La identidad de un matiz

portada.jpg

Paisajes intuitivos y esculturas de realidad íntima y social conforman el diálogo de Diego Benéitez y Marta Sánchez Luengo como arranque de temporada creativa en la madrileña galería Bat Alberto Cornejo. Hasta el 31 de octubre

Mezclar dos cosas distintas a veces, no resulta bien. Pero si se trata de buenos proyectos creativos, a modo de establecer un diálogo que fluya, la cosa cambia. Esto es lo que sucede con la reciente muestra, de pintura y escultura, de Diego Benéitez y Marta Sánchez Luengo, en Bat, galería Alberto Cornejo. La primera bajo estas extrañas circunstancia de vida que soportamos. Creando una atmósfera, segura, digna de sentir.

Sobre estas líneas, Dónde sin sueño te sueño, por Diego Benéitez, 2019, óleo sobre tabla, 120 x 120 cm. Arriba, de izquierda a derecha, De ayer hacia el mañana, por Diego Beneítez, 2020, óleo sobre lienzo, 195 x 195 cm, y Regreso a Kapoor, por Marta Sánchez Luengo, 2017, bronce, resina, material sintético y hierro, 54 x 54 x 90 cm.

El joven zamorano (1986), finalista del premio BMW de pintura, pilota su pincel desde el mundo del arte urbano, apasionado de la arquitectura, para hacer llegar al observador, a través de sus lienzos de gran formato, la persistencia de su memoria, El presente del pasado bautiza, de lo vivido, de sus recuerdos, a través de un paisaje nada común, que se abre a la interpretación ¿no es eso el arte? Como una desembocadura de realismo onírico, oxigenada en su paleta de color, con ausencia del verde vegetal.

Serenidad, armonía, sosiego, calma, delicadeza… Todo cabe y más en su intuitiva pintura, que habla de espacios de silencio y viento. De las ganas de vivir y el deseo de retener, no posesivo, a la persona amada en su entorno… Cada vez que te miro Reza uno de sus títulos, como una conversación antagónica, donde cielo y tierra o agua se unen en una misma dimensión ólea a base de capas superpuestas buscando un infinito que no llega, porque ése es el efecto, por una fina línea de horizonte oscuro, gris, negro que se mezcla con vivos rojos apasionados, tenues amarillos casi orientales, porque pueden ser de cualquier sitio, y un gusto especial por el azul, ascendente y descendente en su faceta cromática. Al fondo, pequeñas luces, simulan la ciudad, el puerto o lo que el admirador crea. La interpretación es libre y caprichosa. Y eso pretende desde su arranque, allá por el 2008, en el emblemático Palacio de la Alhóndiga de la capital castellano-leonesa.

La identidad de un matiz, por Diego Benéitez, 2020, óleo sobre lienzo, 195 x 195 cm.

Escenarios diáfanos donde poder descansar o convivir que ya han sido admirados en ferias y otras galerías no solo nacionales, que le han otorgado, a su corta edad, un prestigio clave a su maleta artística, con exposiciones individuales y colectivas como Art Karlsruhe (Alemania) Art Fair Paris o Lausanne Art Fair, sellando su identidad, abierta a matices, de pintura abstracta y melancólica.

Pero si algo caracteriza el desarrollo de esta notable galería y su trayectoria, antes ubicada en otro sitio, aparte de sus acertadas apuestas artísticas, es espacio para disfrutar. Que no se pierde ni la simpática perrita belga que también deambula y admira, con sus chispeantes ojos, las bronceadas esculturas de Marta Sánchez, no la cantante, no se confundan, Luengo.

El reloj de la suerte, por Marta Sánchez Luengo, 2018, bronce y hierro, 105 x 65 x 119 cm.

La escultural apuesta impoluta de esta madrileña (1972), licenciada en Bellas Artes por la Universidad Complutense, salpica, con su muestra Instantes acontecidos las paredes y amplia sala allá donde miren.

Dimensiones medianas y grandes performances donde el ser humano, en diferentes actitudes, muchas de ellas complejas, de la vida, se tornan simples, como la espera o la despedida en una estación de tren, colgada en la pared, y cobran una dimensión hasta ahora desconocida.

El banco que espera al tren II, por Marta Sánchez Luengo, 2017, bronce y hierro, 45 x 200 x 30 cm.

Estructuras circulares, como una espiral sobre finos pedestales tubulares, opacos o a modo de vaporosos filamentos de medusa. Donde el estudio de la figura, y su entorno, son una parte esencial en su desarrollo creativo, en busca de una simbiosis de la esfera social e íntima del ser humano.

Pero aún veo, por Marta Sánchez Luengo, 2008, resina epoxi policromada/metacrilato/hierro, 134 x 180 x 120 cm.

Al igual que Diego, Marta cuenta en su mochila con una reconocida trayectoria, desde 1997, con varias menciones de honor y premios en diversos certámenes, por toda la geografía nacional, y colecciones no solo en primera persona, como en el Palacio de Ferrán Núñez, sede de la Fundación de los Ferrocarriles españoles o el Museo Tiflológico de la Once, donde no solo se puede ver, sino también sentir la obra con el tacto, del buen saber hacer de su mente a través de sus manos. Un cara a cara, un tándem casi perfecto, que no se solapa, sino que se complementa. Hablamos de un diálogo. Marta y Diego, Diego y Marta, combaten así esta guerra vital que nos ocupa, que ha contagiado todo, con sus mejores armas, una creatividad inagotable, escultura y pintura, del presente al pasado, para aliviar esta convulsa situación de ansía de arte. Que mejor rentré.

César SERNA

Diálogo X. Diego Benéitez, El presente del pasado pintura / Marta Sánchez Luengo, Instantes acontecidos, escultura. Hasta 31 de octubre. Galería Bat Alberto Cornejo: María de Guzmán, 61, Madrid

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

scroll to top