Distintas miradas sobre lo femenino en el arte de vanguardia

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El Museo Carmen Thyssen Málaga ofrece un recorrido por el reflejo artístico del cambio de paradigma de las mujeres desde 1880 a 1950. Una exposición en la que el punto de vista masculino y misógino se enfrenta a la mirada femenina sobre su propia identidad a través de las obras de Picasso, Suzanne Valadon, Grosz, Zuloaga, Gargallo, Maruja Mallo, Modigliani, Man Ray o Dalí. Hasta el 8 de septiembre

“La mujer no nace, se hace”, escribió Simone de Beauvoir en la estela de la filosofía existencialista de su compañero Jean-Paul Sartre dentro de una obra decisiva, El segundo sexo (1949). Si aceptamos esta tesis, que no niega una naturaleza humana, sino que más bien reivindica la capacidad de reinventarnos más allá de ella, ¿hasta qué punto las imágenes de las mujeres, como cualquier otro fenómeno de la realidad, son construcciones sociales y, en especial, artísticas?

Sobre estas líneas, Mujer con medias blancas, por Suzanne Valadon, 1924, óleo sobre lienzo, 73 x 60 cm, Nancy, Museo de Bellas Artes. Arriba, Sarah Bernhardt, por Georges Clairin, 1871, óleo sobre lienzo, 82 x 127 cm, Tourcoing (Francia), MUba Eugène Leroy.

La exposición Perversidad. Mujeres fatales en el arte moderno (1880-1950), realizada por el Museo Carmen Thyssen y comisariada por Lourdes Moreno (directora artística de la pinacoteca), con el patrocinio de la Fundación Unicaja, nos propone un recorrido por 71 obras, la mayoría de ellas pinturas, pero también dibujos y acuarelas, tres maravillosas esculturas y otras tres no menos memorables fotografías, acerca de cómo se ha ido configurando la imagen de la mujer occidental en estos setenta años de historia entre el siglo XIX y XX. Por un lado, como objetivaciones artísticas, fruto de las visiones sociales de individuos. Por otro lado, estas y otras muchas obras han contribuido a difundir una imagen en parte real y en parte soñada de las mujeres.

Entre los autores de los que se compone esta selección cabe resaltar por el número de piezas y el valor de las mismas a Picasso, Franz Von Stuck, Kees Van Dongen, Suzanne Valadon, Georges Grosz, Ignacio Zuloaga, Julio Romero de Torres, Francesc Masriera, Pablo Gargallo, Maruja Mallo, Modigliani, Man Ray o Dalí… Ciertamente, echo de menos mayor presencia de mujeres en algo tan fundamental como la construcción de las imágenes de sí. No obstante, a lo largo de la exposición se aprecia cómo paulatinamente van conquistando espacios de poder, tomando las riendas de su vida y llegando a ser las artífices de sí mismas, como observamos al final con Maruja Mallo y Delhy Tejero, por ejemplo.

Dos mujeres sentadas / Mariposas de alas quemadaa, por Pablo Picasso, 1900-1901, dibujo a lápiz de colores sobre papel, Museu del Cau Ferrat (Museus de Sitges).

El título de la muestra, Perversidad, debe ser entendido en el doble sentido del término: por una parte se apunta al significado más inmediato, las acciones cuyas intenciones causan daño, son malvadas y gozan con el padecimiento de los otros, significado que podemos asociar a ese clásico del cine, Perversidad (1945), de Fritz Lang (que, por cierto, se inspiró en la estética de Grosz, Dix y otros expresionistas para algunas de sus películas). Pero, por otra parte, alude a un sentido más profundo, vinculado con la ruptura del orden establecido, con la transgresión y la consiguiente emancipación femenina. Paradójicamente, ¿no han sido las llamadas femme fatale una de las fuentes de procedencia de la progresiva independencia de las mujeres?

Con esta ambivalencia no exenta de ambigüedad se abre la exposición con un fondo de color rojo que evoca un ambiente burgués, pero al mismo tiempo un prostíbulo. Dividida en tres partes, la primera de ellas se titula “Belleza maldita”, y, como indica el subtítulo, es una “revisión moderna del mito de la femme fatale”. Se pone de manifiesto cómo el arquetipo de “la mujer fatal” “surge en la literatura y las artes a finales del siglo XIX como reacción misógina a la progresiva reivindicación de las mujeres de un cambio de su papel en la sociedad”.

El sombrero de tul, por Xavier Gosé, h. 1909, lápiz conté, carbón y guache sobre cartulina, 21 x 16 cm, Lleida, Museu d’Art Jaume Morera.

Aparecen en esta sección sensuales desnudos, como Ensueño, de Masriera, o Amazona, de Von Stuck; algunos con serpientes, el símbolo bíblico del mal, rodeando su cuerpo, como El pecado, del mismo autor alemán, o La noche de Eva, de Beltrán Masses, inspirado en Luisa Casati, otra mujer de vida novelesca. La figura de Salomé inspira varias imágenes. Al igual que la cultura hispana, como en El chal español, de Van Dogen, en el que sitúa el vello púbico de una mujer a la altura de la boca del espectador. O bien en imágenes que evocan el mito de Carmen, creada por Mérimée y popularizada por la ópera de Bizet.

“Reinas del abismo. Mujeres de la noche y de la vida moderna” es un paseo por “los distintos rostros de la prostitución”. No hay que olvidar que algunas obras maestras del arte moderno y de la vanguardia han sido iluminadas por estos ambientes oscuros y clandestinos, como la Olympia (1863) de Manet o Las señoritas de Avignon (1907) de Picasso. Destaca por su sentido del ritmo y por su simbolismo, Tango, de Van Dongen; por su carácter expresionista introspectivo, Gran desnudo con botines, de Chabaud, y Muchacha ante el espejo, de Rouault. Y por su crítica satírica y mordaz, cuatro acuarelas de Ecce Homo, de Grosz.

Mujer con pistola, por Julio Romero de Torres, 1925, óleo sobre lienzo, 52 x 34,5 cm, Madrid, Fundación MAXAM.

“Nuevas mujeres. Activas, creativas e independientes” es el título de la última sección. Inspirado en un concepto anglosajón de finales del siglo XIX, la “New Woman” es la que se opone al tradicional estereotipo de mujer concebida como “ángel del hogar”. Son las mujeres que ponen en tela de juicio el orden establecido por el patriarcado, contribuyendo a una progresiva emancipación. Sobresalen aquí Coco Channel, fotografiada bajo un elegante juego de blancos y negros por Man Ray, que suma a esta parte dos de las fotografías más icónicas del siglo, Negra y blanca y El violín de Ingres. Aquí contamos con varias piezas inspiradas por ella, como una Máscara creada por Pablo Gargallo. Al igual que Máscara de Greta Garbo con mechón, ambas son de una sorprendente audacia imaginativa y experimental.

Esperemos que en el presente y en el futuro que se avecina las mujeres, acompañadas por los hombres, sigan conquistando nuevos espacios, y se pinten a sí mismas, no conforme a los sueños de la sociedad, sino de ellas, liberadas de esos y otros corsés, forjando la igualdad que nos dignifica.

Sebastián GÁMEZ MILLÁN  

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