Juan Ugalde: representación disparatada de las contradicciones de nuestro tiempo

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El Museo Universidad de Navarra acoge hasta el 1 de abril Obras públicas, una serie de collages que el artista ha realizado a partir de fotografías de la colección de esta institución de Charles Clifford, Jean Laurent, José Martínez Sánchez o Auguste Muriel que muestran la modernización de España durante el siglo XIX

La serie Obras públicas de Juan Ugalde toma como punto de partida una serie de piezas de la colección del Museo Universidad de Navarra: fotografías de obra civil realizadas en el siglo XIX, que documentan la modernización de España en ese período (construcción de carreteras, faros, puentes, acueductos y reformas urbanas). Muchas de estas imágenes tuvieron su origen en encargos institucionales a fotógrafos como Charles Clifford, Jean Laurent, José Martínez Sánchez o Auguste Muriel, que muestran en sus imágenes la transición de un país rural a uno industrializado, con paisajes llenos de carreteras, postes de telégrafo y vías de tren.

Todas las obras pertenecen a la serie Obras públicas de Juan Ugalde, Museo Universidad de Navarra.

Juan Ugalde (Bilbao, 1958) aunque es pintor lleva desde hace mucho tiempo trabajando también con la fotografía, una disciplina que utiliza frecuentemente para sus collages en los que combina el lienzo con postales y fotografías compradas en mercadillos o realizados por él con el fin de generar unas composiciones muy sugerentes y de una gran carga simbólica.

La serie que ha realizado para el Museo Universidad de Navarra forma parte de Tender puentes, un proyecto curatorial de esta institución a cargo de Javier Ortiz Echagüe que arrancó en 2002 en el que se invita a artistas contemporáneos a entablar un diálogo con los fondos fotográficos de su propia colección. En este caso, el artista ha utilizado una serie de fotografías del siglo XIX porque además de tener continuidad con su línea de trabajo afirma que “son unas obras que me encajan perfectamente, es lo que siempre he estado haciendo, sacando fotografías de barriadas, como un documentalista. Pero las obras que he empleado para este proyecto fueron realizadas por profesionales a partir de 1800”.

El propósito de Ugalde es generar “un lenguaje comprensible”, y la fotografía es el medio del que se sirve para conectar con la realidad de un modo claro y directo. Las fotografías del siglo XIX de las que parte Ugalde fueron realizadas con el procedimiento del colodión húmedo, que exige superar toda una serie de dificultades técnicas, por eso responden a unos encuadres y a una puesta en escena muy estudiados.

Cuando se plantea el proyecto de los álbumes de Obras públicas que se realizarán para la Exposición Universal de París de 1867 (de los que proceden bastantes de las imágenes que usa Ugalde), el objetivo es que los visitantes “se formen una idea exacta del estado del progreso y adelanto en que España se encuentra en cuestión de tanta trascendencia para su porvenir y que tanto ha de influir en su riqueza y prosperidad”.

En el caso de Obras públicas, Ugalde comienza con las fotografías históricas, que manipula digitalmente, imprime y vuelve a fotografiar con cámara analógica, para generar una nueva impresión que contiene todos los defectos azarosos propios del medio, que a su vez vuelve a digitalizar, a manipular y a imprimir. Y así, la impresión final que se colocará sobre el lienzo no es solo una “ampliación” en gran formato, sino una imagen intervenida con diversos medios, que constituirá la base de la obra final. El resultado es un conjunto de 27 cuadros de medio y gran formato, que tiene en común la base de las fotografías históricas, que están trabajadas y pintadas hasta generar un “montaje” final en el que se entremezclan diversos medios y lenguajes. Un conjunto de operaciones que someten a la fotografía a una alteración radical, que añaden otros significados e iluminan algunos aspectos que quedaban ocultos en la imagen original.

Lo primero que puede llamar la atención del espectador al enfrentarse a las obras de Ugalde es su disposición en la sala, no situadas en las paredes, sino montadas sobre unas estructuras de madera distribuidas a lo largo de todo el espacio. El aspecto tosco e inacabado de estos caballetes, junto a sacos de arena y otros elementos del mundo de la construcción, evocan el mismo ambiente representado en los cuadros: una obra donde todo está a medio hacer, y por donde hay que circular en zigzag para evitar obstáculos. En las paredes aparecen impresos, con distintas tipografías y colores, una serie de extractos de Así se fundó Carnaby Street, el primer poemario de Leopoldo María Panero.

Las imágenes manipuladas digitalmente se imprimen y se montan sobre el lienzo, sobre el que Ugalde pinta. Por último, en algunas obras, Ugalde añade fotografías o imágenes de su propio archivo o de internet, pegadas en forma de collage. Estas nuevas figuran contrastan con el cúmulo de figuras anteriores, puesto que son de distintos materiales y casi siempre de distintas escalas. Se genera así una yuxtaposición de medios y elementos que se afectan y modifican entre sí, aunque no se lleguen a integrar totalmente.

“A mí lo que me interesa –dice Ugalde– es el ser humano en toda su dimensión, ver cómo actúa, qué hace”. El modo de conseguir esto no es acudir a las fotografías antiguas como un historiador, Ugalde se enfrenta a ellas desde una perspectiva contemporánea, o deliberadamente anacrónica: no habla de las obras públicas del siglo XIX por sí mismas, sino por lo que implican para sus autores y para quienes hemos venido después de ellos.

Y anacrónica es, también, la mezcla de imágenes que se contraponen en cada obra. En uno de los cuadros hay unos coches de carreras de comienzos del siglo XX; en otro, un pequeño grupo de helicópteros sobrevuela la construcción de un viaducto, que debajo tiene una autopista con un enorme atasco de coches. La imagen, así, documenta una construcción concreta del siglo XIX, pero anuncia también lo que está por venir. Lo mismo ocurre en la fotografía de El Escorial, a la que Juan Ugalde ha añadido todo un parque eólico, además de algunas sombrillas para resguardarse del sol. Otras veces, son imágenes de ciencia ficción, pequeños marcianos de cómic.

La palabra que Juan Ugalde emplea con más frecuencia a la hora de referirse a su serie de Obras públicas es “disparate” que Ugalde describe así: “El disparate generado por el progreso, o, si se prefiere, por el desarrollo del ser humano en el último siglo y medio (…). En mi intervención he tratado de mezclar a través de la pintura (y sus distintos recursos), los elementos de partida que me daban las fotos con formas y elementos actuales o futuros: coches, helicópteros, máquinas, chimeneas o construcciones. Generando, por otro lado, un tipo de realidad entre unos tiempos y otros en el que los personajes de las fotos originales aparecen de pronto posando en un nuevo espacio disparatado y como a punto de explosionar”.

Extracto de la hoja de sala de la exposición Obras Públicas, de Juan Ugalde en el Museo Universidad de Navarra.

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