Isabel Quintanilla abre «su puerta roja» en el Thyssen

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Ya en el año 2015, la propia Isabel Quintanilla (1938-2017) solicitó a su propietario el préstamo del cuadro para formar parte de otra exposición, Realistas de Madrid, con la que el museo homenajeó a todos los artistas del grupo. En esa carta la artista se refería a La puerta roja como “una obra principal en mi producción”.

La petición fue denegada entonces y se retomó en 2021, cuando comenzó a gestarse la actual retrospectiva de la artista. Sin embargo, hasta ahora no se han resuelto las gestiones que finalmente han autorizado su traslado desde Alemania, lo que permite que el óleo pueda verse de nuevo en España, después de 28 años.

La obra muestra la puerta principal del estudio que el matrimonio López-Quintanilla tenía en la calle Primera de Madrid. Por primera vez, Quintanilla pinta aquella puerta abierta de par en par. En el lienzo conviven con maestría la luz natural del exterior y la luz artificial que ilumina el interior del hall y que tanto interesaba a la artista.

La puerta roja, Isabel Quintanilla, 1978. Óleo sobre tabla, 164 × 108 cm. Colección privada, Alemania.

A diferencia de los pintores holandeses que, en sus escenas de interiores, inauguraron la tradición de pintar una figura de espaldas (normalmente una mujer) en el centro de la composición, Quintanilla insiste en evitar la figura humana y deja al espectador que ocupe el mismo lugar desde el que ella disfruta de la vista de su jardín. Esa ausencia tan buscada por la artista no oculta que ese sea un espacio vivido: alguien ha encendido la luz, atendido la llamada de teléfono y accedido por aquella puerta, que siempre estuvo abierta para amigos, familiares y colegas.

La muestra reúne 90 obras de toda su carrera, incluyendo sus pinturas y dibujos más sobresalientes, muchas de ellas piezas nunca vistas en España por encontrarse principalmente en museos y colecciones de Alemania, país en el que tuvo un destacado reconocimiento en los años 1970 y 1980. Quintanilla vivió y trabajó en un momento de la historia de España en el que las mujeres artistas no tenían ni el peso ni el protagonismo del que disfrutaban los artistas masculinos, aspecto que no pasaba por alto en sus declaraciones públicas para reivindicar así el valor de su trabajo y el de sus compañeras.

La pintura de Isabel Quintanilla es resultado de un dominio rotundo de la técnica y de un oficio adquirido en distintas escuelas, pero, sobre todo, de un trabajo continuado en el tiempo. La artista se refería siempre a la lucha constante que supone resolver los problemas que la pintura plantea a todo aquel que quiere valerse de ella para experimentar la realidad de otra manera.

Homenaje a mi madre, Isabel Quintanilla, 1971. Óleo sobre tabla. 74 x 100 cm. Bayerische Staatsgemäldesammlungen. Pinakothek der Moderne, Múnich Staatsgemäldesammlungen © bpk / Bayerische / Isabel Quintanilla. VEGAP, Madrid, 2024.

La selección de obras propone un recorrido evocador que sumerge al visitante en el “mundo Quintanilla”, protagonizado por sus objetos más personales, por la intimidad de las estancias de los diferentes domicilios y talleres donde vivió y trabajó, así como por su familia y sus compañeros. Un universo en el que el visitante va a reconocer ambientes y objetos que activarán sus emociones, objetivo que estuvo siempre presente en la autora. Como ella misma afirmó en numerosas ocasiones, la pintura era su vida y su vida era la pintura.

El realismo íntimo de Isabel Quintanilla

Museo Nacional Thyssen-Bornemisza (Madrid)

Hasta el 2 de junio de 2024

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