Las insumisas de los setenta y los ochenta

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Con motivo del 8 de marzo museos y fundaciones proponen todo tipo de propuestas. Entre todas ellas, hemos elegido la exposición del Museo Reina Sofía centrada en la figura de Delphine Seyrig y sobre la intersección entre el cine, el vídeo y el feminismo en Francia. Esta actriz, que trabajó con Alain Resnais, Joseph Losey, François Truffaut o Luis Buñuel, se convirtió en una activista feminista y del vídeo que trabajó en estrecha colaboración con el movimiento de liberación de la mujer. Hasta el 23 de marzo

Delphine Seyrig (Beirut, 1932-París,1990) es conocida sobre todo por los papeles que interpretó en el cine francés de autor, principalmente por su papel en L’Année dernière à Marienbad (El año pasado en Marienbad, 1961), de Alain Resnais, donde se convirtió en el símbolo de una feminidad idealizada y una actriz de la vanguardia. Para Seyrig, “actuar” no era una mera profesión: después de las revueltas de Mayo del 68, Seyrig se implicó cada vez más en el activismo político y se convirtió junto a la escritora y cineasta Marguerite Duras en una destacada defensora de los derechos de las mujeres.

Fue una de las que firmaron el manifiesto de las 343, conocido como el manifiesto de las 343 guarras, una declaración que se publicaba el 5 de abril de 1971 en el número 334 de la revista francesa Le Nouvel Observateur, donde 343 mujeres afirmaban haber abortado y que, por tanto, podían ser encarceladas. Su posicionamiento militante en el feminismo francés fue también un punto de inflexión tanto en su evolución personal como profesional. Defendía la unidad entre mujeres que en su caso se traduciría en trabajar sobre todo bajo las órdenes de directoras de cine.

Sobre estas líneas, Delphine Seyrig en L’Année dernière à Marienbad (El año pasado en Marienbad), dirigida por Alain Resnais y guión de Alain Robbe-Grillet, 1961. Arriba, Catherine Bernheim, Delphine Seyrig empuñando una cámara durante el rodaje de Où est-ce qu’on se “mai”? (¿Cuál es nuestro sitio el Primero de Mayo?), grabado en la manifestación del Primero de Mayo de 1976 en París, cortesía de Catherine Bernheim.

El acercamiento al vídeo de Seyrig tuvo lugar en su apartamento un agosto de 1972, cuando se filmó cómo se realizaba un aborto por el Método de Karman ante la presencia de militantes del MLF, Pierre Jouannet y el médico y psicólogo Harvey Karman, activista por la libertad del aborto en California desde los años cincuenta.

Las nuevas tecnologías del vídeo portátil impulsaron la transformación de Seyrig en una cineasta militante: en torno a 1975, junto con la activista y realizadora de vídeo Carole Roussopoulos y la traductora Ioana Wieder, la actriz produjo una serie de vídeos con el nombre colectivo de Les Insoumuses (Las Insumisas), en los que el colectivo muestra cómo las prácticas visuales y mediáticas que nacen de las experiencias del movimiento de las mujeres permiten replantear la imagen y la mirada en el contexto de una lucha por la autonomía. Sus películas se insertan en un contexto en el que las nuevas tecnologías del vídeo portátil estaban en su mayor parte en manos de mujeres, que se habían apropiado de ellas en lo que era un gesto de desobediencia y emancipación.

Mientras el movimiento feminista ganaba importancia, ellas tres salían a la calle a documentar las masivas manifestaciones feministas o a cuestionar el papel de las mujeres dentro de las organizaciones políticas y sindicatos, de representación mayoritariamente masculina [Ioana Wieder, Où est-ce qu’on se “mai”? (¿Cuál es nuestro sitio el Primero de Mayo?), 1976]. También fueron muy explícitas en la denuncia de lo que estimaban una falta de solidaridad dentro de otras organizaciones feministas como Éditions des femmes en Il ne fait pas chaud (No hace calor, 1977).

Foto fija de Jeanne Dielman, 23, quai du commerce, 1080 Bruxelles, de Chantal Akerman, 1975, La Cinémathèque Française.

En SCUM Manifesto y Maso et Miso vont en bateau (Maso y Miso van en barco), ambas de 1976, que son probablemente las películas más conocidas del movimiento feminista francés de los años setenta, el vídeo se convirtió en una herramienta de emancipación y en un agente de activismo político. Estas dos obras, que formulan una crítica mordaz de la televisión nacional a través del montaje y la performance, son un ejemplo paradigmático de una práctica que aúna humor y crítica social.

Asimismo, los vídeos del colectivo ponían de relieve la importancia de los cuidados y de la comunicación entre mujeres, al tiempo que ofrecían contrainformación sobre temas demasiado controvertidos para la televisión pública, como la huelga de trabajadoras sexuales de Lyon en 1975, filmada en Les prostituées de Lyon parlent (Las prostitutas de Lyon hablan, 1975), de Carole Roussopoulos. En 1981 realizan Sois belle et tais-toi! (¡Sé hermosa y cállate!), un documental en el que una veintena de actrices francesas, inglesas y estadounidenses cuentan su situación y cómo son tratadas las mujeres en el mundo del cine.

Carole Roussopoulos grabando a Bárbara durante el rodaje Les prostituées de Lyon parlent (Las prostitutas de Lyon hablan), 1975, Alexandra y Gerónimo Roussopoulos.

En 1982, Seyrig, Roussopoulos y Wieder fundaron en París el Centre Audiovisuel Simone de Beauvoir, un archivo audiovisual sin precedentes dedicado a documentar las luchas de la época y que constituye el núcleo de la exposición. Luchas que versaban principalmente sobre cuestiones como la autonomía sexual de las mujeres, el aborto, el trabajo reproductivo, el trabajo sexual, el surgimiento del movimiento de liberación gay y lésbico o la situación de las trabajadoras inmigrantes en el contexto francés.

Jane Fonda en un fotograma de Sois belle et tais-toi! (¡Sé hermosa y cállate!), de Delphine Seyrig, 1981, cortesía del Centre Audiovisuel Simone de Beauvoir.

Al pedir a Simone de Beauvoir que se prestara a conceder su nombre al Centro, Seyrig, Roussopoulos y Wieder querían subrayar la continuidad entre generaciones feministas, así como la importancia y la vigencia que las luchas previas tienen para el presente. El legado político del Centre Audiovisuel Simone de Beauvoir se despliega a lo largo de toda la exposición y permite así capturar la aportación fundamental de Les Insoumuses: la creación de un archivo visual de los movimientos feministas en Francia y más allá de sus fronteras.

Feminismo transnacional

Otra parte crucial de la exposición trata de las redes y luchas transnacionales en las que Seyrig y sus compañeras se involucraron. Uno de los principales intereses de esta sección es plantear la emergencia de una red feminista transnacional, un tema que resuena con fuerza en nuestros días. Sumada a las secciones anteriores, constituye el núcleo político de la exposición y permite una mirada retrospectiva a la dimensión transnacional del feminismo y al establecimiento de conexiones con la experiencia del colonialismo durante una época marcada por la descolonización.

El feminismo como movimiento transnacional aparece en los numerosos vídeos producidos dentro de su círculo, que trazan una cartografía de las luchas en que se implicaron mujeres de distintas regiones del mundo: a favor de la causa palestina, del partido de los Panteras Negras, de los presos políticos en España, Alemania, Estados Unidos y Brasil, y contra la Guerra de Vietnam y la práctica de torturas a los presos políticos en Latinoamérica. El primer vídeo de Delphine Seyrig, Inês (1974), es un llamamiento a la liberación de la opositora política brasileña Inês Etienne Romeu a través de la dolorosa reconstrucción de las torturas que sufrió durante su encarcelamiento por la dictadura.

Françoise Dasques, fotograma del vídeo La Conférence des femmes -Nairobi 85 (La Conferencia de mujeres – Nairobi 85), 1985, archivo Centre Audiovisuel Simone de Beauvoir.

El vídeo La Conférence des femmes -Nairobi 85 (La Conferencia de mujeres – Nairobi 85), 1985, de Françoise Dasques, es un documental excepcional que muestra los actos del influyente Foro de organizaciones no gubernamentales que congregó a grupos de mujeres llegados de todos los rincones del mundo para debatir más allá de las razas, las clases y las orientaciones sexuales, coincidiendo con la III Conferencia Mundial de Mujeres que se celebró en Nairobi en julio de 1985. En él se recogen discursos tremendamente polémicos que se pronunciaron en el transcurso del encuentro sobre temas como la lucha de Palestina, la mutilación genital femenina, las alianzas transnacionales de los colectivos LGTBIQ y las diversas implicaciones de cubrir los cuerpos de las mujeres con velos en el Irán posterior a la revolución.

También hay espacio para cuestiones que surgieron en la década de 1980 como el interés de Seyrig por la relación entre creatividad y locura y el movimiento de la antipsiquiatría, sobre todo gracias a su encuentro con la pintora, escritora y paciente Mary Barnes.

Vista de la sala de la exposición Musas insumisas. Delphine Seyrig y los colectivos de vídeo feminista en Francia en los 70 y 80, septiembre de 2019, Madrid, Museo Nacional Reina Sofía (fotografía: Joaquín Cortés/Román Lores. Archivo fotográfico Museo Reina Sofía).

Otra de las principales preocupaciones de Las Insumisas a principios de los ochenta giraba en torno a la importancia de las genealogías de mujeres y a la creación de un archivo feminista. El proyecto fílmico, nunca realizado, de Seyrig sobre las cartas supuestamente escritas por la célebre exploradora Calamity Jane a su hija, permite hacerse una idea de sus opiniones sobre la historia del cine y comprender su interés por las relaciones entre mujeres de distintas generaciones. Seyrig trabajó en el guión durante esta década y se desplazó a Montana con Babette Mangolte, cuya película, Calamity Jane y Delphine Seyrig. Una historia (2019) basada en el material que grabó en aquella ocasión, se ha estrenado mundialmente en esta muestra.

Babette Mangolte, fotograma de la película Calamity Jane y Delphine Seyrig. Una historia (2019) © 2019, Babette Mangolte.

En definitiva, bajo el título Musas insumisas. Delphine Seyrig y los colectivos de vídeo feminista en Francia en los 70 y 80, el Museo Reina Sofía ha reunido unas 230 obras (incluyendo vídeos, fotografías e instalaciones además de material documental). La exposición arranca con un espacio introductorio, “De la actuación a la acción”, que aborda la encrucijada entre la actriz y la activista, por cuanto la acción política de Seyrig emana de su reflexión sobre las estructuras de poder en las que se sentía atrapada como mujer y como artista.

Vista de la sala de la exposición Musas insumisas. Delphine Seyrig y los colectivos de vídeo feminista en Francia en los 70 y 80, septiembre de 2019, Madrid, Museo Nacional Reina Sofía (fotografía: Joaquín Cortés/Román Lores. Archivo fotográfico Museo Reina Sofía).

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