer rápidamente. Ensayamos durante todo un año y lo que queda de la producción es solo una fracción de lo que al final existe únicamente como un recuerdo en el espectador. El hecho de que todo desaparecerá algún día y no se puede hacer nada al respecto, pero a través del trabajo de Blazy, el miedo a la muerte se elimina”, explica Haring.

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