Calouste Gulbenkian: distintas maneras de mostrar el arte

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Para celebrar el cincuenta aniversario de la apertura en Lisboa de este espacio multicultural (museo y fundación) de primer orden, se ha llevado a cabo un interesante proyecto expositivo titulado Art on Display, en el que sus comisarios, Penelope Curtis y Dirk van den Heuvel, tratan de investigar la forma –o formas– en la que miramos las obras artísticas. Hasta el 2 de marzo

El Museo Calouste Gulbenkian fue inaugurado un 2 de octubre de 1969 en Lisboa, y forma parte integrante de la fundación del mismo nombre, creada en Lisboa en 1956, un año después del fallecimiento de su fundador, el ingeniero, empresario y filántropo de origen armenio, Calouste Sarkis Gulbenkian (Scutary, Turquía, 1869-Lisboa, 1955). Desde sus comienzos esta institución tendría como principal objetivo el de promover el arte y la cultura portuguesas en un país que por aquel entonces se encontraba todavía inmerso en la larga dictadura de Salazar. De esta forma, la Fundación supondría una suerte de oasis dentro de ese difícil contexto político y social, y un importantísimo referente del pensamiento progresista en oposición a las ultraconservadoras ideas y valores del Estado Novo. Además del museo, la Fundación cuenta con diversas salas para el ballet, espectáculos, conciertos y varias bibliotecas, constituyendo un espacio multicultural de primer orden.

Desde el punto de vista arquitectónico los edificios que albergan la propia Fundación y el Museo, en pleno centro de Lisboa, fueron diseñados por los arquitectos Ruy d’Athouguia Jervis, Pedro Cid y Alberto Pessoa tras ganar un concurso en 1959, y reflejan con sus austeras estructuras de hormigón la personalidad de Calouste Gulbenkian. Al mismo tiempo están conectados por una serie de zonas verdes que suponen un espacio de calma y relax, en plena conexión con la naturaleza y el paisaje. En el año 2010 fueron reconocidos como Monumento Nacional en Portugal.

En conmemoración de este 50 aniversario del Museo Calouste Gulbenkian se ha llevado a cabo un interesante proyecto expositivo titulado Art on Display, comisariado por Penelope Curtis, directora  del museo, y Dirk van den Heuvel, profesor en la escuela de arquitectura de Delft (Holanda). Además de contribuir a la celebración de esta importante efeméride esta muestra trata de investigar la manera –o maneras– en la que miramos al arte, así como también la forma en la que el arte y sus obras se nos presentan.

Es sin duda cierto que –quizás con excesiva frecuencia– el público en general que visita una exposición no suele reparar demasiado en su dimensión propiamente museística, es decir, en cómo se presentan las obras que componen la muestra para que puedan ser recibidas y apreciadas con mayor intensidad y eficacia. Normalmente el visitante tiende a desconocer esta voluntad de mediación.

Fundamentalmente la exposición detecta como claves los años que siguieron a la finalización de la Segunda Guerra Mundial en cuanto a la aparición de nuevas fórmulas de visualizar las obras de arte que se iban a ir afianzando paulatinamente en el contexto expositivo. En este sentido el principal enfoque está centrado en la labor de los arquitectos que organizan el diseño y el montaje de exposiciones de arte, un aspecto que, por cierto, aunque no sea del todo atípico, no deja de ser algo poco común.

Vista de una de las salas de la exposición Art on Display, 1949-69, Lisboa, Museo Calouste Gulbenkian © Pedro Pina.

Así, tomando como punto de inicio las diversas opciones museísticas que se aplicaron para mostrar las obras en la inauguración del museo en 1969, esta propuesta arroja una sugerente mirada a otros planteamientos e ideas de diseño expositivos planteadas por diferentes especialistas como Franco Albini e Franca Helg, Carlo Scarpa, Lina Bo Bardi, Aldo van Eyck y Alison y Peter Smithson y realizadas en otros países durante esos mismos años.

Esta gran variedad de opciones expositivas permite la posibilidad de contemplar los distintos lenguajes artísticos en función de muy distintas contingencias, Así, por ejemplo, las pinturas pueden verse con luz natural o por el contrario bajo un tipo de iluminación artificial. Por su parte las esculturas aparecen expuestas sobre escenarios tan dispares como un lecho de escombros o dispuestas en unas bases construidas con ladrillos de hormigón.

Estudiantes durante una visita al Museu de Arte de São Paulo, 1983, Acervo do Centro de Pesquisa do MASP.

En la década de los años sesenta se puede observar una rápida evolución en la manera de mirar al arte; un fenómeno que tal vez fue constatado en primer lugar por los arquitectos que trataron de ofrecer nuevos modelos, cada vez más relacionados con la nueva cultura del espectáculo y el entretenimiento.

Una de las particularidades de esta propuesta es el hecho de que en lugar de tratar de exponer las mismas obras de arte que ilustraban cada uno de los casos de estudio y análisis se ha procedido a utilizar una selección de determinadas piezas, que podían ofrecer conexiones y analogías con las originales.

Para finalizar debo decir que, como comisario de exposiciones, me siento especialmente identificado por el interés mostrado por este proyecto expositivo en diseñar experiencias que sirvan como reflexión sobre el importante factor que supone la manera en que pueden mostrarse las obras de arte, más allá de su simple exhibición. Se trata, sin duda, de un proyecto que tiene en cuenta, y mucho, el propio punto de vista de la experiencia y la práctica curatoriales. Algo no demasiado habitual dentro del panorama del arte contemporáneo internacional.

Francisco CARPIO

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