Bienal de Lyon, donde las aguas se mezclan

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Bajo la dirección artística de Isabelle Bertolotti y el comisariado del nuevo equipo del Palais de Tokio, la decimoquinta edición de esta feria internacional estrena una nueva sede, la antigua fábrica de Fagor, 29.000 metros cuadrados de arquitectura industrial. Una programación con proyectos producidos en simbiosis directa con el territorio y sus agentes. La intervención de Anselm Kiefer en el convento de la Tourette o el vídeo de la performance de Abraham Poincheval son algunas de las atracciones de la bienal de esta ciudad francesa. Hasta el 5 de enero.

Hay varias razones por las que merece la pena pasarse por Lyon para ver la última edición de la Bienal de arte contemporáneo. Primero, porque la intervención de Anselm Kiefer en el convento de la Tourette es de una delicadeza y de un respeto hacia la arquitectura de Le Corbusier que hace más grandiosa si cabe la obra del alemán. Segundo, porque el vídeo de la performance de Abraham Poincheval, Marche sur les nuages, confirma esa capacidad a la que nos tiene ya acostumbrados para hacer del riesgo y del desafío a las leyes de la naturaleza un poético triunfo de la tenacidad humana. Y por último, porque en Lyon hay río, hace buen tiempo, y se come una tarte à la praline de chuparse los dedos.

Sobre estas líneas, Marche sur les nuages, por Abraham Poincheval, 2019, cortesía del artista y galería Semiose, París. © Adagp, París, 2019 (fotografía: Christophe Fiorletta). Arriba, Crash Park Circus, por Philippe Quesne, 2019, cortesía del artista y Nanterre-Amandiers, Centre dramatique national © Blaise Adilon.

Esta es una edición muy distinta de las precedentes, aseguran los comisarios. Tras la partida en 2018 del cofundador y director artístico, Thierry Raspail, la curaduría ha recaído en el equipo del Palais de Tokyo de París, últimamente muy prolífico en el comisariado de eventos externos a su institución (Noche en Blanco de París de 2018), y cuyo trabajo en colectivo ha debido de ser más equitativo y horizontal que nunca, después de la marcha de Jean de Loisy, presidente del Palais de 2011 a 2018. Dos retiradas que han coincidido en el tiempo, y dos personajes que han marcado con fuerza la orientación de las instituciones por las que han pasado. Quizá esa ausencia la hayan experimentado los comisarios como una liberación, y como una oportunidad para traer cambios y aire fresco. Entre las novedades, la incorporación al recorrido del evento de la antigua fábrica de Fagor, reemplazando a la Sucrière, con sus 29.000 metros cuadrados y su arquitectura bruta que mantiene las huellas de la producción industrial, que la habitó hasta su cierre en 2015. Por otra parte, la voluntad expresa de una programación de proyectos producidos en simbiosis directa con el territorio y sus agentes, como un vasto ecosistema local donde “los flujos de capitales, mercancías y personas que caracterizan nuestra época señalan el paisaje de la economía liberal mundializada”. Una frase muy interesante, que se vuelve contra sí misma y trasluce mucho, en realidad, de ese “capitalismo cultural” que harta y satura. ¿Para qué tanta proliferación de exposiciones? Ante la pregunta de qué salvaría de un museo, en caso de incendio, Jean Cocteau respondió “el fuego”.

Marc Chauveau explica la obra de Anselm Kiefer en el convento de la Tourette (fotografía: Beatriz Sánchez Santidrián).

Lo mejor de la Bienal, el fraile del convento de la Tourette que se ha encargado, por amor al arte e iniciativa propia, de la organización de las exposiciones de arte contemporáneo integradas en la programación del evento desde 2009. Si no fuera por el hábito dominicano, cualquiera pensaría en Marc Chauveau como en un personaje ineludible del panorama artístico de más alto nivel, con su elegante presencia, su grandísima cultura y su elocuencia. ¿Por qué no proponerle como comisario de la próxima Bienal?

Beatriz Sánchez Santidrián

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