Reflexiones de un valle de sueños

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Federico Eguía propone al espectador, en Montsequi Galería de Arte (Madrid), un viaje itinerante por las formas y las estructuras plásticas a través de sus dibujos, pinturas y esculturas

Vivimos tiempos duros, convulsos, por eso, quizá, una buena manera de evadirse de esta inquietante situación es sumergirse en aquello que nos gusta, que amamos, que nos hace feliz, y bucear en ello. Y el arte puede ser un buen calmante. Ahondar en nuestras debilidades, como gustos, como vía de escape a la realidad que nos acecha, como la obra de Federico Eguía (Puebla de la Sierra, Madrid, 1953), un artista muy peculiar.

Un día, técnica mixta sobre lienzo, 116 x 89 cm. Arriba, Se puede hacer poesía, técnica mixta sobre lienzo, 100 x 200 cm, díptico. Todas las obras, por Federico Eguía.

Un  creativo de fondo, de amplia trayectoria no solo nacional, en Estados Unidos o Japón reverenciaron su obra, que nos invita a un viaje itinerante por las formas y las estructuras plásticas, que se cimenta en eso, en su bagaje, inquieto por el deseo incansable de aprender y, sus preferencias, como el dibujo, la escultura o su pintura, envuelta en un halo de nebulosa y verso por doquier, que ahora salpica, tímidamente de albura, las paredes de Montsequi Galería de Arte, desde su remoto valle de los sueños, su origen, remanso bucólico esculpido a base de reflexiones al aire puro en la sierra madrileña.

Espera, técnica mixta sobre lienzo, 24 x 35 cm.

Un pequeño oasis que el serrano artista posa en el asfalto de esta ahora cadente metrópoli que tenemos todos que sanar. El ideólogo de Puebla de la Sierra abandera esta inusual batalla interesado, más que nunca, por la cultura como eje social, columna vertebral para un desarrollo equilibrado. No en vano, es miembro de varias asociaciones culturales, donde explora y explota su universo interior.

Rendidamente, técnica mixta sobre lienzo, 38 x 46 cm.

De muchos formatos en técnica mixta sobre óleo. Para que luego no digan que no hay donde elegir. En su mayoría sobre un fondo claro, luminoso, donde sobresalen trazos y pinceladas de poesía, suya y de otros consagrados, como querer decir, como querer advertir… Que se dispersan junto a pequeñas notas de color, sutiles, pero visibles a simple vista, como un contrapunto de descanso en el viaje que supone la plenitud del lienzo, creando una especie de bocanada de aire fresco vivido, como un áurea etérea, que va… Que viene y, desaparece dejando hueco a la palabra escrita, lengua viva. A veces clásica, que recuerda a las míticas epístolas lacradas con cera carmesí. A veces, más moderna, más movida,  inquieta, obtusa, inclinada, como corriente surrealista que desea zafarse de corsé.  Y juega al despiste, quizá un guiño para el espectador, donde no se sabe bien qué disciplina artística predomina.  Solo él y su criterio. El origen de una armonía que supone contemplar la obra en cómputo.

Con un suspiro constante, técnica mixta sobre lienzo, 121 x 85 cm.

Una serie individual, también ha realizado numerosas exposiciones colectivas, que acompaña a las piezas de escultura, robustas, talladas y bruñidas en bronce viejo en diferentes tamaños para no desnudar la pintura y así arropar, conformar un todo. Un proceso cargado de belleza que lleva a preguntarse por los aspectos más básicos de la vida, no solo los terrenales.

Y es que no hay nada más satisfactorio como reflejar lo que a uno le gusta, le inquieta, con la generosidad de poder compartirlo. Algo que sin duda produce un efecto terapéutico, liberador. Aparquen por un instante la razón,  y dejen paso a su imaginación, que entre en juego, al contemplar su obra. Cultura segura. Tan necesaria como sanadora.

Federico Eguía, Montsequi Galería de Arte. C/ Alonso Cano, 42. Madrid. Visitas guiadas cita previa, hasta el 31 de octubre.

César SERNA

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