Los umbrales de William Gaber, un territorio por explorar

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Comisariada por Fran Bravo y gestionada por XinkuArt Gallery, la obra de William Gaber se construye a partir de relaciones: entre formas, espacios, individuos, estructuras y maneras de comprender el mundo. ‘Umbrales’ reúne distintas líneas de investigación desarrolladas por el artista durante los últimos años y las pone en diálogo dentro de un mismo recorrido.

La inauguración de la exposición tendrá lugar el jueves 1 de octubre a las 19.00 horas y contará con la presencia del artista que estará acompañado por el comisario de la muestra y por diferentes personalidades del mundo de la cultura y el arte. El dúo de ballet clásico, ‘Enlazadas’, amenizará el evento con una performance que enlaza la pintura de William con la danza.

Gaber explica que “el límite, la arquitectura, el juego, la comunidad o la transmisión cultural aparecen como distintas aproximaciones a las estructuras que construimos para ordenar la experiencia y a la posibilidad de que estas permanezcan abiertas a la transformación”.

La propia trayectoria vital del artista, atravesada por diferentes territorios, lenguas y formas de pertenencia, está presente en una práctica que encuentra en el desplazamiento una manera de mirar. “Es entonces cuando el umbral adquiere toda su dimensión, deja de ser únicamente un elemento arquitectónico para convertirse en un espacio de tránsito, encuentro y transformación, un territorio intermedio donde una realidad comienza a desvanecerse mientras otra todavía está tomando forma”, asegura el artista.

A lo largo de los últimos años, Gaber ha desarrollado un repertorio visual propio formado por elementos que reaparecen y se transforman dentro de sus obras. Líneas, geometrías, estructuras arquitectónicas, sombras o pájaros establecen relaciones diferentes según el lugar que ocupan, haciendo que una misma forma pueda adquirir nuevos sentidos al desplazarse dentro del conjunto.

Las obras que se presentan en esta exposición forman parte de una misma conversación, donde cada elemento parece contener la memoria del anterior y la posibilidad del siguiente.

Esta idea determina también la manera de recorrer la muestra. Pintura, escultura e instalación establecen conexiones a través de las salas de Casa de Vacas. Algunas formas aparecen vinculadas a la arquitectura y la celosía; otras regresan convertidas en líneas, estructuras, sombras o espacios de relación. El visitante encuentra resonancias entre obras realizadas en momentos distintos, de manera que cada una conserva algo de las anteriores y abre, a su vez, nuevas posibilidades dentro del recorrido.

Gaber asegura que “una parte importante de la exposición se articula alrededor de los límites y de las estructuras que creamos para organizar nuestra experiencia. El muro, la celosía, una línea o las reglas de un juego me permiten aproximarme a la necesidad humana de delimitar y ordenar el espacio, pero también a la posibilidad de volver a mirar aquello que hemos asumido como estable”.

En Vecino, la celosía regula la relación entre interior y exterior, permitiendo que la luz atraviese el muro sin llegar a disolverlo. Protección y apertura conviven así dentro de una misma estructura. En Una raya en el agua, varios módulos idénticos generan configuraciones diferentes dependiendo de la posición que ocupan: los elementos permanecen y, sin embargo, el conjunto se transforma.

Es sólo un juego desplaza esta reflexión hacia las reglas. Una línea basta para dividir una superficie, establecer posiciones y determinar movimientos posibles. Las reglas hacen posible el juego y, al mismo tiempo, organizan nuestra manera de movernos dentro de él. La obra propone conservar la capacidad de volver a mirar esas estructuras y recordar que también tuvieron un comienzo.

En Piedra sobre piedra (se construye un muro), la construcción aparece como acumulación. Las capas permanecen visibles y cada nueva forma encuentra apoyo en aquello que la precede. La imagen del muro se desplaza así hacia el terreno de las ideas: palabras, imágenes, relatos y pequeñas afirmaciones pueden sedimentarse lentamente hasta configurar una determinada manera de mirar.

Junto a estas estructuras aparece otra preocupación que atraviesa la exposición: la relación entre la singularidad de cada individuo y aquello que construimos en común.

En Cada quien su isla, los pájaros parecen ocupar territorios independientes, aunque todos forman parte de una estructura mayor. La instalación se aproxima a esos entramados de relaciones, acuerdos y dependencias que sostienen la vida colectiva, incluso cuando permanecen fuera de nuestra percepción inmediata. La figura recurrente del pájaro Thó, vinculada al imaginario cultural de Yucatán, incorpora además al recorrido cuestiones relacionadas con la memoria, el refugio y la pertenencia.

Esa reflexión adquiere una dimensión generacional en Permeabilidad. La imagen del árbol que necesita tiempo y cuidado antes de poder ofrecer sombra introduce una reflexión sobre aquello que recibimos y aquello que somos capaces de proyectar hacia quienes vienen después. Las culturas aparecen desde esta perspectiva como realidades permeables, construidas a partir de conocimientos, formas de habitar e influencias que continúan transformándose al entrar en contacto unas con otras.

La exposición incorpora también Monumentos, una serie que amplía esta reflexión hacia la memoria colectiva y nuestra relación cambiante con aquello que permanece. “Todo monumento es una idea que un día encontró la forma de convertirse en material” matiza el artista.

En este sentido, Gaber asegura que “las sociedades dejan visibles sus ideas levantándolas en el espacio. Los monumentos hablan del tiempo en que fueron construidos, pero también del tiempo desde el que vuelven a ser mirados. Cambian las generaciones, cambian las preguntas y cambia también nuestra manera de relacionarnos con aquello que hemos recibido”.

La serie introduce una reflexión sobre la fragilidad de las ideas que atribuimos a aquello que parecía destinado a permanecer. La identidad cultural aparece como una construcción formada por capas, encuentros y desplazamientos cuyos significados continúan siendo releídos desde el presente.

Fran Bravo explica que “más que una sucesión de series independientes, la exposición construye una red de correspondencias. Arquitectura, juego, memoria, comunidad y lenguaje aparecen conectados a lo largo del recorrido, mientras formas y símbolos reaparecen bajo configuraciones diferentes”.

En este sentido, el comisario asegura que “en un presente marcado por la velocidad, Gaber dirige la atención hacia aquello que con frecuencia permanece fuera de foco: los vínculos que conectan experiencias, los espacios compartidos que existen entre categorías establecidas y las estructuras invisibles que sostienen nuestras formas de convivencia”.

“La exposición evita plantear respuestas definitivas. Las formas cambian de posición, los símbolos adquieren nuevos significados y las estructuras revelan relaciones que pueden pasar inadvertidas a primera vista. Como la luz que atraviesa una celosía o una sombra que continúa proyectándose más allá del objeto que la produce, cada obra ocupa su lugar y, al mismo tiempo, permanece abierta a aquello que la precede, a aquello que la rodea y a aquello que todavía puede suceder”.

Exposición «Umbrales», de William Gaber

Centro Cultural Casa de Vacas

Paseo de Colombia. Parque de El Retiro. Madrid

Horario: de lunes a domingo de 10 a 21.00 horas

Entrada gratuita

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