Palacio Bonaparte: secretos impresionistas

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Tras un año de obras de rehabilitación por parte de Generali Italia y Arthemisa, se abre al público la que fuera la residencia de la madre de Napoleón, María Letizia Ramolino. Proyectada en 1657 por Giovanni Antonio da Rossi para los marqueses d’Aste, la casa es famosa por el misterioso balconcito verde donde la madre del emperador observaba el trasiego de la plaza Venecia y la vía del Corso (Roma). Se inaugura con una muestra de 50 obras casi nunca expuestas de artistas como Monet, Renoir, Cezanne, Gauguin o Sisley

Generali Italia ha abierto su primer Espacio “Generali Valore Cultura” en el Palacio Bonaparte, el histórico edificio en el corazón de Roma, cuyo interior era completamente desconocido para el público, aunque conocidísimo por el mirador colgante de su fachada, un balcón “oculto”, el misterioso balconcito verde desde el que la corsa María Letizia Ramolino (Ajaccio, 1750-Roma, 1836), madre de Napoleón Bonaparte, observaba a través de las persianas la movida humana que transcurría a sus pies entre la plaza Venecia y la vía del Corso. Miraba sin que la vieran desde el exterior hasta que fue perdiendo la vista y entonces era su asistente quien le describía lo que iba sucediendo abajo en la calle: la vida pulsante por capítulos.

Sobre estas líneas y arriba, vista del Palacio Bonaparte, fotos de Diego de Pol.

María Letizia Ramolin, conocida como Madama Mère Bonaparte, amaba Italia y, sobre todo deseaba residir en Roma. En una carta dirigida al cardenal Consalvi, durante el pontificado de Pío VII, solicitaba que se le concediese poder ir a vivir a la Ciudad Eterna a pesar de que en el pasado las relaciones entre la Iglesia y su familia fueron malas y complicadas, “ (…) el Santo Padre olvida el pasado para recordar solo la bondad que ha mostrado a nuestra familia (…). Si encontramos apoyo en el Gobierno Pontificio, se lo agradeceríamos inmensamente” (fuente: Specchio Romano).

Retrato de Letizia Bonaparte, por Robert Lefèvre, 1813, óleo sobre arpillera, 228 x 146 cm, Roma, Museo Napoleón.

Así, la madre del emperador llegó a Roma un 15 de agosto de 1815 (unos meses después de la derrota de su hijo en la batalla de Waterloo) para vivir en el primer piso de la casa de su hermanastro, el cardenal Fesh, el conocido como palacio Falconieri en la Vía Giulia. Tres años después, en 1818, Madame Leticia adquirió el palacio de la plaza Venecia (que desde entonces es conocido como Palacio Bonaparte), donde vivió hasta su fallecimiento en 1836. El edificio fue proyectado en 1657 por Giovanni Antonio de Rossi para los marqueses d’Aste y, desde 1699, perteneció a los marqueses Rinuccini.

Vista de uno de los salones del Palacio Bonaparte. Foto: Gianfranco Fortuna, cortesía Arthemisia.

Letizia Bonaparte, que no se quitó nunca el luto tras la muerte de su hijo, llevaba una vida sosegada y alejada de la vida social, solo de vez en cuando daba largos paseos por los jardines de la Villa Borghese, el monte Pincio o desde la Villa Paolina a Porta Pía, y fue precisamente en esta parte de la ciudad donde se rompió el fémur a causa de una caída el 22 de abril de 1830. A partir de entonces no volvió a salir a la calle.

Interior del balconcito verde. Foto: Gianfranco Fortuna, cortesía Arthemisia

Situado en la famosa plaza Venecia, número 5, y haciendo esquina con la famosa vía del Corso, enfrente del Altar de la Patria, iniciado en 1885, la elegante arquitectura del palacio Bonaparte, con su armoniosa fachada y su legendario balconcito (una especie de corredor o saloncito estrecho y largo), con paredes y techo decorados con delicados motivos florales de estilo renacentista. Este espacio era el favorito de Letizia Bonaparte porque se distraía, sentada en un banco de madera empotrado en la pared interior, viendo pasar el tráfico de carrozas y a las personas que andaban por la calle.

Fachada del palacio con el detalle exterior del legendario balcón, mandado construir por la madre de Napoleón. Foto: Gianfranco Fortuna, cortesía Arthemisia

En la entrada, atravesando el umbral, se accede al escenográfico atrio y subiendo por la majestuosa escalinata, el visitante llega a los salones de la planta noble donde es recibido por estucos y frescos del Setecientos, que, mezclados con pinturas y decoraciones de época más tardía y a las solerías venecianas encargadas por Letizia Bonaparte, crean un sugestivo ambiente, donde a partir de esta rehabilitación se sumarán las obras maestras que irán dando una nueva vida a estos espacios.

Devant la psyché, por Berthe Morisot, 1890, óleo sobre lienzo, 55 x 46 cm, Colección Fundación Pierre Gianadda,
Martigny, Suiza (foto: Michel Darbellay, Martigny).

En resumen, este histórico palacio se ha convertido en un centro de arte y cultura para el público y que, gracias al acuerdo con la sociedad Arthemisia, acogerá exposiciones temporales semestrales de alto nivel. De hecho, el pasado 6 de octubre se ha inaugurado la primera del programa, Impresionistas secretos, una muestra compuesta por más de 50 obras, procedentes de las más importantes colecciones privadas del mundo, hasta ahora raramente mostradas al público, de artistas como Monet, Renoir, Cézanne, Pissarro, Sisley, Caillebotte, Morisot, Gonzalès, Gauguin y Signac. Una inauguración doble, la apertura del Palacio Bonaparte y una exposición difícilmente repetible.

Sul divano, por Federico Zandomeneghi, óleo sobre lienzo, 44 x 87 cm, colección particular, Italia.

Carmen del VANDO BLANCO

Bougival, por Pierre-Auguste Renoir, 1888, óleo sobre lienzo, 54 x 65 cm, Colección Pérez Simón, México.

Les grands hêtres à Varengeville, por Camille Pissarro, 1899, óleo sobre lienzo, 64,8 x 54 cm, Colección Pérez Simón, México.

Tournant du Loing à Moret. Printemps, por Alfred Sisley, 1886, óleo sobre lienzo, 54,2 x 73,6 cm, Colección Pérez Simón, México.

L’ile aux Orties, por Claude Monet, 1897, óleo sobre lienzo, 73,4 x 92,5 cm (foto: Peter Schälchli, Zúrich).

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