Gustave Doré y Robert Rauschenberg, dos artistas separados por un siglo, reinterpretaron la primera parte de la obra medieval La Divina Comedia desde lenguajes artísticos totalmente diferentes. Una muestra en la Fundación Canal refleja que aquel poema, escrito hace más de siete siglos, sigue siendo espejo de los miedos, conflictos y contradicciones del mundo actual. Hasta el 5 de enero de 2027
Existen muy pocos lugares de la literatura que hayan tenido una presencia tan poderosa en nuestro imaginario como el Infierno de Dante. Escrito a comienzos del siglo XIV por Dante Alighieri, es la primera de las tres partes de la Divina comedia, una de las grandes obras de la literatura universal. Más de setecientos años después, su capacidad para representar los miedos, conflictos y contradicciones de cada época sigue intacta. Cada generación ha encontrado en sus páginas nuevas formas de interpretar su propio mundo.
Sus nueve círculos, poblados de pecado, condenados y paisajes inquietantes, han inspirado durante siglos a artistas de todas las épocas. Gustave Doré (1832-1883), con su visión figurativa, dramática y medievalista, y Robert Rauschenberg (1925-2008), con su particular lenguaje fragmentario, híbrido y contemporáneo, son dos ejemplos muy claros del efecto que el poema del italiano Dante tuvo en su trayectoria creativa.

Y para demostrar esa influencia, la Fundación Canal reúne por primera vez en una exposición las dos series completas que Doré y Rauschenberg dedicaron al Infierno. Un total de 111 piezas que ponen en diálogo dos interpretaciones realizadas con casi un siglo de diferencia y desde lenguajes artísticos radicalmente distintos.
Las 76 xilografías de Doré, realizadas en el siglo XIX, conviven en la muestra con 35 litografías offset de Rauschenberg, publicadas en la década de 1960. El infierno de Dante. Doré y Rauschenberg brinda la oportunidad de recorrer sus nueve círculos y descubrir cómo una obra concebida hace más de siete siglos puede seguir interpelándonos y adquiriendo nuevos significados en la sociedad que nos ha tocado vivir.

Comisariada por Lola Durán Úcar, la exposición se completará con un catálogo editado por la Fundación que profundiza en este singular encuentro entre literatura y creación artística.
Dos miradas sobre un mismo tema
La exposición plantea una pregunta: ¿qué tiene el Infierno de Dante para seguir fascinándonos más de siete siglos después? La respuesta puede encontrarse, en parte, en la capacidad de la obra para ser reinterpretada desde la mirada de cada época.
En este sentido, las imágenes sobre el Infierno de Dante que nos ha legado Doré, uno de los ilustradores y grabadores más influyentes del siglo XIX, se convirtieron en algunas de las representaciones más reconocibles y contribuyeron a fijar su iconografía en el imaginario colectivo occidental. La exposición presenta su serie íntegra, formada por 76 xilografías, 75 dedicadas al Infierno y una al retrato del propio Dante.

Por su parte, y casi un siglo más tarde, Rauschenberg creó entre 1958 y 1960 su serie XXXIV dibujos para el Infierno de Dante, en un momento de transición entre el expresionismo abstracto y el emergente Pop Art. A partir de imágenes de revistas, esta figura fundamental de la vanguardia estadounidense del siglo XX transformó a Dante, Virgilio y otros personajes en personajes contemporáneos, convirtiendo el Infierno en un reflejo de la sociedad norteamericana de mediados del siglo XX y de cuestiones como el poder, la violencia, la autoridad y la responsabilidad.
De este modo, la muestra sigue el recorrido planteado por Dante y permite contemplar cómo Doré y Rauschenberg resuelven los mismos episodios desde dos códigos visuales opuestos.
Datos útiles
El infierno de Dante. Doré y Rauschenberg
C. de Mateo Inurria, 2 (Madrid)
Acceso libre
Hasta el 5 de enero de 2027










