Mantegna: maestro de la perspectiva y el escorzo

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Fue uno de los artistas más destacados del Renacimiento y contribuyó decisivamente al desarrollo del Quattrocento italiano. Alcanzó notoriedad con los frescos de la capilla Ovetari de Mantua, se consagró con La cámara de los esposos en Padua, y pintó Lamentación sobre Cristo muerto, una de las obras más bellas de la historia de la pintura. Trabajó en la corte de los Gonzaga, lo que le reportó fama y dinero, pero murió casi olvidado y en la indigencia. En el aniversario de su nacimiento en 1431 recordamos su vida y sus obras

Andrea Mantegna nació en Isola di Cartura (Italia) posiblemente en 1431, aunque otros historiadores lo sitúan en 1430, en el seno de una familia humilde (su padre era carpintero). De pequeño fue pastor en su pueblo y todo hacía presagiar una vida dedicada al campo o al pastoreo. Pero al quedarse huérfano muy pequeño, su destino cambió para siempre al ser adoptado por el coleccionista de objetos arqueológicos y pintor Francesco Squarcione alrededor de 1441 o 1442. Entró como aprendiz en el studium (una especie de academia de arte de la época) que este regentaba en Padua, donde enseñaba a sus aprendices la “nueva manera” de pintar, y que es lo que más tarde se conoció como el “estilo del Renacimiento”.

Virgen con el Niño, h. 1490-95 h., 43 x 31 cm, Academia Carrara de Bérgamo. Arriba, La Oración en el huerto de los olivos (de la predela del retablo de San Zenón), Museo de Tours.

Virgen con el Niño, h. 1490-95 h., témpera sobre madera, 43 x 31 cm, Academia Carrara de Bérgamo. Arriba, La Oración en el huerto de los olivos, de la predela del retablo de San Zenón (Verona), 1460, 66 x 88 cm, Museo de Tours.

Aunque el maestro Squarcione afirmó que había sido él quien había proporcionado a Mantegna la base que le había convertido en un gran artista, hay que destacar que también debió ser importante en su formación la influencia que ejercieron artistas que trabajaron en Padua como Filippo Lippi, Paolo Ucello o el escultor Donatello; de hecho, en los primeros trabajos de Mantegna es muy patente el influjo de este escultor en la monumentalidad que imprime a las figuras de sus composiciones, casi como si fuesen esculturas de piedra o bronce, de ahí el nombre con el que se conoce esta etapa, “estilo pétreo”.

Parece ser que cuando solo tenía 17 años abandonó el taller de su maestro para trabajar por su cuenta en algunos encargos. En uno de sus viajes a Venecia conoció a Jacopo Bellini, con cuya hija Nicolasia se casó en 1452.

Historia de san Cristoforo, Capilla Ovetari.

Historia de san Cristóbal, fresco de la Capilla Ovetari (Padua), 1448-1457.

El primer trabajo importante en su carrera fueron los frescos que realizó en la tribuna y el lado izquierdo de la capilla Ovetari en los Eremitani en Padua entre 1448-1457, un encargo que comenzó junto a otro discípulo de Squarcione, Niccolò Pizzolo. Los realizó en dos fases a causa de las desavenencias con los comitentes que los habían encargado. Estos frescos fueron destruidos en gran parte por los bombardeos de 1944, y solo se han conservado el ciclo de la vida de los santos Cristóbal (muro norte), Santiago (muro sur) y en la pared central, la Asunción de la Virgen, que preside la composición.

Mientras acometía este encargo, le encomendaron en 1453 un retablo dedicado a la figura de san Juan Evangelista para la abadía benedictina de Santa Justina de Padua. Hoy se expone en la Pinacoteca Brera de Milán.

Epifanía o Adoración de los Reyes Magos, 1495-1505, Getty Center.

Epifanía o Adoración de los Reyes Magos, témpera sobre madera, 1495-1505, Malibú, Paul Getty Museum.

Gracias a la fama alcanzada con estos frescos, el abad de San Zenón (Verona) le encargó para su iglesia un retablo que está considerado como el primero totalmente renacentista llevado a cabo en el Véneto (norte de Italia). Lo realizó en su taller de Padua y cuando lo finalizó (en 1459) lo transportó a Verona. Está dividido en tres calles separadas por columnas clásicas y como remate un frontón semicircular. La parte central está presidida por la Virgen con el Niño acompañada por los apóstoles en las dos tablas laterales, y en la predela se muestran escenas de la Pasión de Cristo (Oración en el huerto, Crucifixión y Resurrección). Estas tres predelas fueron robadas por las tropas francesas en 1797 y desde entonces se exhiben en el Louvre y en el Museo de Tours; las que se pueden ver ahora en la basílica de San Zenón son unas copias realizadas posteriormente.

Tránsito de la Virgen, h. 1462, 54,5 x 42 cm, Madrid, Museo del Prado.

Tránsito de la Virgen, h. 1462, técnica mixta sobre tabla, 54,5 x 42 cm, Madrid, Museo del Prado.

A finales de 1456 fue llamado por el marqués Lodovico Gonzaga para que sustituyese como pintor de cámara a Pisannelo, aunque Mantegna no se estableció en esta corte hasta 1460, cuando Lodovico le asignó un salario anual y le nombró gentilhombre de su casa. El marqués, un impulsor del estilo humanista en la arquitectura, que construyó y reformó muchos edificios de la ciudad, le pidió a Mantegna que decorase los aposentos de su residencia, el castillo de San Jorge o Palacio Ducal, además de otros palacios de la ciudad. Entre todas ellas, sobresale la capilla privada del castillo, con la exquisita tabla El tránsito de la Virgen (hoy en el Museo del Prado), donde en un increíble trabajo de perspectiva, las ortogonales del pavimento conducen la mirada del espectador al final del puente de San Jorge sobre el lago Mincio, el paisaje contiguo al palacio, y que se ve a través de la gran ventana abierta que está situada al fondo de la composición. “Esta laguna azul y cielo azul pálido surcado de nubes son un anticipo del arte veneciano del siglo XVIII”, escribía Ronald Lightbown sobre esta obra.

Detalle de la Cámara de los esposos, Mantua.

Detalle de La Corte de la Cámara de los esposos, Mantua.

O la famosa Camera Picta o Cámara de los esposos (1465-74), una estancia cuadrangular situada en el torreón nordeste del Palacio Ducal donde tenían lugar las audiencias. Aunque no hay una opinión unánime entre los historiadores, parece ser que el tema decorativo de esta sala representa la elección de Francesco Gonzaga, hijo de Ludovico, como cardenal en 1462. Las pinturas al fresco de Mantegna se extienden por los muros oeste, este y norte de esta habitación. La escena de La Corte (pared norte) muestra al marqués recibiendo la noticia del nombramiento de su hijo, El encuentro (oeste) recoge el momento en el que el padre y el hijo se reúnen.

Detalle de la Cámara de los esposos.

Detalle de El encuentro (pared oeste) de la Cámara de los esposos.

En definitiva, es un ciclo dedicado al enaltecimiento y la gloria de la familia Gonzaga. Tanto los lunetos como la cubierta están decorados con escenas mitológicas y retratos de emperadores romanos y rematado todo el conjunto en la cúspide por un óculo que a modo de trampantojo crea la ilusión de apertura al cielo.

Detalle de la Cámara de los esposos.

Detalle de la Cámara de los esposos: La corte de Mantua (pared norte), 1471-74, 805 × 807 cm, Palacio Ducal de Mantua. A la izquierda, Ludovico II Gonzaga, su esposa Barbara von Brandenburg y sus hermanos Ludovico Gonzaga, Paola y Rodolfo Gonzaga.

La mayor parte de su vida profesional estuvo dedicada al servicio de esta famila, trabajando en distintos encargos para los sucesores de Lodovico: Federico y Francesco II. El único periodo que abandonó Mantua fue de 1487-8 a 1490, cuando fue llamado por el papa Inocencio VIII para que pintase su capilla en el Belvedere del Vaticano, que fue completamene destruida en 1870.

El óculo de la Cámara de los esposos.

Techo (óculo) de la Cámara de los esposos, Palacio Ducal de Mantua.

Cuando regresa a Mantua en 1490, Francesco II Gonzaga le encarga el ciclo Los triunfos del César (Royal Collection, Hampton Court, Herefordshire), compuesto por nueve grandes lienzos que evocan el esplendor de la antigua Roma y que en cierta manera recuerda a los relieves históricos de la Antigüedad. Isabella d’Este, esposa de Francesco y una de las mujeres más cultas de su tiempo, le pide que decore su Studiolo, para el que Mantegna pinta El parnaso y El triunfo de la Virtud o Palas expulsando a los vicios (1496-1502, las dos en el Museo del Louvre).

Retrato de Carlo de Médicis, 1466, 40,5 × 29,5 cm, Florencia, Galería de los Uffizi.

Retrato de Carlo de Médicis, 1466, óleo sobre madera, 40,5 × 29,5 cm, Florencia, Galería de los Uffizi.

En la última parte de su vida sus obras religiosas se vuelven más sobrias, intimistas, troca las referencias arquitectónicas de las composiciones por fondos neutros, excepto en algunos casos, como la Madonna de los Caballeros (1496, Museo del Louvre) o la Virgen Trivulzio (1497, Castillo Sforzesco), pero mantiene sus figuras escultóricas y se interesa por la perspectiva y los escorzos, como en Lamentación sobre Cristo muerto (h. 1480-90, Pinacoteca Brera).

Esta obra es de una belleza sublime y uno de los escorzos más espectaculares de la historia de la pintura. Cristo muerto yace sobre una losa de mármol de forma casi perpendicular al espectador, y debido al contraste de luces y sombras esta escena transmite una profunda desolación a quien la contempla. Aunque este tema fue muy común en el Renacimiento, nunca hasta es momento se había mostrado tan crudamente y de forma tan trágica el “carácter definitivo de la muerte”.

Lamento de Cristo muerto.

Lamentación de Cristo muerto, h. 1480-90, 68 x 81 cm, témpera sobre tela, Pinacoteca de Brera.

Además de pintor, Mantegna fue arquitecto, diseñó su propia residencia en Mantua, donde incorporó un innovador patio circular (1476-1494), escultor, diseñador y grabador.

El triunfo de César.

Portadores de jarrones, toro sacrificial y trompeteros, del ciclo Los triunfos de César, 1490, Royal Collection, Hampton Court, Herefordshire

Falleció en 1506 en Mantua cuanto contaba setenta y cinco años pobre y olvidado. Por eso, Lamentación sobre Cristo muerto, que seguramente Mantegna realizó para su propia capilla funeraria, tuvo que ser vendido por sus hijos para saldar las deudas del pintor. Y es que su tiempo había pasado y en los últimos años apenas había tenido encargos, su manera de pintar había “pasado de moda”, el gusto había cambiado.

El Parnaso.

El Parnaso, 1496-1502, óleo sobre tabla, 160 x 192 cm, París, Museo del Louvre.

Pero Andrea Mantegna hizo aportaciones fundamentales a la pintura del Quattrocento al dotar de una gran monumentalidad escultórica a las figuras de sus cuadros. Sus dibujos y grabados inspiraron a los que vinieron después, los artistas del Cinquecento.

Crucifixión, de la predela del retablo de San Zenón, París, Museo del Louvre.

Crucifixión, panel central de la predela del retablo de San Zenón (Verona), París, Museo del Louvre.

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