Ernesto Valcárcel y sus decisivos años setenta

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La galería Artizar de Santa Cruz de Tenerife acoge hasta el 12 de mayo Ab initio, una muestra que gira en torno a los contundentes pasos en la radical transformación y experimentación con volúmenes y relieves en los lienzos de este creador que destaca por una obra excesiva y provocadora. Esta exposición da inicio a una serie de revisiones en torno a figuras de gran trascendencia dentro de la historia de este espacio expositivo

En octubre de 1973 se inauguraba en la Sala Conca de La Laguna, Materia, rito y alquimia de Ernesto Valcárcel Manescau (Santa Cruz de Tenerife, 1951), una muestra que fue todo un hito en el panorama plástico del archipiélago y que condesaba los resultados de la transformación operada en la obra de Valcárcel en un año escaso de radical experimentación con volúmenes y relieves en los lienzos, y con los materiales que incorpora a su trabajo: telas cosidas, colas o asfalto, y la animaban las consecuencias de sus reflexiones sobre la obra de arte y el acto expositivo como parte indisoluble de ella.

Esta simbiosis de obra y actitud convirtió Materia, rito y alquimia en una suerte de manifiesto estético, un posicionamiento no pasivo sino beligerante ante el hecho artístico al postular en su texto introductorio  “la exposición-acontecimiento, que atraerá a un público desconcertado, a veces escandalizado, pero que inevitablemente participa ya con su desconcierto, con su indignación o con su burla”. La exposición estaba integrada por obras de tela encolada y alquitranada con las que el artista se proponía “crear un espectáculo definido por la presencia fuerte de objetos que, amontonados sin orden, llenen y ocupen totalmente un espacio transitable.”

Sobre estas líneas, Materia, rito y alquimia, 1972, guache y cera sobre papel, 69 x 51 cm. Arriba, montaje de Ab initio en la galería Artizar de Santa Cruz de Tenerife, abril de 2018. Todas las obras de Ernesto Valcárcel.

La voluntad instalativa que desde sus inicios ha animado el trabajo de Ernesto Valcárcel se va a materializar en una obra excesiva y provocadora: cuelga de las paredes lienzos embarnecidos hasta requintar, con tensas adiposidades, vísceras o texturas, y los rodea de “objetos” que parecían desgajados de los cuadros, vertidos en la exterioridad a la que estos aspiraban (secreciones escultóricas que figuran entre las más enigmáticas de la escultura contemporánea en las Islas), objetos con los que invade el “espacio transitable” creando un ámbito de resonancias orgánicas, un envolvente seno que acogía y hasta cierto punto “digería” al espectador. Las manchas y su repentina corporeidad relacionan en esta primera fase de la obra tridimensional el magisterio latente de las de Pedro González y Manolo Millares, fallecido hacía un año y de quien Valcárcel recoge el testigo del uso y manufactura de las telas cosidas y pintadas para crear volúmenes y tensiones en sus lienzos.

Con Materia, rito y alquimia, de la que ahora se expone la pieza de mayor formato y tal vez el único de los objetos escultóricos que se conserva, junto a cuatro de los guaches exhibidos entonces, se abre el ciclo fundacional de la obra de Ernesto Valcárcel. Esta secuencia de su trabajo a la que ahora se homenajea y revisita en la exposición Ab initio, tiene su desarrollo y evolución durante la década de los años setenta del pasado siglo y aparece jalonada por otras dos muestras igualmente relevantes: Los espacios inaccesibles (1974, Sala Conca II, Las Palmas de Gran Canaria) y Secuencias de un ámbito onírico (1978, Galería Balos, Las Palmas de Gran Canaria y Sala Conca, La Laguna). A través de ellas, Valcárcel irá desplegando los rasgos que harán cautivadoras sus indagaciones plásticas durante las décadas siguientes hasta la actualidad, cuando su fascinante experiencia alcanza el medio siglo y acumula una obra imprescindible y única que enriquece, como en verdad muy pocas lo hacen, la historia del arte contemporáneo en Canarias.

Los espacios inaccesibles, 1974, técnica mixta sobre muselina y arpillera, 124 x 102 x 22 cm.

De Los espacios inaccesible se muestran en Ab initio dos obras muy representativas de estos cambios. Una, monocroma, de tonalidades ambarinas, es una composición aparentemente abstracta de volúmenes empaquetados y tensiones lineales pero alentada por un impulso arcaico, un friso fragmentado donde los informes-despojos del resto arqueológico aún dejan entrever partes interpretables, la contorsión de un torso o un miembro emasculado; la otra, bruna y carnal, desde la diferencia de un lenguaje propio transmite el dramatismo de las arpilleras, aunque en ella las formas homunculares han sustituido lo sociológico y antropológico por lo hermético y lo alquímico.

En definitiva, Ab initio ofrece una ocasión privilegiada para descubrir los rasgos y la naturaleza de este ser fabuloso, aparte de encararnos con un cuadro que, como La pesadilla de Füssli, podría llegar a producir espanto. Parto de una mapunda hipotrópica voraz, uno de los últimos cuadros tridimensionales de Valcárcel que ahora se exhibe por primera vez, representa el momento íntimo y terrible en el que esta entidad mítica alumbra a su homúnculo.

Los espacios inaccesibles, 1974, técnica mixta sobre muselina y arpillera, 124 x 147 x 43 cm.

Ernesto Valcárcel también presentará obras similares a dameros y puzles en la última exposición del ciclo, lo que nos avisa de su estirpe duchampiana. Ambos son juegos que permiten el movimiento de sus piezas, por intuición estética los primeros y lógica constructiva los segundos. Los dos dameros que se exhiben en Ab initio quizá representen las soluciones extremas entre las que se movía la serie, pues sorprende el ímpetu barroco que le lleva a fabricar las fichas del primero con bracitos de muñecas cuyas manos sostienen diferentes motivos simbólicos e inscripciones reveladoras, frente al vacío más oriental y sensitivo del otro al que sólo ordenan tenues valores cromáticos.

Los puzles, en cambio, son dibujos recortados  y rearmables, de colores y trazos vibrantes próximos al cómic, con elementos de collage y textos integrados en ellos. Son trabajos en la órbita del pop art más expresionista, de un Robert Rauschenberg cuya obra junto a la de muchos otros pudo conocer en 1969 en una exposición sobre este movimiento que tuvo la oportunidad de visitar durante su estancia de algunos meses en Londres.

Extracto del artículo de Carlos E. PINTO TRUJILLO, publicado en el catálogo de la exposición AB INITIO.

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