La aventura artística de Giambattista Tiépolo

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La Gallerie d’Italia de Milán conmemora el 250 aniversario de la muerte del maestro veneciano repasando su trayectoria a partir de más de medio centenar de obras que el artista realizó en Italia, Alemania y España. Hasta el 2 de mayo

La primera retrospectiva dedicada a Giambattista Tiepolo (Venecia, 1696 – Madrid, 1770) en la capital de Lombardía, comisariada por Fernando Mazzocca y Alessandro Morandotti, ha logrado reunir en la Gallerie d’Italia setenta obras del maestro veneciano y de importantes artistas contemporáneos suyos -entre los cuales están los vénetos Antonio Pellegrini, Giovanni Battista Piazzetta, Sebastiano Ricci y el lombardo Paolo Pagani– para repasar la aventura artística del artista veneciano, dando cuenta de sus encargos principales en las ciudades donde fue preferido: Venecia, Milán, Dresde y Madrid.

El intenso recorrido va añadiendo los éxitos internacionales de Tiépolo, a partir de su formación en su ciudad natal hasta su consagración en las grandes cortes europeas con obras maestras excepcionales, desde las juveniles mitologías de las Galerías de la Academia de Venecia, al Martirio de San Bartolomé, realizado en 1722 para la iglesia de San Stae de la ciudad lacustre -auténtico museo de la pintura veneciana de inicios del siglo XVIII-, que ladea el San Jacobo llevado al martirio de Piazzetta, para el mismo cliente.

El martirio de san Bartolomé, Tiépolo, 1722, San Stae (Venecia).

El artista, en ocho claves

Ocho secciones, con significativos títulos, se centran en las diversas etapas de su vida: «Las ciudades de Tiépolo: Venecia, Milán y Madrid» ofrece un resumen de los lugares en los que tuvo más éxito y una mirada general al Settecento; «Academias del desnudo en Venecia» cuyo centro de elaboración fue Venecia durante el siglo XVII, animado por la presencia de muchos artistas extranjeros, que se codeaban con el mismo Tiépolo; «Los exordios de Tiépolo» fija las miradas del joven Tiépolo a sus contemporáneos; «La primera afirmación en Venecia, Historia y Mitología en alas de la fantasía» recoge los principales elementos de los ciclos ejecutados para las familias Sandi y Zenobio, su trampolín para Europa.

«Venecia y Milán» sella esa relación especial de Tiépolo con Bellotto y precedentemente con Sebastiano Ricci; «Tiépolo en Milán, la afirmación internacional» documenta el modus operandi del artista destacado en el Palacio Clerici, casi un antecedente de lo que el pintor desarrollará más tarde en Wurzburgo y en Madrid; «Tiépolo y Alemania» enfoca a Giandomenico, ya compañero del padre, cuando inicia su estrecha colaboración; «Tiépolo y los hijos en España», una estancia marcada por la colaboración cada vez más estrecha con sus hijos, que lo acompañaron a Madrid, donde permanecieron tras la muerte de su padre. Un momento final particularmente interesante recordado con pocas obras, donde padre e hijo se miden en las Cabezas de carácter, tema muy apreciado a nivel internacional.   

El triunfo de las artes, Tiépolo, 1729-30, Museo Nacional de Arte Antiguo de Lisboa.

Giambattista Tiépolo dio sus primeros pasos en la Serenísima a partir de 1715, cuando su privilegiado ambiente histórico-político la aleja de las turbulencias europeas, fomentando al tiempo las artes y la literatura. Contemporáneo de Canaletto, Tiépolo se ganó el favor del clero y de la aristocracia venecianos embelleciendo iglesias y palacios con su pintura alegórica, mitológica y sagrada, empapada de teatralidad y magnificencia.

El banquete de Cleopatra, Tiépolo, siglo XVIII, National Gallery.

La grandeza de Tiépolo, que se convertirá en uno de los artistas más demandados de su época, en cierto modo anticipador del iluminismo, estaba en su capacidad de observación de la naturaleza, su principal musa inspiradora, así como su originalidad narrativa y a su maestría técnica en el uso de colores, luces y perspectiva. Los grandes ciclos de lienzos para los palacios venecianos mandados a decorar por las familias de reciente nobleza marcan los años de la primera madurez de Tiépolo, ya autor de composiciones de muchas figuras y de antiguos episodios con caprichosa libertad.

Su éxito lo llevó a Milán, bajo el dominio de los Habsburgo, donde reavivó el panorama artístico junto con Sebastiano Ricci. Allí, Tiépolo da rienda suelta a su autonomía expresiva y demuestra una gran capacidad de organizar composiciones grandilocuentes, animadas por centenares de figuras. A partir de ahí, será un artista muy requerido en todas las cortes de Europa.

Alegoría de la fortaleza y la sabiduría, Tiépolo, 1740-43, Museo Poldi Pezzoli (Milán).

Milán, en diferentes ocasiones (1730-1731, 1737 y 1740) se asevera como el primer escenario de su éxito internacional, según una serie de obras restauradas para la celebración, raramente expuestas al público, como los frescos de la basílica de San Ambrosio y el del Palacio Gallarati Scotti. Los dos primeros narran acontecimientos sagrados salpicados de los tonos épicos del gran “historiador”, mientras la alegoría luce una invención aérea con la que Tiépolo seguirá insistiendo con algunas variaciones.

Las intensas relaciones con Alemania, a partir de los años treinta, se establecieron sobre todo con la corte de Dresde, donde su amigo filósofo y literato, Francesco Algarotti, desempeñaba el cargo de consejero del príncipe, elector de Sajonia y rey de Polonia, Augusto III. Esta fortuna lo llevará a Wurzburgo donde decorará la residencia del príncipe obispo Carl Philipp von Freiffenclau. Además, los años de Alemania y España recuerdan la estrecha colaboración entre Tiépolo y sus hijos, especialmente con Giandomenico. Y precisamente, para evidenciar la herencia absorbida por éste, la exposición concluye de forma emblemática valiéndose de San Francisco de Asís recibe los estigmas de Giambattista, del Museo del Prado, confrontado con Abraham y los tres ángeles de  Giandomenico, de las Galerías de la Academia.

Estigmatización de san Francisco, Tiépolo, 1767-69, Museo del Prado.

En la corte de Carlos III

A partir de los años sesenta y hasta su muerte, de la que se celebra el 250 aniversario, se traslada a España, bajo el ala del rey Carlos III. En Madrid, decora los enormes espacios del Palacio Real (entre 1762-1766) y, seguidamente, permanecerá en la corte borbónica con el cargo de pintor de retablos. De este período cabe rememorar que, antes de emprender el gran cometido madrileño, le precedieron largas negociaciones entre el artista y el duque de Montealegre, el entonces embajador español en Venecia, y poco antes de su marcha, realizó el modelo para la Sala del Trono con la Gloria de España.

Detalle de La gloria de España, Tiépolo, 1762-66, Palacio Real de Madrid.

Finalmente, Giambattista Tiépolo salió para nuestro país el 31 de marzo de 1762, acompañado de los hijos Giandomenico y Lorenzo. Tras un extenuante viaje el 4 de junio llegaba a Madrid, tan cansado que tuvo que guardar cama por largo tiempo. Tras recuperarse, Tiépolo se puso manos a la obra en la decoración del techo, figurando la Gloria de España, la Abundancia y la Virtud con el Mérito, con la colaboración de sus hijos, ultimada en 1764. Forman parte de esta serie de frescos en la corte madrileña la «Salita» (con la Apoteosis de la monarquía española) y la «Sala de la guardia» (con la Apoteosis de Eneas). Cabe subrayar que las temáticas tiepolescas representadas en el Palacio Real de Madrid ejemplarizan casi una síntesis de su obra general al fresco.

Su destino póstumo vivió un lento ocaso hasta que fue revalorizado por Francesco Hayez, casi un siglo después. Se debe a éste el mérito del redescubrimiento de Tiépolo, poco antes de que el coleccionista Edward Cheney, que en los años cuarenta decimonónicos residió en Venecia, adquiriera un elevado número de bocetos al óleo y diversos libros de dibujos del artista véneto, recuperándole el justo mérito.

Carmen del Vando Blanco

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