A Cristóbal Toral, en su 80 cumpleaños

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En la larga trayectoria de este pintor hay una imagen recurrente: las maletas, símbolo del viaje, el regreso, las migraciones, nuestra condición de nómadas, la soledad, el abandono, la degradación y lo que queda después de todo, el olvido

Tengo para mí que hay al menos dos aspectos por los que se distinguen unos artistas de otros: sus fantasmas recurrentes, o sea, los temas por los que son interpelados, y, no menos relevante, cómo los tratan. Por lo que se refiere a lo primero, el caso de Cristóbal Toral (Antequera, 15 de abril de 1940) se caracteriza por elegir temas universales: el viaje, el regreso, las migraciones, nuestra ineludible condición de nómadas, la soledad constitutiva de la existencia, el abandono, la degradación y lo que queda después de todo, el olvido, así como testimonios de su/nuestro tiempo a la vez que críticas en cuanto a que representa alienaciones e instrumentalizaciones del ser humano.

Sobre estas líneas, D’après Las Meninas, 1974-75. Arriba, Cristóbal Toral en su estudio. Fotografía: Sergio Enríquez-Nístal.

Otro de sus temas es el espacio, que afecta de manera decisiva a las llamadas por Lessing, frente a las artes del tiempo (literatura y música), artes del espacio: arquitectura, escultura y pintura. Esta última, desde la invención de la perspectiva en el Renacimiento, ha simulado mediante la técnica una tercera dimensión, creando una profundidad imaginaria con la que el artista manifestaba su habilidad. Un ejemplo paradigmático de ello son Las meninas de Velázquez (1656), una de las pinturas más admiradas y universales de la historia de este arte. Y que ha inspirado, entre tantas piezas, D’après Las Meninas (1974-75), de Cristóbal Toral, donde recrea esa atmósfera real introduciendo de forma abrumadora su símbolo más perseverante, las maletas.  

Más allá de ello, Toral ha manifestado interés por el espacio en otros sentidos. Es una de las pocas personas que tuvo el privilegio de conocer y conversar con uno de los tres astronautas que llegó a la luna en 1969, Michael Collins. Inspirado por este acontecimiento Toral pintó en 1975 El paquete cósmico, adquirido recientemente por el Ayuntamiento de Antequera, y que puede contemplarse en el museo de esta ciudad.

El paquete cósmico, 1975.

Este interés por el espacio se extiende y aprecia hasta en sus obras más recientes, como Tríptico de manzanas en el espacio (2018), en la que rompiendo con la convención de los bodegones, donde se acostumbra a representar las manzanas, o lo que quiera que sea, en una mesa, aquí lo hace flotando en el espacio. Las asociaciones, desde Adán y Eva, pasando por Newton, son interminables. Me pregunto si ha habido algún pintor que haya representado más manzanas en sus telas que Toral. Ni siquiera Paul Cézanne. Y estoy casi seguro de que no ha existido tampoco ninguno que haya representado y usado tantas maletas en sus pinturas e instalaciones.   

Tríptico de manzanas en el espacio, 2018. Todas las obras: Cristóbal Toral

Puede que el tiempo –esa cárcel que progresivamente nos atormenta de modo cada vez más vertiginoso– sea una invención humana, pero el espacio es innegable: está ahí y en todas partes. Lo queramos o no, el espacio nos envuelve, define y constituye. Toral recuerda que a la pregunta a Collins de qué fue lo que más le emocionó del viaje a la luna, éste respondió que ver este satélite de cerca, pensar en recoger a sus compañeros y tener que llevarlos a la tierra, que desde esa perspectiva cósmica se percibe como una “bolita”. No debemos perder de vista que el arte, al igual que la filosofía y la ciencia, a través de su conocimiento, nos proporciona perspectivas adecuadas para asomarnos al mundo con inagotable asombro, misterio y belleza.

Sebastián Gamez Millán

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