Pejac: arte entre rejas

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Bajo el título Mina de oro, el artista urbano ha llevado cabo un proyecto artístico en el penal de El Dueso (Santander), compuesto por tres intervenciones (una de ellas realizada en colaboración con los internos) que reflexionan sobre la esperanza como respuesta humana a las adversidades

Pejac (Santander, 1977) es uno de los representantes de arte urbano con mayor proyección internacional, cuya conceptual obra de tinte político y medioambiental se ha podido ver en las calles de ciudades como Hong Kong a Nueva York, pasando por Moscú, Londres o Estambul. Continuando en la determinación de trasladar su particular mirada y arte a lugares poco comunes y sorprendentes, esta vez, el artista ha realizado una serie de intervenciones (VÍDEO DE LA ACCIÓN) dentro de una de las prisiones más antiguas que existen en España, el Centro Penitenciario de El Dueso, a pocos kilómetros de Santander, ciudad natal del artista.

Sobre estas líneas y arriba, proceso de creación, junto a los internos, de la intervención La forma de los días, la encina ha sido realizada a partir de los dibujos o líneas de conteos que hacen los reclusos en sus celdas.

Asomado al mar Cantábrico y rodeado de una zona de marismas, el penal, construido a principios del siglo XX sobre los restos de un antiguo fuerte napoleónico, constituye otro desafío más para Pejac en el que llevar a cabo sus poéticas intervenciones. Durante diez días, los muros, patios y corredores del centro se han convertido en su lugar de trabajo, lugar donde hoy puede contemplarse el conjunto de piezas bautizado como Mina de oro.

Pejac durante su intervención en Muros huecos, un mural hiperrealista compuesto por dos ventanas y un pájaro saliendo de una de ellas.

Esta actividad forma parte del compromiso de Eva Ranea como directora general de Cultura del Gobierno de Cantabria de llevar a cabo una política cultural inclusiva y abierta que abarque a todos los sectores de la sociedad. A su vez, se integra en el conjunto de acciones e intervenciones desarrolladas en el propio centro penitenciario destinadas a la promoción y el crecimiento personal de la población reclusa. Por su parte, la gestora cultural María Avendaño se ha ocupado de la promoción y la coordinación del proyecto, además de la mediación entre ambas instituciones y el artista y su equipo.

El proyecto se compone de tres piezas que representan el valor de la condición humana, de su resistencia a la adversidad, de la necesidad de crear y de su deseo ante todo, de dejar una marca. “Una prisión en sí misma es un lugar envuelto en una dura realidad y, al mismo tiempo, siento que tiene una gran carga surrealista. Es como si solo tuvieras que rascar un poco sus paredes para descubrir la poesía escondida en el interior”, explica el propio artista sobre esta intervención.

Pejac trabajando en la cancha de baloncesto del penal en la obra Valor oculto, un trampantojo que simula una esquina después de ser arrancada del tablero, descubriendo un fondo realizado en pan de oro.

En oposición al hábitat natural en el que suele desarrollarse la práctica artística, Mina de oro está concebida como una obra que solo puede ser disfrutada por aquellos que, por derroteros de la vida, se encuentran cumpliendo condena en el centro penitenciario. Una dimensión que rompe con los códigos tradicionales del arte y que lleva la creación a un ámbito espacial alejado de su entorno habitual; el de las galerías, los museos y la práctica coleccionista.

Mina de oro está compuesta por tres piezas:

LA FORMA DE LOS DíAS. Este mural, realizado en colaboración con los internos, representa una encina, especie que abunda en los alrededores del centro, al otro lado de sus muros. La figura del árbol está realizada a partir de dibujos de marcas de conteo, una forma de numeración empleada por muchos presos como herramienta para contar el paso de los días. En palabras del artista, “este mural habla de la perseverancia como una de las virtudes más valiosas entre las paredes de El Dueso. Con la ayuda de los internos, pinté las icónicas rayas originalmente dibujadas en las paredes de las celdas para hacer un seguimiento de los días ‘adentro’. Pintamos miles de ellas, jugando con formas y superponiéndolos para crear volúmenes que finalmente representan la forma de un inmenso árbol que contiene el paso del tiempo y la esperanza. Cada día en el interior es un día que te acerca a la libertad y al bosque de encinas que rodea los muros de esta prisión”.

Sobre estas líneas y abajo La forma de los días.

VALOR OCULTO. Esta pieza objetual toma como punto de partida una canasta de baloncesto que ha sido intervenida por Pejac con un trampantojo que simula una esquina después de ser arrancada del tablero, descubriendo un fondo realizado en pan de oro. “Para esta pieza, utilicé hojas de auténtico oro de 22 quilates en el tablero de la cancha de baloncesto del patio de la prisión. El recurso pictórico del trampantojo hace el resto, como metáfora de que a veces también hay oro ahí donde no brilla. Me gustaba la idea de transformar un objeto cotidiano en un objeto de lujo para que los internos puedan usarlo y jugar con él a diario. Lujo, al fin y al cabo, al alcance de todos”, explica Peiac.

Sobre estas líneas y abajo Valor cculto.

MUROS HUECOS. Pieza de pintura mural hiperrealista compuesta por la figura de dos ventanas y un pájaro saliendo de una de ellas. Una vez más, el artista se decanta por la técnica del trampantojo, creando un poderoso juego visual. “’Cuando vi por primera vez este pasillo, donde únicamente hay cemento y concertinas, sentí que necesitaba un elemento poético que restara dureza y presión a los que pasan a diario entre estos dos muros. Imaginemos que en realidad están formados por puertas corredizas que podemos abrir como si fuera un inmenso armario empotrado. Imaginemos…”, comenta el artista.

Sobre estas líneas y abajo, Muros huecos.

Pejac: cuando el arte habla por sí solo

Aunque a Peiac se le ha situado en la órbita de otros creadores de arte urbano, en realidad está más cercano al arte de acción o de las primeras prácticas callejeras de los años setenta de pasado siglo que sus colegas. Para el artista cántabro lo más importante de sus intervenciones es la idea, el mensaje, más allá de cómo se materialice su obra.

Land Adrift, por Pejac. Cortesía del artista.

Desde dibujos de ventanas en miniatura, pasando por sorprendentes intervenciones específicas o diálogos entre su obra y el arte clásico, el cántabro lleva más de una década seduciendo a aficionados y coleccionistas con cada nueva pieza que crea alrededor del mundo. Obras de marcado tinte político con las que el artista no pretende adoctrinar, pero sí dar su propia visión de lo que le rodea. A través de agudos juegos visuales y de reinventar hábilmente el espacio público, el artista cántabro y residente en Barcelona aborda las temáticas sociales y medioambientales con inteligencia y un fuerte sentido poético. La fuerza de su obra reside en la combinación de su destreza pictórica, su vasto conocimiento del arte clásico y la cultura popular, así como la alta carga conceptual de su trabajo.

Heavy Sea, por Pejac. Cortesía del artista.

Ya sea dibujando un mapa del mundo que desagüa en una alcantarilla o pintando una escalofriante fotografía de un monje budista que se quema a sí mismo, su arte es provocativo, crítico y mordaz, capaz de detener al observador en su camino. Un efecto que hace también posible gracias al uso de diferentes lenguajes, técnicas y formatos (escultura, performance, pintura mural…), en una constante búsqueda de herramientas poco convencionales destinadas a dar forma a cada uno de sus proyectos.

Migration, intervención en el campo de refugiados palestinos Al-Hussein de Jordania. Cortesía del atista.

Entre sus obras más emblemáticas encontramos Land Adrift, una acción que llevó al artista a colocar un poco de agua dulce en pleno mar abierto al norte de España, que funciona como símbolo del desequilibrio en la naturaleza provocado por la actividad humana. Otro ejemplo de su trabajo es la escalofriante instalación Heavy Sea, un paisaje con una ubicación secreta compuesto de neumáticos abandonados con el que el artista aludía de forma explícita al programa medioambiental. Así como Migration, realizada en el campo de refugiados palestinos Al-Hussein de Jordania, donde Pejac convirtió con sus manos los deteriorados muros de las casas en evocadoras figuras y alentadoras escenas cotidianas, dando nuevo sentido a un contexto trágico y devastador.

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