Canova y Thorvaldsen, la belleza de un diálogo escultórico eterno

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Una exposición en Milán compara la trayectoria de dos creadores que se convirtieron en referentes del neoclasicismo al renovar el arte de la escultura. Además, Roma acoge otra muestra específica de Canova a dos años de que se celebre el bicentenario de su muerte

El pasado año comenzaron las celebraciones canovianas por los 200 años de la colocación de la primera piedra del Templo de Possagno. Unas celebraciones que concluirán el 13 de octubre de 2022, fecha en la que se cumplirá el bicentenario de la muerte del artista

El gran escultor neoclásico, llamado el nuevo Fidias, protagonizó dos importantes citas en 2019. Primero en Roma, con la exposición “Canova. Eterna belleza” en el Palacio Braschi, abierta hasta el 15 de marzo 2020. Esta muestra se centra en su entrañable relación con la Ciudad Eterna, que entre los siglos XVIII y XIX se convirtió en “su casa” y en “oficina” de su genio e inagotable fuente de inspiración. Con un impactante montaje, más de 170 obras del escultor veneciano y otros artistas coetáneos animan las salas del Museo de Roma, que dan cuenta del arte canoviano y del ambiente que el escultor encontró en la urbe a su llegada en 1779.

Amore e Psiche stanti, Antonio Canova, 1800 – 1803, mármol, 150 x 49,5 x 60 cm. San Pietroburgo Museo Statale Ermitage © The State Hermitage Museum, 2019.

Por otro lado, también se inauguró “Canova/Thorvaldsen. El nacimiento de la escultura moderna” en las Galerías de Italia en Milán (también hasta el 15 de marzo), donde se exhibe la producción más significativa de ambos creadores en una muestra comisariada por Stefano Grandesso y Fernando Mazzocca. Y como afirma éste último: “Es la primera vez que se confrontan dos escultores que renovaron el arte de la escultura: con sus creaciones, Canova da movimiento y se adueña del espacio mientras Thorvaldsen las aisla del espacio”. Por su parte, Grandesso subraya: “Vemos a los dos artistas comparados en los mismos temas lo que nos permite medir el extraordinario alcance de la finura de Canova y del más austero en Thorvaldsen”.

El diálogo entre ambos escultores, que ya fue afrontado por el gran estudioso danés Jorgen Birkedal Hartmann, ahora se renueva en esta comparación de excepcional belleza: Canova (1757-1822) se nos presenta  como el revolucionario, que logra asignar a la escultura un primado en las artes, justamente a través de la sugerencia y la superación de la antigüedad; el danés Thorvaldsen (1770-1844), estudiando la obra y las estrategias de Canova, se inspira en un ideal más estático y nostálgico del clasicismo.

Le Grazie con Cupido, Bertel Thorvaldsen, 1817 – 1819, mármol, 172,7 x 119,5 x 65,3 cm. Copenaghen, Thorvaldsens Museum.

Aunque Thorvaldsen no viajó nunca a Grecia, sus conocimientos se basaban en copias del helenismo tardío o romanas, alcanzó cierta familiaridad con la plasticidad griega gracias a la restauración de algunas esculturas que en 1816 transitaron por Roma. “El estilo de Thorvaldsen, comparado con el de Canova, resulta frío y calculado; sus esculturas están elaboradas con rigor, precisión y claridad, pero no tienen la delicadeza de las superficies canovianas”, declara Vittorio Sgarbi, presidente del Museo Gypsotheca Canova de Possagno (Treviso), ciudad natal de Canova.

La exposición milanesa narra la vida de ambos y recoge el legado que dejaron en la historia del arte a un número infinito de alumnos e imitadores. Los dos asumieron los más conocidos retos en idénticos temas regalando al arte algunas obras maestras: figuras de la mitología clásica, como Amor y Psiche, Venus , Paris, Hebe y las Gracias, figurando al imaginario colectivo la personificación de grandes temas universales de la vida, la juventud, la belleza, las alabanzas y las desilusiones de amor.

Ebe, Antonio Canova, 1800 – 1805, mármol y bronce dorado, 161 x 49 x 53,5. San Pietroburgo, Museo Statale Ermitage, Photograph © The State Hermitage Museum, 2019.

Los aplausos con los que ambos fueron acogidos en su época demuestra el gusto por una cultura que volvía la mirada a la antigüedad, aspirando al mismo tiempo a la modernidad. ¿Cuál era el aspecto que más los unía? Los dos supieron liberarse del vínculo que los clientes les imponían, dado el elevado coste del mármol y del bronce, abriendo grandes talleres con numerosos alumnos. Con las innovaciones técnicas introducidas por Canova y utilizadas por Thorvaldsen -valiéndose de un preliminar modelo de yeso-, el escultor adquiría la libertad de expresar a través de la estatua su propia poética.

Para ilustrar este extraordinario despliegue se han logrado reunir 160 obras destinadas a un coleccionismo de alto nivel y al interés suscitado por la escultura de Canova y Thorvaldsen, organizado todo en secciones como “La imagen del artista. Los autorretratos”, “Los talleres de Canova y Thorvaldsen en Roma”, “La gloria de Canova”, “Iconos populares. La imagen multiplicada de las obras maestras”, “La gloria de Thorvaldsen”, “Los grandes mecenas. Napoleón y Sommariva” o “La herencia romántica. El pastor errante”, entre otras. La muestra concluye con una espléndida serie de trece bajorrelieves de yeso de Canova, permanentemente expuestos en las Galerías de Italia, que inmortalizan las escenas míticas y representaciones de algunos preceptos de la filosofía socrática.

Influencia en España

¿Cuál fue el influjo de Canova y Thorvaldsen en los escultores neoclásicos españoles? “Cuando el visitante entra en la sala neoclásica del Prado se encuentra, de cualquier manera, sumergido en el ambiente de Roma: de hecho, la mayor parte de las piezas expuestas ha sido realizada en la Ciudad Eterna, y las esculturas -casi todas de mármol de Carrara- muestran en mayor o menor medida la influencia de Canova y Thorvaldsen”, explica Leticia Azcue Brea, Jefa de Conservación de Escultura y Artes Decorativas del Museo del Prado.

Amore e Psiche, Bertel Thorvaldsen, 1861, mármol, 135 x 66,6 x 42,7 cm. Copenaghen, Thorvaldsens Museum.

Al Prado, bautizado en 1838 como Real Museo de Pintura y Escultura, llegaron muchas obras enviadas por los autores españoles becarios en Roma. En el primer tercio del siglo XIX, muchos artistas españoles residieron en Roma, gracias a becas de estudio oficiales, a pesar de que no contaban entonces con una efectiva tutela. Frecuentaban la Academia del Nudo, entraron pronto en contacto con varios miembros de la Academia de San Luca y pudieron conocer a los dos grandes maestros del Neoclasicismo. Los más famosos escultores neoclásicos españoles fueron José Alvárez Cubero, Antonio Solá, Damián Campeny y Ramón Barba.

Con excepción de Campeny, todos ellos permanecieron en Roma muchos años, y demostraron en sus producciones la adhesión al dictamen neoclásico de Canova y Thorvaldsen que, sin lugar a dudas, marcó gran parte de su trayectoria. Los contactos entre Canova y los artistas españoles fueron intensos, y éstos además de admirarlo no olvidaron nunca la ayuda prestada en un momento crítico: en 1808, cuando estalló la Guerra de Independencia en España, los becarios de Roma fueron obligados a reconocer al soberano José I Bonaparte, pero se negaron, motivo por el cual perdieron la beca y acabaron encarcelados en el Castillo del Santo Ángel. Fue precisamente el escultor italiano el que intercedió para dejarles en libertad.

Joven con cisne, José Álvarez Cubero, 1808. Mármol de Carrara, 138 x 93 cm. Museo del Prado.

En la Ciudad Eterna, José Alvárez Cubero tuvo la oportunidad de conocer al maestro de Venecia, que lo acogió y protegió durante toda su carrera. Álvarez Cubero encontró en Canova, además de los modelos de la antigüedad, una fuente constante de inspiración temática, estética y técnica, hecho que explica porque en España llegaron a apodarlo “el Canova español”. Álvarez Cubero logró trabajar para los soberanos Carlos IV y María Luisa de Parma, exiliados en Roma, o para el coleccionista Carlos Miguel Fitz-James Stuart, XIV Duque de Alba.

El museo español ha prestado para las citas italianas las esculturas Amor y Psiche (1795-1800) del sueco Johan Tobias Sergel (Estocolmo 1740 – 1814), además de Cupido o Amor con todas sus atribuciones (1828) de José Álvarez y Bouquel (París 1805 – Burgos 1830), hijo del ya citado José Álvarez Cubero, el más famoso escultor neoclásico español. Estas exposiciones recuerdan la mejor sinfonía de belleza plástica, sinfonía que a partir de Canova se fue difundiendo por Europa.

Carmen del VANDO

Datos útiles

Canova/Thorvaldsen. El nacimiento de la escultura moderna en la Galería de Italia (Milán). Hasta el 15 de marzo de 2020

Canova. Eterna belleza en el Museo de Roma del Palacio Braschi. Hasta el 15 de marzo de 2020

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